
Patrice Chéreau: el multifacético cineasta que revolucionó la ópera
Patrice Chéreau murió ayer, a los 68 años, víctima de un cáncer. Director de cine, guionista, director de teatro, régisseur, actor. Seguramente, su nombre está ligado en el gran público a su film La reina Margot , de 1994, protagonizado por Isabelle Adjani, pero hay muchas más facetas en su trayectoria. Nació en el seno de una familia de artistas. Se inició en el teatro en un instituto de enseñanza media de París, la misma ciudad en la que falleció ayer. En salas de la periferia montó sus primeros trabajos. A los 16 años, ya tenía su propia compañía.
En 1969 dirigió su primera ópera en el Festival de Dos Mundos de Spoleto. Justamente en Italia se sumó al legendario Piccolo Teatro de Milán de fines de los años 60, cuando la sala era todo un símbolo de la vanguardia. Al retornar a París, su trayectoria se amplió, se expandió y le llegaron los reconocimientos (los mismos que él miraba con cierta desconfianza).
En su personal búsqueda, decidió montar textos clásicos -Anton Chejov, Victor Hugo, Lope de Vega- y obras de dramaturgos contemporáneos con fama de autores malditos. De hecho, fue un gran impulsor de la obra de Bernard-Marie Koltès y no tuvo reparos en divulgar y defender su producción cuando estuvo a cargo del Théâtre des Amandiers-Nanterre.
En 1976, Wolfgang Wagner le propuso dirigir El anillo del nibelungo , de Richard Wagner, en el Festival de Bayreuth, con Pierre Boulez como director musical. Para muchos observadores ese montaje de la Tetralogía (que concluyó en 1980) adquirió la extraña categoría de hito, de punto de referencia, de hecho artístico que permitió abrir las puertas a nuevas formas de representación.
Mientras todas esas formas de expresión iban tomando cuerpo, su actividad cinematográfica seguía su curso por caminos paralelos y complementarios. Su relación con el séptimo arte nunca fue sencilla. Hubo momentos de grandes reconocimientos, como el que recibió su film La reina Margot, en Cannes; pero también sus triunfos provocaron controversia, como la que generó su película Intimidad en el festival de Berlín, en donde se llevó el Oso de Oro. El film, con explícitas escenas de sexo, ponía en cuestión las relaciones humanas, los límites de la corporalidad y los sentimientos.
Antes de los premios y la polémica, con Los que me aman tomarán el tren , el director había explorado la idea de la mortalidad y las formas del amor. Con un cine cada vez más intimista y dirigido a explorar las aristas más complejas de las relaciones humanas -como la de los hermanos de Son frère, película por la que ganó el premio al mejor director en la Berlinale-, Chéreau, en los últimos años, manifestaba cierto desencanto por el medio que lo consagró.
En 2010 llegó a Buenos Aires para descansar y cerrar una presentación en el marco del FIBA, el encuentro escénico que se está realizando por estos días. Por problemas de salud, ese mismo proyecto recién pudo concretarse el año último. Fue en el Cultural San Martín, donde interpretó el unipersonal El gran inquisidor , de Dostoievski. Fue su primer y último encuentro con el público argentino. En una entrevista con este diario, se le preguntaba acerca de la fuerte presencia que tienen en sus películas el sexo y la muerte. "Es simple: me gusta el sexo y temo a la muerte", confesó.
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