
Miguel Angel Solá, feliz con la buena repercusión de "La fuga"
Compara el éxito del film con el de "La Patagonia rebelde"
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MADRID.- El tema es, por supuesto, el éxito de "La fuga" en Buenos Aires. Pero Miguel Angel Solá, uno de los protagonistas, se presenta a la cita no con aire de festejo sino con el semblante abrumado de quien durmió poco. Y mal.
Muy lejos del divismo, se disculpa: "Mi hija menor, Cayetana, está cortando un diente. María Luz, de cinco años, estaba con dolor de panza. Fue una noche terrible", dice. Pero basta que las mencione para que la expresión le brille de nuevo.
Llegó en su pequeño Renault, modelo 1985, tras haber dejado por una mañana las cuatro horas diarias de jardinería que trata de hacer en su parque de casi 2000 metros, sobre el que se planta el enorme caserón que comparte con sus hijas y su mujer, la actriz Blanca Oteyza.
Son los pocos momentos de paz de un año intenso. Solá viene de filmar "Fausto" en Barcelona, con la Fura dels Baus. De hecho, aún trabaja en su doblaje. "Ufa... mañana tengo que ir al centro de Madrid", se queja, tras definirse como "de campo". Su casa queda en un suburbio bien alejado.
Vive estas semanas con un pie en Dinamarca, donde está filmando "La playa de los galgos", que, sobre libro de Mario Camus, cuenta la historia de un psiquiatra argentino -su papel- y un crimen del que, obviamente, no da detalles. "Lo más complicado es aprender danés", comenta.
"Está todo bien hecho..."
Mientras despacha un desayuno de café y medialunas habla de cosas reales e irreales. Del mito que se esconde en la película. ¿Fue real o no la fuga? ¿Cuánto tiene de cierta la historia? "¿A quién le importa?", dice. Y no hay manera de que deje de jugar con el mito. Tiene un sueño laboral: volver a hacer "El diario de Adán y Eva" con su mujer. "No sólo porque me gusta trabajar con ella sino porque, cuando filmo, la extraño horrores", dice. Y cuenta historias de kilómetros hechos en su pequeño auto para volver a casa. Donde vive desde hace dos años.
Enciende varios cigarrillos en la hora de charla. Habla del país y se irrita. Sueña con que tenga éxito la gente que "trabaja bien y no los pavotes de siempre". Y cuenta cómo es la experiencia de seguir -desde tan lejos- la respuesta del público para la película.
"Para mí la noticia es fantástica. Es bueno que la gente vea cine bien gestado", dice.
-¿Hay alguna manera de saber cuándo algo será un éxito?
-No. Nunca se sabe por qué eso ocurre. En el caso de "La fuga" todo está bien hecho. La dirección, el guión, el trabajo actoral, el trabajo de Mignogna. Se puso mucho en producción. Supongo que también tiene que ver con la mitología urbana... con eso de "yo lo vi... mi papá lo vio" y todo lo que permite que la vida sufra las transformaciones que quiere el espectador. Hay quien dice que una película no está terminada cuando llega el momento de presentarla sino un poco después, cuando el público la cuenta y, al hacerlo, la transforma...
-¿"La fuga" anda por esos vericuetos de relato tercerizado?
-Creo que en algo sí. Se trata de una historia de presos que van a cumplir los destinos que habían interrumpido en el momento de entrar en prisión. Con el último eslabón de su vida en libertad. Y eso tiene que ver con la melancolía argentina, con ese buscar la esperanza en el lugar menos indicado, porque suele estar más cerca del corazón que de la realidad.
-¿Y los actores no tienen nada que ver?
-Sí... estamos todos bien en el trabajo. Pero para mí esto trascendió esa presencia. Creo que más que nada la película se instaló por el lugar del mito. Del "¡Ah...! esa fuga tan famosa"... que nunca existió.
-Tengo entendido que está inspirada en una fuga de presos ocurrida en Buenos Aires en los años treinta...
-¿Ves? ¡Vos también tenés el mito!
-Pero... ¿existió o no?
-¡Qué se yo! ¿Quién sabe cuánto hay de verdad en el relato de las fugas de Villarino, el preso que se escapaba disfrazado de todas las cosas, y de Meneses, el policía que siempre lo andaba buscando.
-¿Te gustan las historias de fugas?
-No. Me gustan las de encuentros. Y en el caso de "La fuga", creo que la historia va por un andarivel que no es el de la anécdota sino la relación con lo argentino. Además, éste es el año de Eduardo (Mignogna). Viene haciendo un trabajo fantástico película tras película y escrito tras escrito, porque escribe como los dioses. "Cuatro casas", por ejemplo. ¿Lo leíste? ¡Es una maravilla!
Buenos y malos
-¿Cómo se vive el éxito del film?
-Yo estoy feliz de que a Mignogna le vaya bien. ¡Mejor que a los buenos se les preste atención! Porque si no la historia termina inclinándose por el lado de los malos. La pena es que esto sea una época de crisis, porque en otro momento la respuesta hubiese sido todavía mucho más grande.
-¿Con qué película argentina relacionarías la respuesta que hoy tiene "La fuga"?
-En cuanto a fenómeno de público y calidad, con "La Patagonia rebelde". Nada que ver el tema, sólo asocio la reacción y el gusto de la gente. Y no puedo dar una respuesta en cuanto a fenómeno masivo de concurrencia, porque hasta ahora las películas argentinas no han tenido una repercusión tan grande como ésta.
-¿Y "La historia oficial"?
-Después del Oscar. No antes. "La historia oficial" fue reestrenada por el Oscar.
-"La fuga" tiene coproducción española. ¿Cuál es la razón del interés inversor de la península en el cine argentino?
-No lo sé. El terreno de producción no lo manejo. Supongo que para los españoles debe ser buen negocio. Y que los actores argentinos les gustan, así como los guiones que se producen allí.
-Tu personaje en la película es curioso: un duro que, de pronto, se vuelve puro corazón y decide convertirse en hijo de un anciano desconocido. ¿Qué le ocurrió?
-Es un personaje que no tiene razón alguna para salir de la cárcel y, sin embargo, es uno de los cerebros en la fuga. Es el único a quien no espera nadie, no tiene vinculaciones, es un solitario. Y es un observador. Puestos en el juego, el personaje es Mignogna, que necesita un lugar desde donde documentar el relato. Comienza en el único episodio desgraciado que tuvo la fuga en sí, que es la muerte de la viejita en el lugar donde ellos aparecen al salir del túnel. Mi personaje es el de un tipo que no tiene esperanza ni motivo. No tiene pasado al que regresar, salvo ese pequeño instante en que lo impresionó la mirada de esa viejita que murió por un error. Y allí es donde regresa.
-¿En el fondo es un blando?
-En un momento se hace una grieta en el corazón del tipo más duro, y por ahí se cuela algo. ¿Por qué? La verdad es que no lo sé. Y después vuelve a sus viejas manías... a estafar. Que es su pasado -por así decirlo- "profesional". Pero no personal. ¡Es muy argentina esta película!
-¿Por lo de la estafa?
-Entre otras cosas, desgraciadamente. Pero también por eso de retorno al pasado. ¡Hay que ver nomás a quién tenemos de ministro de Economía en el país!
-Lo que no me queda claro es si el personaje te gustó o no.
-Es el único inventado respecto de la novela. Eduardo necesitaba alguien que hilvanara todo eso, que es el que finalmente venderá la novela y hará correr el mito de esta fuga famosa. Un estafador.
-¿No te gustó más el papel que hace Romano?
-¿Bordiola? ¡Ese es el más lindo de la historia y está muy bien hecho por Gerardo!
-¿Y por qué te atraía más?
-Por una cuestión de poesía. Bordiola es un perdedor que admite que lo es, que todo lo que construyó en su vida partió de un error y que ese error lo perseguirá hasta las últimas consecuencias. Todos los personajes tienen mucha poesía. Hasta el de Irala. Pero el de Irala hay que hacerlo. El de Bordiola ya está escrito. El personaje de Opitti también me gusta mucho. Toda la película es un mismo sentimiento en diferentes colores. Pero sin duda el más poético es el personaje de Bordiola.
-¿Te afecta la muerte de Arturo Maly al ver la película?
-Habíamos sido compañeros muchas veces. Era un excelente actor y muy buena persona, muy divertido. Prefiero recordarlo así, moviéndose, en una película como "La fuga" o como cualquier otra de las que hizo. No quiero pensar en la muerte.
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