
Los padres de la pesadilla
El cineasta español Gerardo Herrero y el escritor uruguayo Hugo Burel recrean una historia marcada a fuego por la ambigüedad
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Hay quienes opinan que la literatura y el cine se llevan bien; los hay también quienes aseguran todo lo contrario. Sin embargo, los hechos demuestran que, al menos en este momento del cine argentino, en el que abundan tantas contradicciones, además de coyunturas propias y ajenas, las adaptaciones de dos novelas llevadas a las pantalla grande - El secreto de sus ojos , versión del relato de Eduardo Sacheri y Las viudas de los jueves , según el best seller de Claudia Piñeyro- vienen acaparando la atención del público de una manera poco frecuente, como sólo ocurría en tiempos lejanos. Más allá de sus respectivos autores, uno de los principales responsables de la existencia de estas dos películas, que suman hasta el día de hoy alrededor de 3.000.000 de espectadores sólo en la Argentina, es el español Gerardo Herrero. Este madrileño de 56 años, abogado, hace 22 fundó, junto con Javier López Blanco, fundó la productora Tornasol, y desde entonces ha respaldado medio centenar de películas latinoamericanas, la mayoría argentinas. En 1981 declaró: "Los cineastas del entorno hispanohablante debiéramos pensar que no sólo realizamos películas para nuestro país de origen. Dado que tenemos la suerte de hablar una lengua común, hemos de diseñar proyectos que se puedan elaborar en colaboración, de forma que puedan sobrepasar las fronteras nacionales". Es un pionero de la integración.
El próximo jueves saldrá al ruedo una vez más en su doble rol de productor y director. El corredor nocturno , el inquietante relato del uruguayo Hugo Burel se encuentra con sus personajes de carne y hueso, interpretados nada menos que por Miguel Angel Solá, Leonardo Sbaraglia y Erica Rivas, con fondo de una Buenos Aires observada desde un ángulo completamente diferente. Según el escritor que con su última novela, El lado salvaje, ya va por la tercera edición, El corredor? no es como lo han definido un thriller sino "un relato de la serie negra". En diálogo con LA NACION confesó, además, que su pasión por el cine empezó cuando era muy chico, en Montevideo donde originalmente transcurre la acción, mucho antes de convertirse en escritor, y que seguramente el haber incorporado esa forma de relato sea el motivo por el que su literatura tenga una composición de ese tipo "?sinque yo me diera cuenta", asegura. Conforme con las estrellas elegidas y con la síntesis que implica toda adaptación (en este caso del argentino Nicolás Saad, una de las promesas de la FUC que debutaron hace una década en Mala época), Burel espera ansioso el estreno. No más que Herrero, que con su habitual tono calmo sabe cómo hacer equilibrio entre su papel de presupuestar y pensar estrategias y a la vez cómo resolver el arte de hacer cine pensando en el público. En su doble rol, Herrero tiene pendiente aquí el estreno de Qué parezca un accidente , una comedia que tiene como figuras centrales a Federico Luppi y Carmen Maura.
<b> Trailer de <i> El corredor nocturno </i></b>
En El corredor? Eduardo López (Leonardo Sbaraglia) es ejecutivo en una empresa de seguros. En coincidencia con un plan que implica el despido de muchos de sus compañeros, conoce en un aeropuerto europeo a otro argentino, el intrigante Raimundo Conti (Miguel Angel Solá) un aparente bon vivant algo cínico, con el que compartirá el sector business, las doce siguientes horas de la vuelta a casa. Ni por casualidad, López imagina que a partir de ese momento no solo vivirá atenazado por las presiones laborales y algunos temas del pasado que van y vienen sino por ese personaje que lo pondrá cara a cara con su propio lado oscuro, el de un corredor en medio de una larga noche, al que no le importa qué ni a quienes sacrifica en su afán de llegar a la meta. Una pesadilla a ojos bien abiertos. "Yo lo imaginaba a Conti más teatral, más histriónico y hasta operístico en su manera de asediar", aclara Burel. "En la película mantiene un tono calmo, una tersura en el trato, diciendo cosas terribles, le da un peso a la amenaza mucho mayor: la ambigüedad es la que enriquece al personaje y en la película eso está muy bien interpretado. El único gran problema era cómo transmitir la ambigüedad sin hacer trampas al espectador. Por suerte, Gerardo no las hizo", asegura el novelista.
Herrero coincide en que su película tiene puntos de contacto con sus otras dos exitosas producciones en cartel, además de adaptar novelas: la cuestión moral y ética, en una frente a un crimen y la búsqueda de justicia, en la otra de un hombre de nuestros días acorralado por el mismo poder que ambiciona ejercer. "Para estas tres películas no partí de la base de su posible éxito, sino de su calidad, pensando en el público", reconoce. "Pero nada es casual. Si respaldé las tres es porque en ellas hay algo que me apetece", concluye como si estuviese recostado en el diván de un analista.
del uruguayo Hugo Burel se encuentra con sus personajes de carne y hueso, interpretados nada menos que por Miguel Angel Solá, Leonardo Sbaraglia y Erica Rivas, con fondo de una Buenos Aires observada desde un ángulo completamente diferente.
Según el escritor, cuya última novela, El lado salvaje , ya va por la tercera edición, El corredor? no es como lo han definido, un thriller, sino "un relato de la serie negra". En diálogo con LA NACION, confesó además que su pasión por el cine empezó cuando era muy chico, en el Montevideo donde originalmente transcurre la acción, mucho antes de convertirse en escritor, y que seguramente haber incorporado esa forma de relato sea el motivo por el que su literatura tenga una composición de ese tipo "sin que yo me diera cuenta", asegura.
Conforme con las estrellas elegidas y con la síntesis que implica toda adaptación (en este caso, del argentino Nicolás Saad, una de las promesas de la FUC que debutaron hace una década en Mala época ), Burel espera ansioso el estreno. No más que Herrero, que con su habitual tono calmo sabe cómo hacer equilibrio entre su papel de presupuestar y pensar estrategias y a la vez cómo resolver el arte de hacer cine pensando en el público. En su doble rol, Herrero tiene pendiente aquí el estreno de Que parezca un accidente, una comedia que tiene como figuras centrales a Federico Luppi y Carmen Maura.
En El corredor? Eduardo López (Leonardo Sbaraglia) es ejecutivo de una empresa de seguros. En coincidencia con un plan que implica el despido de muchos de sus compañeros, conoce en un aeropuerto europeo a otro argentino, el intrigante Raimundo Conti (Miguel Angel Solá), un aparente bon vivant algo cínico, con el que compartirá en clase ejecutiva las doce siguientes horas del vuelo de vuelta a casa. Ni por casualidad López imagina que a partir de ese momento no sólo vivirá atenazado por las presiones laborales y algunos temas del pasado que van y vienen, sino también por ese personaje que lo pondrá cara a cara con su propio lado oscuro, el de un corredor en medio de una larga noche al que no le importa qué ni a quiénes sacrifica en su afán de llegar a la meta. Una pesadilla a ojos bien abiertos. "Yo lo imaginaba a Conti más teatral, más histriónico, y hasta operístico en su manera de asediar", aclara Burel. "En la película mantiene un tono calmo, una tersura en el trato, diciendo cosas terribles, le da un peso a la amenaza mucho mayor: la ambigüedad es la que enriquece al personaje, y en la película eso está muy bien interpretado. El único gran problema era cómo transmitir la ambigüedad sin hacer trampas al espectador. Por suerte, Gerardo no las hizo", asegura el novelista.
Herrero coincide en que su película tiene puntos de contacto con sus otras dos exitosas producciones en cartel, además de adaptar novelas: la cuestión moral y ética, en una frente a un crimen y la búsqueda de justicia, en la otra de un hombre de nuestros días acorralado por el mismo poder que ambiciona ejercer. "Para estas tres películas no partí de la base de su posible éxito, sino de su calidad, pensando en el público", reconoce. "Pero nada es casual. Si respaldé las tres es porque en ellas hay algo que me apetece", concluye como si estuviese recostado en el diván de un analista.
A Miguel Angel Solá no se lo veía filmar por aquí desde hacía cinco años, cuando tuvo un papel clave en La puta y la ballena , en la que trabajó con Sbaraglia. Se había ido a España junto con su esposa, Blanca Oteiza, mucho antes, a mediados de los 90. Este año fue redescubierto por los argentinos gracias a su papel del inspector de policía en la serie de la TV peninsular Bruno Sierra , que se vio por Canal 7. "Estoy convencido de que es una buena película", dice satisfecho. "¿Mi personaje? Es de los que empiezan acariciándole la cabeza a un niño y después no se sabe si la cabeza le queda pegada en la mano. Es un ser desagradable a ultranza. Es peor que seductor, es un tipo que impone, que determina el destino de otros, es un asco. Es de los que persuaden con una pistola en la cabeza. Entre esos tipos y yo hay algo personal. Creo que entre mi Conti y el López de Leo se construye un único personaje. El personaje de Leo es el de uno de esos tipos que pusieron afuera a su propio demonio y lo ponen en acción. En todo caso hay que seguir los ritos aconsejables para ser esa persona y él los cumple hasta transformarse en ese otro. Mi personaje desaparece llevándose la pistola que le había dado para elegir. Es López quien elige. El trabajo fue hacer que dos actores tan diferentes como somos Leo y yo, no obstante nos emparentamos en la obsesión por el trabajo, físicamente pudiéramos lograr mimetizarnos, sabiendo que estábamos haciendo una bola que se llamaba López Conti", explica el actor.
"Lo único que Conti le pide a López es que se rinda a él, y ni siquiera que se rinda, sino que quiere tener su aprobación. Si es así, todo va a fluir, y eso no se puede decir a los gritos", explica Solá. "Ha sido un encuentro fructífero, muy lindo para todos", concluyó.
Dos en carrera
Sbaraglia vive un buen momento. Dispuesto a quedarse en la Argentina tras un importante periplo español, en cine este año ya se lo vio en Las viudas de los jueves y ahora mismo en teatro, junto a Pepe Soriano, en Contrapunto , de Anthony Shaffer, que en cine se conoció como Juego mortal . "En un momento parece que mi personaje arma todo el mundo que lo rodea en su cabeza, una gran representación para poder ser feliz. Su expresión es tensa, siempre está a punto de estallar. Su mirada es esquiva, tiene algo de loco", explica. "Me recuerda a El garante" , dice, en referencia al ciclo de TV que en 1997 compartió con Lito Cruz. "Venía de ver La cuestión humana , de Nicolás Klotz, que habla de cosas que tienen que ver con El corredor... , del mundo de las empresas, de lo que te pide el sistema capitalista para seguir arañando poder, y me sirvió mucho para hacer mi personaje", concluye.
Erica Rivas interpreta a Clara, la esposa psicóloga de Eduardo. Para ella "todo tiene que ver con el punto de vista de Eduardo, todo el devenir de las cosas, que puede parecer normal, natural, también se destruye cuando uno ve que en realidad tiene que ver con la cabeza de una persona. Nada es lo que parece", sentencia.
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