
Los Dardenne, en Buenos Aires
Los cineastas belgas presentarán su último film, Le gamin au vélo, y darán una masterclass gratuita
1 minuto de lectura'

Los hermanos Dardenne son, a estas alturas, una marca dentro del cine de autor europeo ¡y qué marca! Ganadores en dos oportunidades de la Palma de Oro del Festival de Cannes –con Rosetta, en 1999, y con El niño, en 2005–, Luc y Jean-Pierre han construido un universo propio en el que conviven una mirada de profundo humanismo y una crítica despiadada a las contradicciones y miserias de la sociedad contemporánea a partir de un estilo riguroso que combina la maestría de la puesta en escena propia de la ficción más arriesgada con la credibilidad y una urgencia casi documentalista.
Esa mixtura entre la emoción y la crudeza, la empatía y la tragedia se vuelve a apreciar en toda su dimensión en Le gamin au vélo (El chico de la bicicleta), su más reciente y notable largometraje (Gran Premio del Jurado en Cannes), que los Dardenne vinieron a presentar en persona a Buenos Aires.
En el marco del encuentro Ventana Sur, la cita de los cinéfilos argentinos con los creadores de gemas como La promesa, El hijo y El silencio de Lorna será hoy y por partida doble: a las 18.30 ofrecerán, en la sala 2 del Gaumont –espacio Incaa Km 0 (Rivadavia 1635)–, una masterclass con entrada libre y gratuita hasta completar la capacidad del lugar, mientras que a las 20.30 (en la inmensa sala 1 del complejo) se exhibirá Le gamin au vélo, que se repetirá allí el martes 6, a las 18.
LA NACION pudo conversar con estos guionistas, productores y directores belgas pocas horas después de su arribo a la Argentina en el lobby del hotel Madero, un ámbito bastante distinto del que suelen frecuentar en sus historias de personajes de clase trabajadora o de jóvenes marginados de la Europa más opulenta.
"En un hotel así surgió la idea para Le gamin au vélo", recuerda Luc, el mayor y más locuaz de los dos. "Estábamos en Japón promocionando en 2002 El hijo y nos contaron la historia de un chico que había sido abandonado por su padre y fue criado por una médica. Durante años estuvimos dando vueltas con el guión y finalmente llegó el momento de filmarlo."
Por supuesto, los Dardenne no fueron rodar a Tokio ni calcaron aquella historia, sino que le aportaron a Le gamin au vélo la contundente impronta de su cine, de sus raíces y de su visión del mundo. El chico del título es Cyril (Thomas Doret), un niño de 11 años abandonado por su padre (Jérémie Renier) y rescatado de un internado por Samantha, una misteriosa peluquera con la que se topa de manera fortuita en una clínica.
Para el papel de la heroína del film, los Dardenne optaron por primera vez en su carrera por una gran estrella como Cécile de France (también belga de nacimiento), aunque no modificaron en lo más mínimo el método. "Nosotros trabajamos mucho antes del rodaje, los ensayos pueden durar lo mismo que la filmación, 40 o 45 días. Si uno elige a actores no profesionales puede probar con ellos distintas variantes en los mismos lugares donde luego se va a filmar, pero con una estrella como Cécile eso es muy costoso; ella tuvo que estar disponible para nosotros el tiempo en que se hacen dos películas, no una", indica Jean-Pierre. "Y tuvo, además, que ser generosa porque Thomas es un chico que no tiene ni la experiencia ni la técnica suya, pero a su vez era el motor indiscutido de la historia. Ella tuvo que despojarse de todo y seguir los pasos del protagonista, adaptarse a él."
Los Dardenne, explican, tienen un método que nunca cambian: "Rodamos siempre la historia de manera cronológica (lo que es mucho más caro que hacerlo por locaciones), probamos muchas variantes, charlamos mucho con los actores para que ellos sientan que la cosa funciona y durante los fines de semana vemos los materiales. A veces, una escena filmada treinta veces no nos convence y la tiramos completa. Eso no se podría hacer con esquemas de producción más rígidos. Pero ésa es nuestra forma de sentir el cine". Un "método" que, en cuanto a ensayos, trabajo de creación e improvisación con los actores y forma de rodaje, sólo tiene un parecido en el cine actual: el inglés Mike Leigh.
"Se habla mucho de nuestro método, de cómo hemos influido en otros directores más jóvenes en el uso de la cámara en mano y la cercanía con los actores, pero no nos detenemos a pensarlo demasiado. Nosotros hemos bebido de la nouvelle vague francesa, del neorrealismo italiano, de Krzystof Kieslowski, de Maurice Pialat, de Roberto Rossellini… Los directores nos nutrimos de quienes nos precedieron y luego buscamos nuevas formas de expresión. Nadie quiere hacer el cine de los Dardenne o filmar como los Dardenne, pero si en algún momento podemos servir de inspiración a algún colega, bienvenido sea…" Quizás hoy, tanto en la charla abierta como en la proyección de su nuevo largometraje, algún joven artista argentino pueda sentir ese "empujón" que el cine de estos maestros belgas ha dado a no pocos creadores durante el último cuarto de siglo.



