Mike Leigh: desde lo oscuro del alma
Su polémico film, "El secreto de Vera Drake", que trata sobre las relaciones familiares y el aborto, se estrenará el jueves
1 minuto de lectura'
La odisea artística y comercial de "El secreto de Vera Drake", la más reciente película del notable director inglés Mike Leigh, fue en un principio casi tan dramática y controvertida como la propia historia que narra: las experiencias íntimas de una empleada doméstica de clase media-baja, madre de dos hijos y casada con un mecánico, que durante dos décadas se dedica a practicar abortos gratuitos a adolescentes.
El nuevo film del celebrado realizador inglés tuvo bastantes contratiempos para su financiación y su posterior rodaje, pero el prestigio de Leigh permitió que el proyecto finalmente se concretara. El cineasta, de 62 años, decidió presentarlo para la competencia de Cannes seguro de que ese sería el ámbito ideal para su lanzamiento internacional. (Allí habían tenido sus premières mundiales "Naked", "Secretos y mentiras", que terminó ganando la Palma de Oro en 1996, y "A todo o nada".) Pero, para su sorpresa e indignación, "Vera Drake" (su título original) fue rechazada por los programadores. La ansiada revancha le llegó cuatro meses más tarde, cuando este impactante retrato humano rodado con la habitual ductilidad, recato, credibilidad, convicción y sensibilidad del director se estrenó en el Festival de Venecia, donde obtuvo nada menos que el León de Oro a la mejor película y la distinción a la mejor actriz, para la magistral Imelda Staunton. Desde entonces, no paró de recibir galardones en Europa y los Estados Unidos y hasta fue nominada a tres premios Oscar (guión, dirección e intérprete protagónica).
En un encuentro de 40 minutos que mantuvo con LA NACION en la Pagoda, un paradisíaco enclave balneario ubicado frente al mítico Hôtel des Bains del Lido veneciano, Leigh se refirió a las simplificaciones o "malas lecturas" que pueden hacerse de "El secreto de Vera Drake" por su polémica temática: "No es un film en favor del aborto sino una exploración de los dilemas morales entre lo que supuestamente está bien y lo que supuestamente está mal, y el porqué determinados comportamientos han sido criminalizados por la sociedad. Es un film que plantea interrogantes y no da certezas, que debe ser explorado con la mente abierta, no con la rivalidad y el fanatismo del blanco o negro con que lamentablemente se suele analizar esta problemática".
El guión, escrito por el propio Leigh e "inspirado en cientos de casos reales pero no en una mujer concreta", está ambientado en la sórdida zona del norte de Londres de los años 50 "porque quería tratar las contradicciones propias del período de posguerra, ya que a partir de 1967 la legislación fue modificada y el aborto fue declarado legal en Inglaterra. Pero, para mí, «Vera Drake» es una película muy moderna".
Respecto de las acusaciones que sus detractores esgrimen sobre una posible propensión del artista a exaltar a la clase trabajadora hasta convertir a sus protagonistas en héroes al borde del estereotipo, Leigh indicó que "yo jamás apuesto a las descripciones psicológicas unidimensionales, ni al maniqueísmo, ni a la glorificación artificial, sino que trato de explorar en el trabajo con mis actores toda la complejidad, las contradicciones y los contrastes, las diversas aristas de cada personaje y también de cada contexto socioeconómico".
Implacable opositor al thatcherismo durante los años 80, Leigh admite, sin embargo, que su atención siempre está puesta en los más desprotegidos. "De la historia de «Vera Drake» trascienden otras cuestiones, como el hecho de que las víctimas de los abortos clandestinos suelen ser las mujeres de clase baja, que no pueden pagar una atención médica de buen nivel. O también que los hombres, en su gran mayoría, no suelen asumir su responsabilidad en el tema. Pero mi película está muy lejos de ser un manifiesto político, sino que se centra en el drama humano de una mujer que no siente culpa ni tiene una elaboración intelectual de algo que hace en el nivel instintivo."
Lo que nadie (ni siquiera sus más acérrimos opositores) pone en duda es la integridad e independencia que Leigh ha mantenido imperturbable durante los 40 años de carrera (17 largometrajes para cine y otras 10 películas para televisión). "Yo no hago rodajes demasiado costosos, no trabajo con intérpretes caros, o por lo menos no les pago lo que ellos suelen cobrar, y tampoco pretendo ganar demasiado dinero con cada proyecto, pero al mismo tiempo no negocio absolutamente nada en el terreno estrictamente artístico. Exijo algunas condiciones mínimas, como poder tener a los actores para ir trabajando el guión en largos ensayos previos, y que ningún productor se entrometa en el rodaje ni en el montaje final. Por suerte, siempre trabajo con la misma gente, como Alain Sarde o Simon Channing-Williams, que han aprendido a respetar mi lugar. Esta independencia a ultranza es mi principal estandarte y mi gran orgullo. El resto son, simplemente, mejores o peores películas hechas en momentos de mi vida de mayor o menor inspiración."


