Llegó el volumen dos de "Kill Bill"

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29 de abril de 2004  

"Kill Bill: La venganza - Vol. 2" ("Kill Bill Vol. 2", Estados Unidos/2004). Guión y dirección: Quentin Tarantino. Con Uma Thurman, David Carradine, Michael Madsen, Daryl Hannah, Gordon Liu, Michael Parks y Samuel L. Jackson. Fotografía: Robert Richardson. Música: The RZA y Robert Rodriguez. Edición: Sally Menke. Diseño de producción: David Wasco y Cao Jui Ping. Producción de Miramax y A Band Apart presentada por Buena Vista International. Duración: 137 minutos. Para mayores de 16 años.

Nuestra opinión: muy buena

Bastante más dialogada (claro que con la elegancia y el humor irónico de la escritura tarantinesca) y menos espectacular y vertiginosa que la primera parte (que, además, tenía el adicional de la sorpresa), este volumen dos de "Kill Bill" encuentra, a manera de compensación, la satisfacción que en el espectador provoca encontrarse con el esperado desenlace y que -como ocurrió también en otro caso reciente como el de "El señor de los anillos: el retorno del rey"- resulta convincente incluso hasta en su exquisita secuencia de créditos finales.

Esta segunda entrega continúa y completa la obra original (no es recomendable ir al cine sin haber visto la primera parte) para transformarse -en conjunto- en una épica sobre la venganza de una gran heroína de más de cuatro horas de duración, un banquete para los seguidores de ese cinéfilo iconoclasta que es Tarantino, de ese reciclador de géneros menores, de películas perdidas, de canciones olvidadas y de actores caídos en desgracia para exaltarlos y devolverlos -aunque más no sea por un tiempo- a los primeros planos de la consideración joven. Un generador de modas y tendencias.

El film arranca con un prólogo en blanco y negro ambientado en El Paso que da una nueva versión del intento de asesinato de La Novia (Uma Thurman) por parte del enigmático Bill del título (el ex "Kung Fu" David Carradine) y sus secuaces.

Lejos de las referencias a las historias de yakuzas (mafias japonesas) que abundaron en la primera entrega, ahora Tarantino se interna en típicos paisajes norteamericanos para homenajear a los spaghetti westerns del gran Sergio Leone y a las bandas sonoras de Ennio Morricone, aunque -claro- el mayor énfasis sigue estando puesto en rescatar los códigos, la estética y las escenas de acción de la producción asiática de los años 70, con las películas de los Shaw Brothers como modelo principal.

Contrincantes

Tras asesinar a cuatro de sus contrincantes en el Volumen 1, La Novia prosigue su derrotero vengativo y sus siguientes objetivos son Budd (Michael Madsen), el vulgar guardia de seguridad que vive en un patético pueblo del desierto californiano, y la tuerta Elle Driver (Daryl Hannah), con la que protagoniza un sangriento enfrentamiento dentro de una casa rodante, hasta llegar -claro- al clímax, que está construido con el esperado reencuentro y el duelo final con Bill.

Más allá de que Tarantino se regodea (quizá demasiado) con sus escenas de diálogo, hay en el Volumen 2 unos cuantos pasajes de acción dignos de su proverbial imaginación y de su incomparable sentido de la narración: desde una escena de escapismo en una tumba hasta un largo flashback en el que La Novia emprende un riguroso entrenamiento a cargo del maestro de artes marciales Pai Mei (interpretado por ese veterano astro hongkonés que es Gordon Liu, visto en "The 36th. Chamber of Shaolin").

Con la inestimable colaboración de su equipo de colaboradores (la fotografía de Robert Richardson, la edición de Sally Menke, el diseño de David Wasco y Cao Jui Ping, y la música, que alterna hip hop y tonadas mexicanas, a cargo de The RZA y de Robert Rodriguez), Tarantino (se) divierte y convierte a Uma Thurman, su heroína de cómic, su diva, su musa inspiradora, en dignísima heredera de Marlene Dietrich y Lana Turner. Con "Kill Bill" se cierra -de manera magistral- un nuevo ciclo en la carrera de esa estrella pop que es Tarantino: una nueva excusa para que dé rienda suelta a su placer de filmar, una invitación para que el espectador ingrese en una celebración tan exuberante como entretenida.

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