Las películas, un refugio ante la crisis mundial

En 2009 se vendieron 33 millones de entradas
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31 de diciembre de 2009  

La principal enseñanza que deja el año que termina es que el cine no sólo pudo resistir, sino que hasta se benefició de la crisis global: en casi todos los mercados, casi como un "refugio" ante los males de este mundo, la gente optó por ver películas.

Así, incluso Estados Unidos -el ojo de la tormenta- terminará 2009 con un 6 por ciento más de ingresos. En la Argentina, mientras tanto, los espectadores rondarán, al igual que en 2008, los 33 millones (una excelente cifra, si se tiene en cuenta la fuerte caída que se registró en el período de mayor convocatoria, como el de la vacaciones de invierno, a causa de la gripe A), y con un importante aumento en la facturación producto del incremento en el valor de las entradas y del furor de las salas digitales 3D, cuyas localidades tienen un costo mayor.

Precisamente, el boom del cine en 3D -coronado con el estreno de Avatar (ver aparte) en varios miles de salas dotadas con esa tecnología- fue lo más importante que la industria pudo generar como para combatir en parte el cada vez más expandido flagelo de la piratería, que prácticamente derrumbó el negocio del DVD y el Blu-ray.

Es cierto que la crisis financiera hizo muy difícil el acceso a los fondos para producir películas (Hollywood debió recurrir, por ejemplo, a capitales de la India), hizo quebrar a las principales distribuidoras de Japón y obligó al desmantelamiento o a una violenta reducción de varias mini majors norteamericanas (Miramax, New Line, Paramount Vantage, Warner Independent), pero el cine -al menos en su mayor parte- demostró que sigue gozando de buena salud.

Y esa buena salud se evidenció también en el terreno artístico, tanto en el circuito comercial como en el de los festivales y ciclos (con la vigencia del Bafici, el preocupante achicamiento de Mar del Plata y la diversidad de la Sala Lugones y del Malba). A los cines argentinos llegaron grandes autores norteamericanos (Quentin Tarantino, Clint Eastwood, James Gray) y europeos (Laurent Cantet, Arnaud Desplechin, Terence Davies, Manoel de Oliveira, Nuri Bilge Ceylan, Olivier Assayas, Otar Iosseliani y Pedro Almodóvar); notables exponentes del cine de terror (la sueca Criatura de la noche ), de ciencia ficción (la sudafricana Sector 9 ) y especialmente de animación ( Up, una aventura de altura , de Pete Docter; Coraline y la puerta secreta , de Henry Sellick, y Ponyo y el secreto de la sirenita , del maestro japonés Hayao Miyazaki). El cine independiente norteamericano nos regaló pequeñas gemas, como Adventureland, un verano memorable , de Greg Mottola; (500) días con ella , de Marc Webb, o Goodbye Solo, de Ramin Bahrani; mientras que el nuevo cine alemán estuvo presente con Entre nosotros , de Maren Ade, y el italiano, con la poderosa Gomorra , de Matteo Garrone.

No es poco, pero -claro- los cinéfilos esperamos todavía más para 2010, que ya está a la vuelta de la esquina.

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