
Los secretos de un montajista con oficio
Fue director de "La república perdida"
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Está acostumbrado ya a trabajar en las sombras, encarnando a esa mítica figura del hombre que tiene en sus manos "salvar" una película o hacerla todavía más maravillosa. Miguel Pérez, aun así, no está muy de acuerdo con ese viejo adagio de que en sus manos de montajista esté la salvación de toda una obra. "Lo que filmación non da , compaginación non presta -dice, parafraseando el famoso dicho, este prestigioso montajista del cine argentino-. Yo ayudo a que un film encuentre su mejor expresión, porque el montaje debe ser la emanación del mismo lenguaje del film, no una impostación. No se puede aplicar el oficio de la misma manera a todas las películas. Cuando uno entiende el film desde lo más íntimo de su lenguaje arribás a la compaginación necesaria para ese film."
Pérez es montajista de toda la vida, además de haber dirigido dos películas que son clásicos del cine nacional, como "La república perdida I" y la II. Desde los años setenta viene compaginando películas de lenguajes tan diferentes como "Operación Masacre", Jorge Cedrón; "Los herederos", de David Stivel; "La parte del león", de Adolfo Aristarain; "Señora de nadie", de María Luisa Bemberg; o "La suerte está echada", de Sebastián Borensztein, entre muchas otras. Actualmente también da cátedra en la EscueLA NACIONal de Realización Cinematográfica (de la que también es secretario académico) y en la Universidad del Cine. Tiene tantos seguidores históricos y del nuevo cine argentino que lo consultan por sus proyectos ya armados o por realizar, que dicta talleres en su estudio y acaba de iniciar un seminario de dos meses organizado por la revista Haciendo Cine.
Es que su trabajo como montajista tiene un carácter docente que lo destaca del resto. En realidad, él define esa cualidad como una obsesión: su especial atención e insistencia en la importancia de la estructura dramática de un guión o de una película. "La mirada del autor tiene que conmover al que la recibe, en el sentido de que le deje elementos para su elaboración del mundo. Y la base de todo eso es el conflicto; es el modelo más eficaz", explica Pérez.
El drama de la estructura
Pérez destaca la frescura del nuevo cine argentino ("por estar menos sujeto a fórmulas artificiales"). Pero como punto negativo, destaca: "Carece muchas veces de una estructura dramática que se refleja fundamentalmente en la falta de oficio para guionar y en los propios problemas estructurales para solucionar conflictos que ya son culturales. Estamos más acostumbrados a convivir y a sufrir con nuestros conflictos que a resolverlos. Un cine como el yanqui, que responde a un país que toma decisiones, cierra los conflictos en el cine; los resuelve. Es cierto que lo hace muchas veces como una droga, eliminando aspectos de la realidad, de manera artificiosa o siguiendo la trayectoria del héroe, que es el hecho que mejor justifica la penetración de ese cine más que la tecnológica", dice Pérez, y comenta que le gustaría dirigir un film que hablara del "ser nacional" a través de las películas.
Por tercera vez perdida
No es un fanático del documental, pero el resurgimiento del género a nivel mundial refleja para él una esperanzadora necesidad de acercamiento a la verdad. "Me parece bien que los realizadores renuncien a hacer malas películas de ficción para acercarse con el documental un poco más a la realidad", dice entre risas, aunque declara sufrir un poco cuando le llegan a su estudio películas maltrechas. En estos momentos, Pérez está a punto de comenzar a montar un documental junto a Lorenzo Bombicci, sobre el presidente de Bolivia, Evo Morales: "Un retrato bastante objetivo, con claroscuros, que dirigió el colombiano Alejandro Landes".
Igualmente, dice que tendrá que ponerle límites al asesorar "como gauchada" a tantos realizadores porque ya no tiene tiempo para todos los proyectos que quiere desarrollar. Entre éstos, el publicar varios libros sobre montaje y el volver a dirigir: "Me gustaría continuar el documental que hice hace tres años, «Evita», para difundir en el exterior otra imagen de ella, una que destruya la de esa ópera tan infame. También, hacer la tercera parte de «La república perdida» a partir del período democrático. Claro que le cambiaría muchísimas cosas porque, ahora que las veo, les encuentro muchas limitaciones visuales. Yo he cambiado como realizador, como montajista y hasta ideológicamente. La democracia era un baluarte fundamental en aquellos años y ahora creo que hay que replantearse la democracia que queremos. Como dijo Santiago Kovadloff, «en esta democracia los desocupados son los desaparecidos de la época de la dictadura; son los desahuciados, los descartados por el sistema». Y una democracia donde la gente se muere de hambre no es democracia. Así que en cualquier momento retomo el tema. Tengo tanta gente interesada en colaborar que lo único que necesitaría son casetes".





