Mia Farrow vuelve a dar miedo
A los 61 años regresa al cine
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LOS ANGELES.- "Después de tantos años y de tantas dudas alrededor de mi trabajo como actriz vuelvo con entusiasmo a hacer una película". Mia Farrow se confiesa. Tenía 23 años cuando hizo "El bebé de Rosemary", con Roman Polanski. A los 61 quiere relanzar su carrera con otra película de miedo. Es una de las protagonistas de "La profecía", que se estrena hoy en la Argentina (como en buena parte del mundo, por ser 6/6/06), nueva versión del exitoso largometraje homónimo que en 1976 dirigió Richard Donner con la actuación protagónica de Gregory Peck y Lee Remick.
Dice Farrow que la iniciativa de sumarse al reparto del film surgió de ella misma a partir de una llamada telefónica que le hizo al director John Moore. "Es que en el fondo yo soy una especie de pionera del género, si bien no creo que corresponda definir a «El bebé de Rosemary» y «La profecía» como películas de terror. Tampoco me parecen de terror las obras de Stephen King", señala la actriz. Entre “El bebé de Rosemary”, que inauguró un modelo de películas relacionadas con la posesión satánica, y esta nueva versión de “La profecía” hay, según Farrow, una línea de certidumbre en la búsqueda de hallar explicaciones a la lucha entre el bien y el mal. “Y también hay muchos temas contemporáneos unidos por un guión que me parece más que interesante. En «La profecía» se habla de todo lo que nos rodea: la guerra, la pobreza, los excesos del capitalismo, la destrucción del medio ambiente”, explica.
Farrow se mostrará en el film rubia, frágil y vestida con adustos tailleurs en el papel de la señora Baylock. “Mi personaje es la enfermera del Anticristo. Esta vez me tocó hacer de mala o, mejor, de mujer insidiosa y siniestra. Siempre me gustó trabajar con chicos, y tomar de la mano a un protagonista tan joven en esta aventura tenebrosa resultó muy estimulante para mi carrera”, sostiene la actriz.
Al respecto, Farrow agrega que al haber crecido ella misma entre mujeres que se dedicaron profesionalmente al cuidado de los chicos se siente con la familiaridad suficiente para esta clase de cuestiones. “No lo digo con ironía, porque hacer películas así no es fácil. Más allá de todo siempre busco la verdad, me hago preguntas sobre casi todo y esta película plantea muchos interrogantes”, destaca.
Un hijo marcado
En la película, Liev Schreiber y Julia Stiles personifican a un diplomático norteamericano establecido en Londres y a su esposa, ambos obligados a afrontar los problemas de un hijo que parece marcado por el Diablo. La señora Baylock es la única que parece conocer toda la verdad.
“En la película aparecen algunos de los grandes desequilibrios que vive nuestra sociedad y que también veo y experimento sobre mi propia piel, sobre todo cuando asumo el compromiso de trabajar como embajadora de Unicef, algo que vivo con una dedicación extrema”, puntualiza Farrow. Es así que en la pantalla –como si el Anticristo se empeñara en llevar adelante una venganza contra el mal del mundo puesto en confrontación con su propia visión– desfilan imágenes relacionadas con la guerra de Irak, las catástrofes ambientales, la caída de las Torres Gemelas, las amenazas de Osama ben Laden, la pobreza en la India, los abusos infantiles de todo tipo, la epidemia del sida, la disparidad entre la lujosa vida de los multimillonarios y la miseria en la que se encuentra parte del planeta...
Pasó mucho tiempo desde que Mia Farrow vivió sus días más duros, aquellos marcados por su separación de Woody Allen luego de que éste se enamorara de Soon-Yi, una de las hijas adoptadas por ambos durante ese matrimonio. De ese tema no quiere hablar. Prefiere referirse a su papel de madre.
“En algunas etapas de mi vida –dice–, cada vez que me convencía de que ser madre es lo más importante del mundo porque significa dar amor a una persona que debe aprender a vivir, me preguntaba al mismo tiempo si todavía tenía sentido actuar, fingir que se es otra persona.” Farrow observa esta situación como una gran paradoja en la vida de alguien que, como ella, creció en el seno de una familia de artistas (sus padres fueron el director de la época de oro de Hollywood John Farrow y la recordada actriz Maureen O’Sullivan) y se decidió desde muy joven a encarar un camino propio y aprender también de sus errores.
El guión de “La profecía” parece haberle devuelto el entusiasmo por el cine, por más que aclare que en los últimos años nunca abandonó del todo la carrera artística y se concentró más que nada en apariciones para la TV. “Por suerte, es un medio que ofrece oportunidades muy interesantes para actrices de edades muy diferentes. A veces el cine se concentra demasiado en personajes ajenos a mi situación generacional”, puntualiza.
¿Tuvo Mia Farrow, una mujer educada en los principios del catolicismo, alguna duda de carácter religioso para encarar su papel en “La profecía”? “Mi formación –responde– se basa en la antítesis entre el bien y el mal, algo que estaba tan claro en «El bebé de Rosemary», una película que ponía el acento en el miedo, el materialismo y los agregados pararreligiosos. No creo en el juego del escalofrío como un fin en sí mismo, pero la vida está atravesada todo el tiempo por el miedo y sólo tomar conciencia de aquello que nos hace mal y del temor ajeno puede ayudarnos a superar ese estado.”





