
Los extraños caminos de la vida
El director jujeño Miguel Pereira habla de El destino, su nueva película
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El destino hizo que Miguel Pereira se fuera de su Jujuy natal a Londres, cuando todavía era muy joven, hace casi tres décadas y que volviera para sorprender como director con La deuda interna , una obra que habla de los argentinos desde lo profundo. El destino también hizo que en 2002 su colega, el director Jorge Coscia -entonces presidente del Instituto Nacional de Cine y Artes Audiovisuales- lo convocara para presidir el Festival Internacional de Cine de Mar del Plata, cargo en el que prometió quedarse por sólo cinco años (así fue), y que le permitió darle a la muestra una identidad "latinoamericana" y que también sembró polémica por algunos de sus matices políticos, al menos hasta su despedida en marzo último. Fue esta actividad la que dificultó su vuelta al cine, no obstante pudo empuñar nuevamente su cámara para rodar El destino , basada en el relato El hombre que llegó a un pueblo, de su comprovinciano Héctor Tizón, que finalmente el jueves estrenará Primer Plano.
Es la historia de Pedro, interpretado por el actor español Tristán Ulloa, que llega desde lejos a un paisaje vacío, empujado por una vida de delito. Lo delata su acento español, y tras un curioso suceso ocurrido a poco de su llegada, se esconderá debajo de una sotana y asegura llevar la palabra de Dios, como si en verdad fuera un cura. Antes, cumpliendo la ley de los perdedores, deja escapar la oportunidad de consumar un éxito. Ahora está a miles de kilómetros de Cataluña, en la soledad del altiplano americano, observando cómo el hombre que lo había traicionado se muere en un desierto de sal. Sin dinero y sin la mercancía, jamás pensó que ese lugar podría ser su salvación.
La película, que participó en la sección oficial del Festival Internacional de Cine de Karlovy Vary, donde ganó el premio del jurado ecuménico, y en el Festival de Valladolid, donde se llevó el lauro de la Sección Punto de Encuentro, tiene entre sus protagonistas a Carolina Román, Mimí Ardú, Tukuta Gordillo (también autor de la banda de sonido con el recordado Ricardo Vilca), Tomás Lipán, Daniela Carril, Titina Gaspar y Rubén Fleita.
"Hace diez años que no hago una película para ver en cines. Es mucho tiempo -dice Pereira, en diálogo con LA NACION-. Cada vez hay más problemas para poder estrenar una película. De alguna forma es lo que traté de explicar en Mar del Plata: los festivales internacionales de cine funcionan como circuitos alternativos de exhibición; para los Estados Unidos, el cine es un negocio a escala planetaria, y lo poquito que queda es gracias a los cines nacionales o los festivales internacionales y esto no es viable en cuanto a negocio", dice con una resignación a la que se resiste.
-No todo puede ser subsidiado
-Si no existiera el apoyo del Estado, el cine dejaría de existir fuera de Hollywood, porque no es viable como negocio. Aquí es necesaria la creación de un circuito fuera de estos esquemas funcionales a Hollywood. Hay que hacerlo, porque de lo contrario vamos a estar siempre con el mismo problema. Así como el cine subsiste aquí porque hay apoyo del Estado, también el Estado va a tener que intervenir en el tema exhibición, porque es imposible negociar con los circuitos comerciales. Ellos priorizan el negocio y está bien que así sea, es la lógica del libre comercio. Pero, entonces, ¿para qué apoyamos al cine si después no lo podemos mostrar?
-¿Qué se puede hacer?
-Esa es la gran pelea que hay que dar, la que yo en escala minimalista doy desde una provincia. Lo que a la Argentina le sucede respecto al mundo, a Jujuy le sucede respecto al resto del país. En el mundo hay un sistema muy sofisticado de generación de imágenes con una red planetaria y todos los países que están fuera son receptores de otra iconografía, otros mensajes, otra forma de vida, otros tiempos. En Buenos Aires se hace un refrito de todo eso y se lo transmite al interior del país. Por eso mi empeño en hacer cine desde Jujuy no es casual, es una actitud política. Hay una frase que decía Jorge Coscia, "Un país sin cine es como una casa sin espejo", y me parece genial. Pero cuando un provinciano se mira en el espejo, se transforma en Drácula: no se refleja. Los provincianos no nos reflejamos en los pocos espejos que hay en nuestra gran casa.
-¿Cómo te afectó a vos?
-Tardé cuatro años en encontrar financiación; otro, en producción; recorrí el exterior con algún éxito, y cuando llegó el momento de su estreno, ya planeado, tuve que esperar un mes o más, porque las salas están tapadas por tres o cuatro películas nomás, todas norteamericanas. Por eso decidí acercarme a la política: a lo mejor desde ese espacio puedo hacer algo para modificar esta realidad. Las escuelas de cine te preparan para el hecho narrativo y el manejo de la técnica, pero no para lo que pasa después. No te olvides que yo me recibí en Inglaterra, donde los que hacen cine tienen la posibilidad de trabajar para la TV, cosa que aquí todavía no ocurre. Ellos tienen muy en claro qué es cine industrial y qué es cine de autor o experimental; no se puede meter todo en la misma bolsa.
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