
Los secretos de familia revelados en un film
Por primera vez, aborda el tema del nazismo
1 minuto de lectura'
Antes de ser un film -el último de Claude Miller, que Alfa dará a conocer el jueves- Un secreto fue un best seller en Francia, y antes aun una historia real, una tempestuosa historia de amor, dolor y culpa vivida en los tiempos de la ocupación nazi por los padres del autor, Philippe Grimbert. Con el libro, quiso rendirles homenaje y al mismo tiempo internarse en ese turbulento y oscuro ayer familiar y en su propia memoria para hacer las paces con el pasado y entender el porqué de un secreto que sólo le fue revelado en la adolescencia y resultó abrumador para todos.
Entre Miller y Grimbert hay unas cuantas coincidencias. Han tenido historias personales parecidas, son judíos "absolutamente no religiosos", hijos de individuos que eligieron silenciar sus orígenes, y suelen apuntar a las experiencias infantiles para interrogarse sobre la cuestión de la identidad. "Los dos nacimos en un mismo medio social ni burgués ni proletario. Nuestros padres eran comerciantes, pequeños burgueses y de origen asquenazí" -ha resumido el realizador de Ciudadano bajo vigilancia -: contar su historia era también honrar la memoria de mi familia." No extraña, pues, que el escritor -psicoanalista de profesión- decidiera confiar a Miller la misión de darles un rostro y un alma en la pantalla a sus seres más entrañables. Rostros bien conocidos, por cierto: Cécile de France, Ludivine Sagnier, Patrick Bruel, Julie Depardieu, Mathieu Amalric.
Sombras del pasado
La filmografía del cineasta francés arrima otros nexos: en La mejor manera de andar , su ópera prima (1976), hablaba de un chico tímido que no se adapta a su grupo y es humillado por éste; el protagonista de La classe de neige (1998) era otro muchacho triste, acosado por memorias dolorosas y temibles fantasmas. Era natural que se interesara por el pequeño y frágil François (así se ha rebautizado Grimbert), que en Un secreto siente no estar a la altura de las expectativas de sus padres, deportistas y bellos como Cécile de France y Bruel (los actores elegidos para encarnarlos). "Yo también era un chico temeroso -recuerda Miller- y cómo no serlo si mi madre me había llenado de miedos: nací en 1942, casi todos mis tíos, tías y abuelos jamás regresaron de los campos de concentración; de niño y adolescente viví atormentado por ese trauma."
De pequeño, en cambio, François sólo había tenido ecos lejanos de la guerra: en su memoria sólo guardaba las imágenes dichosas que le habían transmitido sus padres. Pero padecía cuando, ante cada nuevo evidencia de su flaqueza física, veía la desilusión en la cara de su padre. Por eso se había inventado un hermano fuerte, ágil y musculoso, lo que, aun siendo una fantasía habitual en los chicos, provocaba el disgusto de la familia. Sólo el día que cumplió 15 años, cuando le fue revelada una parte del secreto, comprendió por qué: en realidad, no había habido tal paraíso en el pasado de sus padres, sino una compleja historia de huidas, cambios de identidad, desencuentros, tragedia y amores prohibidos. Y mezclados en ella otros seres de los que nunca había tenido noticia: al fin, la barbarie nazi no había pasado tan lejos de la vida de los suyos.
No es conveniente revelar más detalles. Sólo que es el propio François, ya adulto (representado por Mathieu Amalric), quien recrea la historia tal como él la vivió en la infancia y en la adolescencia, la de sus padres desde bastante antes de la guerra, y la de otros personajes relevantes (en especial el que anima Ludivine Sagnier) tal como tardíamente pudo descifrarla.
El drama íntimo
Miller no había abordado el tema de la ocupación en ninguno de sus films. ¿Un tema tabú? "No sé, es que nunca estuvo entre mis preocupaciones de cineasta", ha explicado. También puede haber incidido la prevención que experimenta respecto de los films de época: siempre teme que lo anecdótico, la reconstrucción de ambientes, termine pesando en el espectador más que la emoción. Y la emoción es el elemento que él privilegia en sus obras, entre las que se cuentan Casi una mujer (1988, sobre un guión que François Truffaut, su mentor y amigo, no llegó a filmar); Betty Fisher (2001) y La pequeña Lilí (2003).
Dice que en este caso le interesó en especial la historia íntima, ya que "cuando se habla de víctimas del nazismo se tiene la impresión de que ellos no eran gente como todo el mundo, que no habían vivido historias de amor ni habían conocido la pasión". Y asegura que trató de filmar la vida diaria en los treinta y cuarenta "como si estuviéramos en el momento en que la acción transcurre", sin todo lo que sabemos hoy sobre lo que sucedía. Por ejemplo -ejemplifica-, el culto del cuerpo que manifiestan los personajes de los padres "era parte del programa del Frente Popular de la Francia de los treinta; los nazis nos lo robaron, pero era un fenómeno francés que Pétain adoptó más tarde con su lema «Trabajo, Familia, Patria»".
Con Un secreto , que transcurre en tres tiempos distintos y los diferencia mediante una alternancia del color y el blanco y negro contraria a la tradición, Miller obtuvo el premio al mejor director en el Festival de Montreal y una decena de nominaciones al César, trofeo que ganó Julie Depardieu a la mejor actriz de reparto. Pero además, obtuvo el apoyo del público. "Es un film ambiguo y extraño -comentó no hace mucho-, pero la gente sale con lágrimas en los ojos y no he tenido un éxito así desde, por lo menos Casi una mujer , hace veinte años."
1
2Ricardo Darín: del “sube y baja emocional” y su futuro como abuelo a por qué Florencia Bas le sacó “tarjeta roja”
- 3
La cena de los tontos arrancó liderando la taquilla de la temporada teatral en Mar del Plata
4“Desconsolado”: la primera aparición pública de Tommy Lee Jones tras la trágica muerte de su hija



