
Mejor no hablar de ciertas cosas
Albertina Carri trata en su film un tema tabú como el incesto en el seno de una familia en la que sólo importan las apariencias
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“Investigando acerca de la unión entre hermanos, descubrí que los primeros que estudiaron la astrología fueron los egipcios, 3000 años antes de Cristo, y el verdadero arquetipo de Géminis eran un hombre y una mujer, hermanos gemelos, caminando por la pradera, mirándose enamorados”, asegura la directora Albertina Carri. “Es decir que el mejor vínculo entre lo femenino y lo masculino era entre hermanos”, insiste a propósito de “Géminis”, su tercera incursión en el largometraje, esta vez escrito junto con Santiago Giralt, que el jueves estrenará Distribution Company.
Hace cuatro años, Carri había sorprendido con “No quiero volver a casa” y, dos años después, con el corto “Barbie también puede estar triste” y el largo “Los rubios”, en el que exploraba la desaparición de sus padres durante la última dictadura militar a través de una sucesión de imágenes tan provocativas como poco convencionales. En esta tercera propuesta, su mirada está puesta en una familia de clase media alta encerrada en sus propias costumbres, aislada del mundo por gruesas paredes de prejuicios, en la que una madre convencida de que es capaz de controlar no sólo el destino de su matrimonio sino el de sus hijos (incluso de la menor y más rebelde), descubre por casualidad que tiene que hacer frente a una situación que no imaginaba y que ella misma provocó con sus discursos sin sentido.
Carri desafía una vez más la pasividad del espectador: primero lo pone frente a un cuadro de situación y, poco a poco, en la medida que le permite atravesar puertas y descubrir qué es lo que verdaderamente está ocurriendo en el seno de esa familia, lo sacude con el drama que significa hoy un tabú como el incesto llevado hasta las últimas consecuencias.
La historia
Hay varios momentos clave en la película, y en todos se descubre la presencia femenina detrás y delante de cámaras. Por un lado, Carri y, por el otro, la consagrada Cristina Banegas, a la par de la debutante María Abadi, componiendo a Lucía y Meme -madre e hija- respectivamente. También Lucas Escariz, que encarna a Jere, el hermano y amante de Meme, y Daniel Fanego, que, como padre ausente, debe resolver cualquier anormalidad, pero parece más preocupado por las constelaciones que por lo que ocurre en su microcosmos. No son los únicos. En el elenco de la película que intervino en la Quincena de Realizadores del Festival de Cannes también participan Lucrecia Capello, Julieta Zylberberg, Vivi Tellas y Gogó Andreu.
"En realidad, creo que es una película acerca de la familia, del amor, de una madre, y el incesto es una muy buena excusa para contar esa historia. Me hago cargo de esto", señaló la realizadora en diálogo con LA NACION. "Hace pocos días recordé algo que leí cuando preparaba el guión, que la pareja pasional remite al incesto. Para la cultura occidental, el incesto es uno de los grandes tabúes. Me corro de la idea de que se trata de una familia disfuncional. En realidad es muy funcional, porque el concepto familia es disfuncional: es la historia una madre que lo hace todo por amor. Lo que ocurre es que el amor de una madre puede ser muy equívoco. Los chicos toman el discurso endogámico de la ella y lo ponen en práctica: para salir y para romper, lo que hacen es entrar del todo". "¿Mi próxima película? «La rabia», es sobre el campo y la tierra, de cómo la violencia de la pampa se apropia de la gente", adelanta.
La madre
"Es una película de mujeres", dice convencida Cristina Banegas. "Fue un grupo fantástico y, cuanto mejor armado está el grupo, mejor sale el trabajo", asegura la actriz que, en el Cervantes, acaba de presentar "La señora Macbeth". "Mi personaje es una madre en permanente conflicto con su hija, a quien se pasa criticándola. Es una mujer que se la pasa hablando, pero no ve. Es una amorosa que por ser tan negadora se vuelve una tarada? Trabajé en muchas películas, pero es la primera vez que hago un protagónico, y me alegra mucho que haya sido en una que disfruté tanto al leerla, al ensayarla y al hacerla, con una cámara tan elegante."
Banegas es el personaje central de esta historia, apenas desplazado por el protagonismo de la pareja de hermanos que componen Abadi y Escariz, intérpretes de una de las escenas más fuertes del último cine argentino. "Viene de un largo plano secuencia muy complejo que repetimos cuatro veces. Sin embargo, la escena en el que desemboca fue una improvisación" -asegura Banegas-. "Con Albertina quedamos en que debía abrir la puerta del dormitorio de Meme, que veía lo que allí ocurría y la cerraba, y que la volvía a abrir. Entraba, y estaba la cámara allí, esperándome. Recuerdo que Albertina no quería que nos viéramos. Fue un día muy particular, esperado y temido. Fue como pegar un doble salto mortal. Es raro actuar; es como estar en trance. Así como la actuación sucede en relación con una mirada, sea del público o del ojo de una cámara; me parece que yo apunto como a algo más de plexo, más de tripas... . En la toma de la película sucedieron varias cosas imprevisibles que incluso afectaron a los que estaban detrás de cámaras. Eso es transgresión: perforar la percepción del otro, con algo que lo conmueva a pesar de sí mismo.
Banegas habla con nostalgia del rodaje: "Estoy muy contenta con lo que hice con Albertina. Pocas veces uno puede celebrar tanto una actuación. Hace bien hacer buen cine".
La hija
María Abadi, la elegida para encarnar a Meme, cuenta que el guión recién le llegó el último día del casting. "Fue una sorpresa doblemente positiva, porque había sido seleccionada y era un papel muy protagónico. Nunca había imaginado cómo iba a ser mi debut en el cine", dice con sincera humildad la actriz, que estudia con Raúl Serrano. Según la veinteañera, "la fuerza está puesta en los personajes femeninos, en la abuela, en la madre y en Meme. Creo que su actitud es una respuesta al lugar de mujer que su madre, obsesionada con la farsa de la familia perfecta, intenta sacarle permanentemente. Relacionarse con su hermano, vivir como ermitaños es seguir en esa cosa endogámica de aceptación al mandato familiar, pero a la vez rechazando a su madre."
"Fue muy fuerte hacer la escena decisiva de la película. Fueron dos horas muy intensas. No nos pidieron que actuáramos de ninguna forma, sino como se fuera dando, que se generara lo que se tenía que generar. Quedamos muy movilizados", recuerda Abadi.
"Trabajar con Cristina -confiesa- fue un lujo. Ella tuvo mucha comprensión por el hecho de que para Lucas y para mí era nuestra primera película. La observaba y pensaba «qué bueno sería, algún día, ser como ella»".
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