Las dos caras de la guerra
El actor alemán Ulrich Matthes cuenta cómo pasó, en una semana, del Goebbels de "La caída" a un sacerdote víctima de los nazis en el nuevo film de Volker Schlöndorff, a punto de estrenarse
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"Me siento un privilegiado. Creo que son muy pocos los actores que han tenido, como yo, la posibilidad de interpretar a dos personajes tan contradictorios en tan poco tiempo", dice Ulrich Matthes, el actor que seguramente representa entre nosotros mejor que nadie el buen momento que atraviesa el cine alemán, precisamente gracias a los dos papeles por los que ganó reconocimiento, nominaciones a importantes premios y consideración internacional.
"¿Cómo están ustedes en la Argentina? Mejor que nosotros en el clima, me imagino, porque aquí ya está nevando", dice Matthes a LA NACION, al teléfono desde su hogar en Berlín, con una voz amable y cálida detrás de la cual cuesta imaginar el rostro anguloso y despiadado que el actor le puso a su interpretación de Joseph Goebbels en "La caída", el relato de los últimos días del Tercer Reich que, con más de 200.000 entradas vendidas, es el film europeo más visto en la Argentina en lo que va de 2005.
Casi en forma simultánea a ese papel, difícil de olvidar, Matthes demostró su versatilidad interpretativa al encarnar un papel diametralmente opuesto en las mismas circunstancias históricas: el del abad Henri Kremer, un sacerdote católico confinado en el campo de concentración de Dachau por oponerse a las leyes raciales impuestas por los nazis, cuya liberación momentánea se debe a que el régimen espera que logre persuadir al obispo de Luxemburgo para que apoye la ocupación alemana en ese país. Tiene nueve días para lograr ese cometido.
La historia del religioso, inspirada en el diario escrito por el sacerdote Jean Bernard durante su cautiverio en Dachau, es el eje de "El noveno día", cuyo estreno, anunciado para el próximo jueves -luego de haber participado de la competencia oficial del último Festival de Mar del Plata-, marca el comienzo de las actividades de la distribuidora 791 Cine.
Sólo transcurrió una semana, según relata Matthes, desde el final del rodaje de "La caída" y el comienzo de "El noveno día". Apenas siete días en los que pasó de encarnar a un jerarca nazi a vestirse en la piel de una víctima de ese régimen. "Leí e investigué mucho, como para estar bien preparado y afrontar una transición que resultó difícil, pero tenía que hacerlo si quería interpretar ambos papeles con responsabilidad", explica el actor.
Una luz en el infierno
Para preparar su personificación de Goebbels, según cuenta, leyó las 2500 páginas de los diarios personales escritos por aquél, además de estudiar varios registros de archivo que lo muestran en situaciones cotidianas, ajenas a su tarea pública. En el otro extremo, Matthes accedió a los testimonios de varios sobrevivientes de campos de concentración, con el propósito de sentirse más cerca de quienes sufrieron esa opresión.
"Sentía una gran responsabilidad frente a las víctimas y quise ser lo más honesto posible en mi interpretación, así que decidí perder el mayor peso posible, ocho kilos, para dar la impresión de lo vivido por alguien que pasó por ese infierno. Tenía que dar la impresión de estar enfermo y mostrar un aspecto muy poco saludable", subraya.
La iniciativa, según cuenta Matthes, fue resuelta de común acuerdo con el director de "El noveno día", Volker Schlöndorff, el mismo que se consagró internacionalmente con "El tambor", en 1979. "Es un director de muy pocas palabras -describe-, que sabe crear la mejor atmósfera para trabajar en el set con tranquilidad y mucha concentración. Es muy sensible al trabajo de los actores, nos ayuda mucho con su calma, y en mi caso lo único que me pidió fue que no me preocupara por actuar, que siguiera mis propios impulsos y reaccionara con naturalidad frente a todo lo que pasaba a mi personaje. Quería, simplemente, que fuera yo mismo."
Para Matthes, esa conducta del realizador no hizo más que aprovechar al máximo su potencial interpretativo, adquirido en largas temporadas junto a los más prestigiosos elencos teatrales de su país: "Yo no tengo un método de actuación, y en general estoy en contra de ese tipo de fórmulas, así como rechazo en general todas las ideologías. Sólo creo en el poder de la actuación, en construir un personaje paso a paso".
Para el actor, "La caída" y "El noveno día" son muestras paralelas de un renovado interés de la sociedad alemana por redescubrir un período oscuro de la historia reciente del país. "Para muchos era toda una novedad encontrarse con todos esos hechos y personajes. En el caso de «La caída», la atracción estaba puesta en observar a los nazis desde una perspectiva mucho más cercana a la habitual. Y además allí la crítica estuvo dividida, todo lo contrario a «El noveno día», que tuvo un apoyo unánime. Pero tal vez el hecho de que se hubiera estrenado casi inmediatamente después de la otra conspiró para que en mi país pasara algo más inadvertida. Muchos pensaron que dos películas ya eran demasiado".
Admirador confeso de Al Pacino y Edward Norton y candidato a mejor actor por "El noveno día" en la inminente entrega de los premios del cine europeo, Matthes admite que el cine alemán se encuentra hoy en una etapa de crecimiento, pero no sabe explicar las razones del fenómeno. "Lo único que sé es que hay muchos actores y directores nuevos y muy talentosos. Hay algo nuevo en Europa y es que el cine hoy se sostiene gracias a Francia, Gran Bretaña y Alemania. Antes esto no pasaba", afirma.
A la vez, se muestra todavía algo escéptico respecto de una posible carrera internacional. "No lo sé, veremos -concluye-. Hollywood no me entusiasma para nada; allí sólo hay lugar para los alemanes que interpreten a nazis diabólicos, estamos estereotipados. Y en cuanto al resto de Europa, tampoco estoy seguro... Aunque acabo de recibir una llamada del Royal Shakespeare Theatre de Londres, pero no me imagino todavía haciendo un Hamlet en inglés."
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