Los músicos: una película de fórmula que consigue convertirse en un pasatiempo agradable a fuerza de elegancia y buenas actuaciones
El film de Grégory Magne pisa sobre seguro pero logra entretener gracias al talento detrás y delante de cámara
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Los músicos (Les musiciens, Francia, 2025). Dirección: Grégory Magne. Guion: Grégory Magne y Haroun. Fotografía: Pierre Cottereau. Edición: Beatrice Herminie. Música: Grégoire Hetzel. Elenco: Valérie Donzelli, Fréderic Pierrot, Benjamin Lavernhe, Mathieu Spinosi, Michel Petrossian, Emma Ravier, Daniel Garlitsky, Marie Valle. Calificación: ATP. Distribuidora: CDI Films. Duración: 102 minutos. Nuestra opinión: buena.
¿Cuál es el límite entre la genialidad y la excentricidad? ¿Cuánto depende del talento y cuánto de la dedicación absoluta? ¿Cómo incide la personalidad al momento de la creación artística? Estas son algunas de las líneas narrativas que desarrolla Grégory Magne sobre un elemento explorado por el cine: las relaciones personales entre los músicos y el proceso creativo. Ejemplos en la historia del cine sobran, desde clásicos absolutos como Ensayo de orquesta, de Fellini o El director de orquesta, de Wajda, a más recientes como El violín rojo o El último conciertos. Todos títulos que, de alguna manera, están presentes en la estructura narrativa de Los músicos, que tiene como punto de partida a la hija de un poderoso empresario que busca cumplir el sueño de reunir cuatro Stradivarius para un único concierto.
Astrid consigue en una subasta cumplir la primera parte de ese anhelo y adquiere por una suma millonaria el preciado instrumento fabricado por Antonio Stradivari. Parecía la parte más difícil de la idea, pero su convocatoria a cuatro renombrados solistas de cuerdas se convertirá en una odisea y a ese único concierto en un plan imposible. Son complicados, algunos con conflictos personales del pasado, y con muchas dificultades a la hora de un trabajo conjunto. Para peor, la partitura original lleva a la voluntariosa Astrid a contactar a su compositor, Charlie Beaumont, quien tampoco muestra en principio mucha predisposición a colaborar.
Ellos son cuatro talentos pero, por sobre todas las cosas, perfiles bastante disímiles entre sí aunque con carreras exitosas. Claro que la fórmula desde la cual se mide el éxito también ha cambiado en la valoración de la sociedad contemporánea, y así el cuarteto se integra con grandes intérpretes pero, en uno de ellos, con una formación profesional muy distinta. En cualquier caso, Magne recurre al clásico análisis de la egolatría de la estrella pero desnudando cuatro perfiles distintos: aquél falto de empatía, quien necesita llamar la atención, quien no puede aceptar críticas y quien hace culto al narcisismo.

En los cuatro intérpretes, la mezcla de estas aristas será como un volcán en erupción. A diferencia de Fellini, Magne no busca las estridencias del conjunto ni el falso documental aunque sí, como aquél, lleva a su cuarteto a una iglesia medieval. Como Wajda, toma la asimetría entre el auténtico amor al arte y lo advenedizo del reconocimiento. Como en el film de Francois Girard, el instrumento musical será un determinante de la trama aunque aquí no sea rojo ni recorra toda su historia y, además, el cuarteto si se reúne por primera y última vez para una oportunidad, sin dudas, única en sus vidas. Además, los tiempos han cambiado, los grandes empresarios no demuestran el gusto por el apoyo a las artes como antaño y la crisis hace de los Stradivarius una oferta apetecible para bolsillos que siempre quieren más.

Los músicos es una película de fórmula, de una a la cual pueden incluso rastrearse sus ingredientes y, por lo tanto, conocer el resultado final sin demasiado esfuerzo. Pero Grégory Magne, gracias además a la notable labor del fotógrafo Pierre Cottereau, transmite una sofisticada elegancia formal que hace del film un pasatiempo por demás agradable, con disfrutables momentos musicales y sustentado por un notable elenco donde subyacen Valérie Donzelli, como la hija que busca el sueño paterno y Frédéric Pierrot, como el compositor que buscará la armonía más allá de la partitura.
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