Las traiciones de Goran Paskaljevic
Al serbio Goran Paskaljevic no le gustan las películas de guerra, a pesar del gran respeto que siente por "La gran ilusión", de Jean Renoir, y por "Nacido para matar", de Stanley Kubrick ("la más brillante de todos los tiempos" según él). Prefiere proponer historias que la evoquen, no películas bélicas. Es -dice- su modo de "hacer la guerra a la guerra", a la que define como "el eclipse total de la conciencia humana". Cuando en 1998 quiso hablar de esa tiniebla, imaginó "Como barril de pólvora", aquel febril registro de una noche en Belgrado, en la que a partir de un incidente de tránsito menor se generaba una trágica espiral de violencia con todos los desbordes surrealistas del espíritu balcánico. El realizador, egresado de la célebre Escuela de Praga junto a otros cineastas famosos como Emir Kusturica, quería dar testimonio del estado de ánimo que se vivía en esos últimos tiempos del régimen de Milosevic, poco antes del estallido de Kosovo. Su film lo hacía metafóricamente, con la descripción de aquella loca jornada en que los destinos de individuos diversos (cada uno, un barril de pólvora) se entrechocaban casi al azar. La explosión, claro, era inevitable. "Yo había percibido ese clima cada vez que participaba de manifestaciones opositoras y maliciaba una cercana explosión social. No sospeché que la película sería premonitoria de otra explosión mucho más dolorosa: la de las bombas."
En su país, le reprocharon ser excesivo y poco realista; también en Occidente hubo quienes se alarmaron por la desaforada violencia que contenía la película. Paskaljevic respondió a los cargos advirtiendo que en su film corre menos sangre que en muchas películas de amor hollywoodenses. En cuanto a la visión pesimista, su argumento es poco rebatible: "Si mis films son oscuros, es porque la realidad lo es. En mi tierra, no hay finales felices".
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Tampoco los hay en "Sueño de una noche de invierno", el film que de algún modo continúa "Como barril de pólvora" y que se verá en pocos días más, después de haber sido aplaudido en el Festival de Cine Independiente de 2005. Otra vez, Paskaljevic elige la vía metafórica. Se trata de una profunda reflexión sobre lo que ha quedado de la ex Yugoslavia al cabo de tanta contienda y tanta muerte, y quizá también de la necesidad de hacer las paces con el pasado en un medio en que subsisten los conflictos raciales y religiosos que desembocaron en la desintegración de la ex Yugoslavia. La anécdota es elocuente: un serbio (Lazar Ristovski, el mismo que en "Como barril de pólvora" se trenzaba en feroz pelea con un amigo mientras se confesaban mutuas traiciones entre puñetazo y puñetazo) vuelve a su casa después de diez años de prisión y la encuentra ocupada por refugiados bosnios: una mujer y su hija autista. Aunque lo intenta, no podrá abandonarlas en el inhóspito campo de refugiados al que las lleva, y una secreta corriente de ternura -la que puede establecerse entre seres solitarios- irá estableciéndose entre él y las dos mujeres. "Por la manera en que el film aborda las trágicas consecuencias de una guerra civil", el jurado de San Sebastián 2004 le otorgó su gran premio.
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Se dice que la principal diferencia que hay entre "Sueño de una noche de invierno" y su celebrado film anterior es que en éste los personajes ya no se rebelan contra nada; parecen haberse refugiado en el silencio. Paskaljevic recuerda que cuando regresó a Serbia tras la caída de Milosevic, se encontró con un mundo encerrado, desconectado del resto y pensó en hacer un film sobre ese estado de espíritu que metafóricamente denominó "autista", lo que engendró en él un genuino interés en averiguar en qué consiste verdaderamente el autismo. Recorrió entonces varios institutos, supo de las experiencias de psicólogos, docentes y familiares y conoció a Jovana, la chica de trece años que lo sorprendió con su alegría y su ternura y lo llevó a incorporarla al elenco, sin olvidar que una de las terapias utilizadas en el tratamiento del autismo es el teatro. Así, no sólo respondería a su voluntad de reproducir la realidad del modo más fiel posible, sino que contribuiría a cambiar el punto de vista de la gente respecto a los chicos considerados enfermos, no sólo los autistas, sino todos a los que, por estar fuera de la "normalidad" se prefiere ignorar o esconder. "El autismo no es una enfermedad sino un estado -ha dicho Paskaljevic-: creo que sólo la generación más joven logrará superarlo."
"El film -ha dicho también- terminó siendo más una historia íntima que una metáfora social." Pero lo cierto es que ésta pegó tan fuerte en el ánimo de sus compatriotas (sobre todo porque reconoce, por boca de su protagonista, los crímenes cometidos por los serbios) que, otra vez, volvieron a atacar al mensajero: lo trataron de traidor y le cuestionaron sus mensajes pesimistas.
El se ríe: "No hago films para enviar mensajes. Para los mensajes, uso el correo electrónico".


