Las desapariciones, en un relato fallido
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"Un mundo menos peor" (Argentina/2004). Dirección y guión: Alejandro Agresti. Con Mónica Galán, Julieta Cardinali, Carlos Roffé, Ulises Dumont, Mex Urtizberea, Lidia Catalano, Rodrigo Noya y otros. Fotografía: José Manuel Cajaraville. Música: Philippe Sarde. Presentada por Buena Vista International. Duración: 91 minutos. Calificación: apta para todo público.
La filmografía de Alejando Agresti, desde que realizó "El hombre que ganó la razón", su primer largometraje, en 1984, tiene tantos adeptos como adversarios. Varios de sus títulos, algunos muy valiosos, nunca hallaron cabida comercial en la Argentina y otros, como "Valentín" (2002), lograron el interés masivo de los espectadores. La temática de sus producciones combina estilos, acumula y superpone elementos narrativos y logra que sus historias produzcan en su trayectoria distintos tipos de matamorfosis. Dentro de este micromundo de personajes casi siempre se impone la figura del desaparecido, de ese ser humano que debía estar en algún lado, pero que cuesta hallarlo.
La primera impresión que se tiene frente a "Un mundo menos peor" es que el film no merece inscribirse dentro de lo más rescatable de la obra de Agresti. La trama se centra en Isabel, una mujer madura que, de pronto, descubre que su marido, desaparecido por razones políticas veinte años antes, es dueño de una panadería en un pueblo de la costa bonaerense. Ella, su hija adolescente y la pequeña hermanastra de ésta viajan hacia ese balneario para reencontrarse con el hombre al que Isabel creía perdido para siempre. Cholo, el solitario panadero, no recuerda -o intenta no recordar- a su mujer y a su hija. Su pequeño universo está en sus clientes, en la rueda de amigos del club que frecuenta, en la radio escuchada sin estridencias. Isabel, en tanto, procura que la memoria de su marido detenida en el tiempo vuelva a la realidad de hoy.
Con esta anécdota, a la que le sobran palabras y le falta emoción, Agresti vuelve a instalarse en ese segmento de los desaparecidos, juega con el pasado y se asienta en un grupo de personajes pueblerinos, algunos bastante estrambóticos, que rodean a ese misterio de Cholo y su memoria detenida en el tiempo. Entre la trama, que intenta aferrarse a la calidez -algo que nunca ocurre-, y el Agresti director parece haber un férreo cerco que impide que el film surja con intensidad y emoción. "Un mundo menos peor" parece haber sido filmada con apuro, sin ese estilo al que el realizador supo imprimirle a varias de sus anteriores películas. Si a ello se le suman una cámara cómplice de la monotonía del relato, personajes sin carnadura dramática -como el que compone Ulises Dumont, por ejemplo, que se acerca peligrosamente a la caricatura-, y las estáticas labores de Mónica Galán y de Carlos Roffé, poco es lo que se puede rescatar de este film. Y entre ese poco están los acertados trabajos de Max Urtizberea, Julieta Cardinali y del pequeño Rodrigo Noya, el niño de "Valentín", que aquí sobresale más por su simpatía que por el papel que le tocó en suerte.
La fotografía, que se detiene prolijamente en una escenografía otoñal de esa ciudad costera, y la música, plañidera, enmarcan este nuevo intento de Alejandro Agresti por radiografiar, ahora con evidentes fallas, el destino de los desaparecidos en una Argentina con mucho dramatismo en su pasado reciente.
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