
Mortensen, un monstruo con alma
A partir de gestos y miradas filosas, el actor construye un personaje subyugante
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Promesas del Este (Eastern Promises, Gran Bretaña-Canadá-Estados Unidos/2007). Dirección: David Cronenberg. Con Viggo Mortensen, Naomi Watts, Vincent Cassel, Armin Mueller-Stahl, Sinéad Cusack, Mina E. Mina y Jerzy Skolimowski. Guión: Steven Knight. Fotografía: Peter Suschitzky. Música: Howard Shore. Edición: Ronald Sanders. Diseño de producción: Carol Spier. Producción hablada en inglés, ruso, turco y ucranio con subtítulos en castellano y presentada por Sun Distribution Group y Distribution Company Argentina. Duración: 100 minutos.Al igual que la reciente Una historia violenta , Promesas del Este puede parecer -en primera instancia y a partir de una mirada algo superficial- un thriller alejado del cine más extremo y corrosivo del director canadiense David Cronenberg.
Nuestra opinión: muy buena
Pero ambos films encabezados por el gran Viggo Mortensen, que funcionan casi como un díptico, esconden bajo su capa de (buen) cine de género un costado bastante más ambicioso y sombrío. Son exploraciones sobre la violencia, sobre la ambigüedad moral, sobre las contradicciones psicológicas, sobre la lucha entre las fuerzas del bien y del mal que muchas veces residen dentro de una misma persona, y que terminan dando varias vueltas de tuerca sobre las fórmulas más previsibles y convencionales del cine de crímenes y suspenso.
Promesas del Este arranca con dos escenas durísimas: en la primera, ambientada en una peluquería londinense, un muchacho le corta la garganta a un gánster ruso; mientras que en la segunda, una prostituta de ese mismo origen, de apenas 14 años, llega sangrando a un hospital y muere tras dar a luz a una beba.
Sangre y lluvia, sordidez y belleza, brutalidad y fascinación es lo que transmite este guión del inglés Steven Knight (que ya había impactado con su descripción del mercado negro de tráfico de órganos londinense en Negocios entrañables , de Stephen Frears), filmado con la ductilidad de siempre por el realizador de La mosca, Pacto de amor y El almuerzo desnudo .
Anna (otro gran trabajo de Naomi Watts) es la partera del hospital Trafalgar que salva de la muerte a la beba y descubre entre las pertenencias de la joven madre fallecida un diario personal con aterradores detalles sobre el accionar de la vory v zakone, como se conoce a la mafia rusa.
Ese diario será el que conecte a Anna con una banda de gánsteres que opera desde un lujoso restaurante: el "padrino" Semyon (Armin Mueller-Stahl), un veterano de buenos modales, voz baja, pero alta carga sádica y manipuladora; su hijo Kirill (Vincent Cassel), un ser cruel y amante de los excesos, y Nikolai (Mortensen), chofer y verdadero profesional del submundo delictivo, capaz de cortar unos dedos o unos dientes de un cadáver sin siquiera inmutarse.
La confrontación entre el mundo de Anna y el de los mafiosos es el eje dramático del film. Ella se acercará entre la curiosidad y la repugnancia a estos hombres primitivos, despiadados, aterradores, amantes del vodka y dueños de unos cuerpos llenos de unos tatuajes que son marcas de guerra, de sus logros y ascensos en el escalafón mafioso.
Todos los personajes del film resultan subyugantes en sus múltiples matices porque todos esconden un lado oscuro que los hace vulnerables. Desde la conflictuada Anna, que vive con su madre (Sinéad Cusack) y con un tío racista (Jerzy Skolimowski) hasta los propios gánsteres. En este contexto de gran talento actoral, se destaca el trabajo de Mortensen (nominado con absoluta justicia al premio Oscar), ya que con muy pocos diálogos, a partir de gestos, de miradas filosas, de posturas corporales, de situaciones incómodas (como una escena de sexo con testigos), es capaz de construir un personaje tan seductor como perturbador, un monstruo con alma.
Además, para la concreción de este relato inquietante y de atmósfera ominosa, que por momentos muta hacia el melodrama romántico, el policial con giro inesperado y el cuento de hadas navideño, Cronenberg contó con el aporte de su habitual equipo de colaboradores, encabezado por el fotógrafo polaco Peter Suschitzky, el músico canadiense Howard Shore y el montajista Roland Sanders.
Película sobre el honor, la familia, la inmigración y, muy especialmente, sobre los efectos desgarradores de la prostitución globalizada, Promesas del Este resulta, entonces, ya no sólo una más que digna incursión en el universo del thriller, sino lisa y llanamente una gran película.
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