
Luppi, Dumont y compañía
En "Rosarigasinos", los hijos hacen los personajes de sus padres cuando tenían treinta años menos
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A alguien se le tenía que ocurrir: para imaginar a Federico Luppi y Ulises Dumont treinta años más jóvenes, en lugar de recurrir a maquillajes y tinturas, convocar a otros dos actores para representarlos. Esos actores son sus propios hijos, Gustavo Luppi y Enrique Dumont. Y ese alguien es el director Rodrigo Grande, que para su primer largometraje, "Rosarigasinos" -que se estrenará mañana-, no sólo apostó a dos de los intérpretes más reconocidos para reconstruir una saga de lealtades y amistad a lo largo de tres décadas, sino que además, recurrió a los propios hijos de los protagonistas para bucear en los orígenes.
Gustavo Luppi tiene 41 años y recuerda haber trabajado por primera vez con su padre hace más de un cuarto de siglo, cuando éste protagonizaba en televisión "Las dos", con Norma Aleandro. Enrique Dumont tiene 31 y participó en un rol pequeño en la versión fílmica de "Yepeto", junto a su papá. Se hicieron actores por el designio del apellido, aunque paralelamente cada uno torció ese sino para bucear en otras actividades. Luppi desde hace ocho años dirige televisión. Actualmente está a cargo de los programas infantiles de Azul TV. Dumont, además de actuar, es chef.
Luppi y Dumont (Tito y Castor, en la película) son la misma sangre pero una generación más joven, haciendo de sus propios padres, en un rol atípico para ellos y también para el cine nacional.
-¿Cómo es hacer de su propio padre?
Luppi: -Por un lado, imito a mi viejo, pero al mismo tiempo hubo que armar el personaje, que tiene características muy reconocibles. A esta altura de la vida uno conoció a alguien como Tito en algún momento. Con lo cual tenía en claro el alma del personaje. Había mucho material para buscarlo. El trabajo consistía en tomar el personaje y acomodar la expresión. No quise hablar antes de la filmación con papá para no enredarme. Tal vez si hubiese sentido una necesidad fuerte lo hubiera hecho. Pero el clima previo al rodaje (en escenarios rosarinos) ayudó mucho. Me pude conectar con el lugar, la ropa, los bares donde filmamos, y todo se simplificó. La mesa era una mesa y no una escenografía; los personajes del bar eran los vagos amigos del director... Eso ayudó mucho.
Dumont: -No puedo negar que Enrique Dumont es muy parecido a Ulises en la voz, en los movimientos. Charlé bastante sobre los comportamientos y la manera de hablar del personaje con Rodrigo (Grande, el director). Igualmente, el actor cuando encara un rol siempre pone mucho de sí. Antes de ir a filmar hablé con mi viejo, porque él tenía el libro más estudiado. Ya en el rodaje, no conversé tanto con él. Pero, estando ahí, me daba pudor afrontar la mirada del viejo.
-¿Por qué les interesó la propuesta?
Luppi: -En un primer momento me pareció rara. Oportunista, inclusive. Mi viejo no me había dado detalles: "Mirá que te va a llamar un pibe", me dijo, sin aportarme otros datos. Imaginé que se trataría de conseguir locaciones para su película. Pero al hablar con el director me dejé ganar por la idea. Me gustó mucho el libro y cómo me lo contó Rodrigo. No quería ni quiero dedicarme de lleno a la actuación: volví después de ocho años de no actuar. Pero no fue un esfuerzo. Salvo que la primera condición para trabajar fue que debía adelgazar.
Dumont: -Desde lo profesional, trabajar con Federico y Ulises es un honor. No podía sentirme de otra manera que bien. Desde lo afectivo, estar al lado del viejo también es un lujo. Yo conocía este proyecto desde el comienzo, ya que Rodrigo hace años que venía dando vueltas con el mismo. Y estaba esperando que lo concretara: no me tomó por sorpresa.
Luppi: -Más que de una amistad de otros tiempos, el film habla de unos valores y de un concepto de la amistad importantes. Esos valores pueden parecer tragicómicos, grotescos, pero en el fondo se mantienen aunque los tiempos cambien. La película no sublima la amistad: los personajes son humanos, y si bien por momentos son cómicos o nobles, también muestra sus momentos de m... El objetivo no es "bajar línea", sino contar una historia. Y eso también me gustó como propuesta.
-¿Cuál fue la mirada de sus padres sobre sus trabajos?
Dumont : -No dijeron nada, pero también hay que entender eso como una forma de aprobar. Son dos tipos bastante particulares: por ahí les cuesta expresarse, son serios, hoscos. Y les cuesta manifestar sus sentimientos.
Luppi: -No somos la familia Ingalls, por ahí nos parecemos más a los Simpsons... (ríe). Trabajar juntos fue una experiencia muy rica. Además, vi la película con mis tres hijos, porque nunca me habían visto actuar. En la película están el padre, el abuelo, el tío (N. de la R.: Ulises Dumont estuvo casado con Marcela Luppi, hermana de Gustavo, y tuvieron una hija, Julia). Era todo muy familiar.
-¿Cómo sobrellevan el peso del apellido?
Luppi: -Tiene sus complicaciones, porque los demás siempre comparan. Además, heredás los amigos de tu viejo... y también los enemigos. Hay que aprender a convivir con lo que los demás suponen que tenés que ser, por el hecho de ser "el hijo de".
Dumont: -Lo difícil es dejar de ser "el hijo de" y ganarte tu propio nombre.
Luppi: -La ventaja está en que cuando salís a buscar laburo por lo menos te reciben.
Dumont: -Sí, al menos podés dejar el currículum. Aunque después no te llamen (ríe).
-Y ustedes, como hijos, ¿cómo evalúan el trabajo de sus padres?
Dumont : -A Ulises lo veo siempre diez puntos. Ya dejé de lado la modestia: cuando me paran por la calle para decirme cosas como que mi viejo es excelente actor, no puedo hacer otra cosa que asentir.
Luppi: -Cuando los veo laburar a Fede y a Ulises, me doy cuenta de cómo recurren al cincel para sacar lo mejor del personaje. Hay algo muy sutil que tiene que ver con el olfato, y que me hace advertir cómo resuelven una escena con el oficio. En la película hay escenas donde ambos me desarman con su talento. La salida de la cárcel, por ejemplo, que es muy interesante para ver cómo los dos llegan a la emoción por caminos distintos. Y es una situación muy particular: están despojados, con la cámara fija, llorando. Ahí se ven los estilos de actuación que tiene cada uno.
Dumont: -Ahí me puse a llorar yo también...
Luppi: -Dentro de las circunstancias de una filmación, y cansados, es fácil que los actores apelen al oficio para resolver. No es criticable: hay actores que eligen eso como método y creo que es porque no tienen con qué, porque no han sabido bucear más. Pero Ulises y Fede siempre se exigen algo más.
-Aunque a veces hayan hecho cosas no tan exigentes...
Luppi: -Sí, a Federico le vi hacer trabajos realmente malos. Películas pésimas. En algunos de sus films, a veces tanto a uno como otro los ves sin matices, apelando a la fachada, si querés.
Dumont: -No llegaban a lo que habitualmente hacen. Papá también tiene de ésas... A veces la película es mala, pero si hay que rescatar a uno de allí, ése seguramente es él.
Luppi: -El estilo de actuación de ellos tiene que ver con una historia cultural del país. Ambos son de una época donde el actor se formaba, y el futuro pasaba por ser un buen actor. Era una obligación serlo. Aunque terminaras haciendo un culebrón, porque había que morfar. Hoy no importa lo que sos, sino que seas famoso y vendible. Aunque vengas del reality show. Yo conocí productores que decían: "Qué bien quedó lo que grabamos ayer". Hoy, lo primero que hacen es preguntar cuánto midieron de rating.
un esfuerzo. Salvo que la primera condición para trabajar fue que debía adelgazar.
Dumont: –Desde lo profesional, trabajar con Federico y Ulises es un honor. No podía sentirme de otra manera que bien. Desde lo afectivo, estar al lado del viejo también es un lujo. Yo conocía este proyecto desde el comienzo, ya que Rodrigo hace años que venía dando vueltas con el mismo. Y estaba esperando que lo concretara: no me tomó por sorpresa.
Luppi: –Más que de una amistad de otros tiempos, el film habla de unos valores y de un concepto de la amistad importantes. Esos valores pueden parecer tragicómicos, grotescos, pero en el fondo se mantienen aunque los tiempos cambien. La película no sublima la amistad: los personajes son humanos, y si bien por momentos son cómicos o nobles, también muestra sus momentos de m... El objetivo no es "bajar línea" sino contar una historia. Y eso también me gustó como propuesta.
–¿Cuál fue la mirada de sus padres sobre sus trabajos?
Dumont: –No dijeron nada, pero también hay que entender eso como una forma de aprobar. Son dos tipos bastante particulares: por ahí les cuesta expresarse, son serios, hoscos. Y les cuesta manifestar sus sentimientos.
Luppi: –No somos la familia Ingalls, por ahí nos parecemos más a los Simpsons...(ríe). Trabajar juntos fue una experiencia muy rica. Además, vi la película con mis tres hijos, porque nunca me habían visto actuar. En la película están el padre, el abuelo, el tío (N.R.: Ulises Dumont estuvo casado con Marcela Luppi, hermana de Gustavo, y tuvieron una hija, Julia). Era todo muy familiar.
–¿Cómo sobrellevan el peso del apellido?
Luppi: -Tiene sus complicaciones, porque los demás siempre comparan. Además, heredás los amigos de tu viejo...y también los enemigos. Hay que aprender a convivir con lo que los demás suponen que tenés que ser, por el hecho de ser "el hijo de".
Dumont: –Lo difícil es dejar de ser "el hijo de" y ganarte tu propio nombre.
Luppi: –La ventaja está en que cuando salís a buscar laburo por lo menos te reciben.
Dumont: –Sí, al menos podés dejar el currículum. Aunque después no te llamen (ríe).
–Y ustedes, como hijos, ¿cómo evalúan el trabajo de sus padres?
Dumont : -A Ulises lo veo siempre diez puntos. Ya dejé de lado la modestia: cuando me paran por la calle para decirme cosas como que mi viejo es excelente actor, no puedo hacer otra cosa que asentir.
Luppi: –Cuando los veo laburar a Fede y Ulises, me doy cuenta de cómo recurren al cincel para sacar lo mejor del personaje. Hay algo muy sutil que tiene que ver con el olfato, y que me hace advertir cómo resuelven una escena con el oficio. En la película hay escenas donde ambos me desarman con su talento. La salida de la cárcel, por ejemplo, que es muy interesante para ver cómo los dos llegan a la emoción por caminos distintos. Y es una situación muy particular: están despojados, con la cámara fija, llorando. Ahí se ven los estilos de actuación que tiene cada uno.
Dumont: –Ahí me puse a llorar yo también...
Luppi: –Dentro de las circunstancias de una filmación, y cansados, es fácil que los actores apelen al oficio para resolver. No es criticable: hay actores que eligen eso como método y creo que es porque no tienen con qué, porque no han sabido bucear más. Pero Ulises y Fede siempre se exigen algo más.
–Aunque a veces hayan hecho cosas no tan exigentes...
Luppi: –Sí, a Federico le vi hacer trabajos realmente malos. Películas pésimas. En algunos de sus films, a veces tanto a uno como otro los ves sin matices, apelando a la fachada, si querés.
Dumont: –No llegaban a lo que habitualmente hacen. Papá también tiene de ésas...A veces la película es mala, pero si hay que rescatar a uno de allí, ése seguramente es él.
Luppi: –El estilo de actuación de ellos tiene que ver con una historia cultural del país. Ambos son de una época donde el actor se formaba, y el futuro pasaba por ser un buen actor. Era una obligación serlo. Aunque terminaras haciendo un culebrón, porque había que morfar. Hoy no importa lo que sos, sino que seas famoso y vendible. Aunque vengas del reality show. Yo conocí productores que decían "qué bien quedó lo que grabamos ayer". Hoy, lo primero que hacen es preguntar cuánto midieron de rating.


