
Murió Sam Neill, el actor que tuvo una carrera a su medida y se hizo famoso a la sombra de los dinosaurios de Jurassic Park
Tenía 78 años y llevaba más de cinco años luchando contra un cáncer en la sangre; además de la fama que le consiguió la saga jurásica de Steven Spielberg formó parte del elenco de La lección de piano, el film ganador de tres premios Oscar
“Tiene una cara que resulta muy familiar. ¿Cree que ese es parte del secreto de su éxito”? le preguntó hace pocos meses un lector del diario británico The Guardian a Sam Neill, el actor neozelandés conocido en todo el mundo por su papel en la saga de Jurassic Park que murió hoy, a los 78 años. La noticia fue difundida por su familia a través de Instagram.
“Es con enorme tristeza que los seres queridos de Sam Neill comparten la noticia de su fallecimiento ocurrido este lunes 13 de julio en Sídney, Australia. Sam estaba rodeado de su familia y murió con la dignidad que lo caracterizó toda su vida. Su partida fue repentina e inesperada aunque bendecida por el hecho de que Sam estaba libre de cáncer”, se lee en el comunicado que termina pidiendo respeto por la privacidad de los suyos.
“No, al contrario. De hecho, tuve que sobreponerme a la ordinariez de mi apariencia”, contestó el actor al lector de The Guardian, una respuesta que de alguna manera resume quién era el intérprete que prefería decir que era mitad granjero y mitad actor, que solía bautizar a los animales en su campo con los nombres de sus colegas más famosos y que debe haber sido uno de los pocos en su profesión en hacer el casting para convertirse en James Bond deseando con todas sus fuerzas no ser elegido para el papel.

“Me sentí incómodo todo el día de la audición que fue larguísima. Qué alivio que hayan elegido a otro. Realmente no quería ser el Bond que no le guste a nadie. Es un destino peor que la muerte”, explicaba Neill en una entrevista de 2021 al recordar su experiencia como potencial agente 007 a finales de los años 80. En aquel entonces, Timothy Dalton fue seleccionado para interpretar al espía británico mientras que la carrera del actor neozelandés continuó por caminos alternativos que, sin embargo, en poco tiempo lo llevarían hasta la popularidad global. Incluso a pesar de su rechazo ante la idea de ser famoso. “Realmente espero no ser una celebridad. Creo que son trabajos distintos. Podés ser un actor-con suerte un muy buen actor-, pero ser una celebridad es otra cosa. Podés decidir si querés una o la otra. Yo nunca quise ese nivel de fama, de hecho la esquivé como a la plaga”, explicó el actor en una entrevista con el diario australiano The Sydney Morning Telegraph en 2022.

Nacido el 14 de septiembre de 1947 en la mesa de la cocina de la casa familiar en Omagh, Irlanda del Norte, donde su padre neozelandés estaba trabajando para la armada británica, el futuro actor fue bautizado con el nombre de Nigel John Dermot Neill.
De regreso en Nueva Zelanda, a los 9 años el pequeño Nigel ingresó como pupilo a uno de los colegios más distinguidos del país, donde rápidamente entendió que su acento raro, la tartamudez que padecía y su “tonto” nombre de pila le garantizaban la burla constante de sus compañeros. Así, inspirado por los valientes personajes de los westerns que admiraba, Neill tomó el nombre de Sam. “Probablemente la mejor decisión que tomé en mi vida. Sam es fácil de decir, suena amistoso y fuerte con un toque de perro labrador”, recapitulaba el actor en su libro de memorias, publicado en 2023 tras haber sido diagnosticado con una rara forma de cáncer.

Un estudiante vago y no especialmente brillante, según su propia descripción, el actor decidió estudiar letras en la universidad y fue allí dónde empezó a interesarse por el teatro. Luego de graduarse se sumó a una compañía que hacía giras presentando obras de Shakespeare y clásicos del repertorio infantil.
En busca de un trabajo más estable cambió los escenarios por la producción de documentales y cortometrajes para el instituto de cine de Nueva Zelanda. Sin embargo, su interés por la actuación seguía intacto y cada tanto despuntaba el vicio apareciendo en los cortometrajes de sus colegas. Gracias a ellos consiguió su primer papel protagónico en un largometraje, Perros de presa (1977), el primer film en colores hecho en Nueva Zelanda que puso en marcha un nuevo movimiento de cine en el país. Pero fue su siguiente papel en el drama de época Mi brillante carrera, de Gillian Armstrong, el que lo convenció de que todo el asunto de la actuación podía funcionar para él. La película compitió en el festival de Cannes, lo que le dio una exposición internacional de alcances inesperados. Entre ellos estuvo la amistad con el legendario actor británico James Mason, con quien trabajó en el telefilm Ivanhoe y luego se ocupó de mandar cartas a sus productores amigos para recomendar al joven intérprete neozelandés instalado en Australia.
Gracias a la generosidad de Mason, Neill consiguió su primer trabajo en Hollywood como protagonista de La última profecía, la tercera parte de la serie de películas sobre Damien Thorn, el anticristo.

Más allá de la oportunidad de continuar su trayectoria en Los Ángeles, Neill optó por seguir un camino a la medida de su curiosidad artística. Así, apareció en Una mujer poseída, el film ganador de la Palma de Oro de Cannes dirigido por Andrezj Zulawski y protagonizado por Isabelle Adjani, al que siguió con un par de exitosas miniseries y películas australianas como Un grito en la oscuridad, que protagonizó junto a Meryl Streep y Terror a bordo, en la que compartía escenas con una estrella en ascenso: Nicole Kidman.
El suceso de ese thriller le dio un nuevo impulso a la carrera del actor que a principios de los 90 parecía estar en todos lados con papeles en La caza del Octubre Rojo, en Hasta el fin del mundo, de Wim Wenders y en La lección de piano, de Jane Campion. Curiosamente, el film independiente resultó un suceso entre los críticos, se llevó tres premios Oscar y para Neill, quién interpretaba al duro terrateniente casado por conveniencia con la mujer muda que encarnaba Holly Hunter, fue la mejor carta de presentación de su rango como actor. Es que el mismo año, 1993, en el que interpretó al villano del sombrío drama de Campion, el actor apareció en su película más popular: Jurassic Park.
Y aunque de ese momento en adelante el mundo entero empezó a reconocerlo como el doctor Alan Grant, el paleontólogo fascinado con el regreso de los dinosaurios vía experimentos genéticos, y muchos también lo recordaban por la escena en La lección de piano en la que en medio de un ataque de furia su personaje le cortaba un dedo a su esposa con un hacha, Neill prefería pensar que la atención del público no lo alcanzaba. “Si sos el tipo que le cortó un dedo a alguien en una película no vas a ser el ídolo de un espectador de 25 años que vive en Delaware. Y lo mismo sucede si estás en una gran película de Steven Spielberg en la que la atracción principal son los dinosaurios”, resumió el actor en una entrevista con The Hollywood Reporter en 1994.
Puede que su cara no figurara en los posters más colgados por los cinéfilos, pero su modestia era exagerada. Desde mitad de los noventa, su presencia en pantalla garantizaba que, al menos durante sus escenas, la película o la serie en cuestión valdría la pena.

Así lo prueban films como En la boca del miedo, de John Carpenter; Restauración, dos de las secuelas de Jurassic Park (Jurassic World 3 (2001) y Jurassic World Dominion (2022), Hunt for the Wilderpeople, de Taika Waititi, con el que volvió a colaborar en Thor Ragnarok y Thor: amor y trueno. Por el lado de la TV también se destacó en series como Merlín y más recientemente gracias a su participación en las dos primeras temporadas de Peaky Blinders, donde interpretó a Chester Campbell, un jefe de policía corrupto, y Apples Never Fall (2024), miniserie disponible en Universal+.

Siempre ocupado con uno o varios proyectos a la vez, de todos modos Neill se hizo el espacio para dedicarle tiempo a su pasión por la vida en el campo. A principios de los 90 compró tierras y un viñedo en Nueva Zelanda desde el que comenzó a producir su propio vino que, para su sorpresa, resultó lo suficientemente bueno para ganar algunos premios y continuar en marcha más de 30 años después. “Tenía pensado producir solo un par de cientos de cajones de algo que fuera bebible, así que nadie se sorprendió más que yo cuando abrí la primera botella y resultó que era un vino bastante bueno”, contó en 2001.

Desde su viñedo, el actor se transformó en una suerte de estrella viral durante la pandemia gracias a los videos que publicaba en las redes sociales en los que se lo veía y escuchaba tocar conocidas canciones en su ukelele rodeado de sus animales con aspiraciones de estrellas acordes con sus nombres: entre una y otra canción el intérprete contaba las últimas novedades de su vaca Helena Bonham Carter, las aventuras en las que se había metido su gallo Michael Fassbender y la suerte de su cerdo Amy Adams. Por ese tiempo, en 2021, Neill anunció que había sido diagnosticado con una forma rara de cáncer en la sangre y que debía someterse a un tratamiento de inmediato.

“No tengo miedo a morir. No es algo que me preocupa, pero si sucediera ahora sí me molestaría bastante, porque todavía hay muchas cosas que quiero hacer”, explicó en una entrevista televisiva en 2023. Tal vez para cumplir con uno de sus pendientes, en el proceso de atravesar su enfermedad el actor escribió un libro de memorias al que tituló Did I Ever Tell You This? (¿Alguna vez te conté esto?), en el que desplegaba un humor filoso siempre apuntado a reírse de sí mismo. Allí hablaba de sus tiempos de escuela-”era un estudiante mediocre e irremediablemente perezoso”-, bromeaba con su temperamento-”soy un ser trivial, superficial. No van a encontrar en mí ningún lago de profundidad glaciar”-, y finalmente admitía que nunca había dejado de ser el chico aterrorizado que había viajado de Irlanda del Norte a Nueva Zelanda.
“Mi exterior corresponde indudablemente con Sam, el neozelandés. Un tipo que incluso podés reconocer, pero en mi interior, en algún lugar muy profundo, vive un chico pequeño y tímido con un acento peculiar y su nombre no es Sam. Es Nigel”.


