Laura Antonelli: fin de la pesadilla
La Justicia deberá pagarle 108.000 euros por la causa que le costó la carrera
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ROMA (Corriere della Sera).- La Justicia la había apartado del mundo de encanto en el que vivía para confinarla en un anónimo departamento de dos ambientes en Ladispoli, cerca de esta capital. Allí, Laura Antonelli acaba de recibir de sus abogados Lorenzo Contrada y Dario Martella una noticia que no estaba en sus planes: la Corte de Apelaciones de Perusa, presidida por el juez Sergio Matteini Chiari, condenó al Estado italiano a pagar 108.000 euros a la actriz en concepto de resarcimiento por daños.
Así culmina un larguísimo proceso que se abrió por una causa relacionada con drogas que primero la condenó y luego la absolvió. Nueve años fue la duración de la sentencia, lejos de los tres que en su momento expresó como deseo la Unión Europea. Si se suman además las costas, los intereses y el valor de los peritajes realizados por el psiquiatra Francesco Bruno, el Ministerio de Justicia italiano deberá desembolsar casi 150.000 euros, algo que jamás había ocurrido hasta el momento .
Antonelli, una de las estrellas cinematográficas italianas más rutilantes en la década de 1970 gracias a películas que explotaron su atractivo como símbolo sexual, se mostró satisfecha por el fallo. "Todo este dinero me lo merecía", señaló la actriz que entró en los sueños de cada italiano desde su aparición en películas como "Malicia" y "Pecado venial".
Perseguida y acosada a lo largo de varios años por fotógrafos y cronistas indiscretos, quedó sola, olvidada y prisionera de la depresión después de haber sido arrestada el 27 de abril 1991 mientras servía 24 gramos de cocaína en una fuente de plata a sus invitados en la espléndida mansión de Cerveteri, propiedad que más tarde se vio obligada a vender a causa de las deudas acumuladas en su cuenta bancaria.
Ese día, los carabineros tocaron el timbre y ella les abrió. "Por favor, entren: hay una fiesta", dijo. Tres años, seis meses y 20 días condenada por un delito en primer grado. Luego resultó absuelta tras una apelación, debido a que la detención por consumo de droga no constituye delito, a menos que la acusación pueda demostrar que la droga estaba allí con fines comerciales para su venta.
"Ese mundo me arruinó"
Además de sentirse tranquila después de mucho tiempo, Antonelli no esconde su enojo. "En ese momento debía recibir ayuda y asistencia, pero en cambio todos me trataron como si fuese una criminal", dice, sobre la investigación que destruyó su carrera y le cambió la vida por completo.
Ahora, a la ex diva erótica de los italianos, que luego de sus primeras apariciones trabajó junto a directores tan destacados como Giuseppe Patroni Griffi ("Divina criatura") y Luchino Visconti ("El inocente"), le alcanzan los mil euros de pensión oficial mensuales para vivir, va a misa todos los días, lee la Biblia y ayuda a los pobres de su parroquia. "Parte del dinero que me corresponde lo voy a donar para obras de beneficencia y nadie va a volver a engañarme", dice refiriéndose casi con seguridad a otra desventura, ocurrida en este caso en 2002. Ese año, el 14 de febrero, en Ladispoli, fueron arrestados la médica Marilena Mosciarello y el sacerdote congoleño Mandio Akuma, acusados de haber engañado a la actriz: con el argumento de que se ocuparían de remediar el precario estado en el que se encontraba lograron que ella les entregara 10.000 euros. Dos años antes, cuando fue convocada para el rodaje de "Malicia 2000", se había sometido a una serie de tratamientos estéticos que terminaron desfigurándole el rostro y arruinaron definitivamente su carrera artística. Desde entonces, a sus crónicos problemas con las drogas se sumaron el sobrepeso y la deformación facial. Quienes la vieron desde entonces no podían reconocerla.
A la vez, durante el juicio, el psiquiatra Bruno demostró que los delirios de la actriz ("Está el diablo. Sáquenlo de aquí; lo veo en las paredes y también veo manchas de sangre", solía repetir) estaban estrechamente ligadas con el terror que tenía a terminar en una cárcel.
Hoy, Antonelli bajó de peso y jura a quien quiera escucharla que se encuentra mucho mejor, pese a que todavía necesita de ayuda psicológica. De hecho, cuando los abogados decidieron apelar a la Cámara de Casación la primera condena (que era sólo de 10.000 euros), Antonelli avaló el recurso sin tomar conciencia de todo lo que pasaba. Y jamás quiso participar de audiencia alguna, ni en Roma ni en Perusa. Se sentía demasiado frágil para enfrentar a la Justicia. Hoy no hace más que admitir que cometió una equivocación: "La verdad es que no nací para el cine. Ese mundo me arruinó".
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