Se estrena Pin de Fartie, la nueva aventura de El Pampero Cine
La nueva película de Alejo Moguillansky tiene al teatro del absurdo de Samuel Beckett como principal inspiración
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No hay obra de El Pampero Cine que no lleve al espectador hacia algún terreno completamente inesperado. Puede ser el comienzo de una aventura infinita a través de la inmensa geografía bonaerense, como ocurre en Historias extraordinarias (2008) y Trenque Lauquen (2022), una indagación sobre la obra canónica de ciertos autores (escritores, músicos, artistas plásticos) o bien alguna original exploración en torno de la creación artística en sus múltiples capas, dimensiones y formas.
Este último terreno es el escenario predilecto en el que desarrolla su trabajo creativo Alejo Moguillansky, uno de los cuatro referentes de El Pampero Cine, un proyecto colectivo que se animó desde su nacimiento en 2002 a expandir las fronteras creativas del cine argentino a partir de mecanismos de producción atípicos, novedosos y ajenos a la dependencia del financiamiento público.
Moguillansky comparte con los otros tres grandes artífices de El Pampero Cine (Mariano Llinás, Laura Citarella y Agustín Mendilaharzu) un perfil multifacético que lo lleva simultáneamente a desempeñarse como director, autor, productor, intérprete y montajista, además de sumarse con otras tareas complementarias a los proyectos de sus compañeros de ruta.
Esa multiplicidad queda también representada en las historias que el colectivo impulsa: relatos que guardan en su interior fragmentos de otros relatos y se nutren de todo tipo de escuelas, géneros, estilos, influencias y épocas.
Lo que distingue a Moguillansky, según sus propias palabras, es su vocación por construir proyectos propios sobre la base de “fragmentos documentales, momentos improvisados y grupos e individuos reales” que luego reelabora incansablemente con la ayuda de la ficción. El resultado más reciente de esta operación con múltiples abordajes es Pin de Fartie (2025), que se exhibe todos los viernes de marzo a las 20 en el auditorio del Malba (Av. Figueroa Alcorta 3415).
Escrita por Moguillansky junto a Luciana Acuña y Mariano Llinás, Pin de Fartie se estrena en la Argentina después de su paso por el Festival de Venecia. Allí se presentó por primera vez dentro de la programación de la sección paralela Orizzonti. Luego pasó por los festivales de Nueva York, Viena, Valladolid y la muestra anual del American Film Institute en Hollywood, California.
Moguillansky toma como punto inicial de este largometraje la clásica obra de Samuel Beckett Final de partida (empezando por el juego de palabras propuesto desde el título) y lleva ese cruce entre absurdo y tragedia a un escenario múltiple en el que la poética se mezcla con la realidad argentina de los últimos tiempos.
El propio director, en las notas que acompañan la presentación del film, enumera varias perspectivas desde las cuales Pin de Fartie podría entenderse. Dice que el film habla de despedidas, de “la crisis de un país del sur”, del final de la infancia, de la ceguera, de Beethoven y, por supuesto, de Beckett.
Es posible que la trama, ajena a cualquier fórmula narrativa tradicional, desconcierte de entrada a algún espectador no iniciado en el teatro del absurdo, pero después de un primer acercamiento ya no resulta difícil reconocer, entre otras cosas, la conexión entre esa impronta y la peripecia argentina de estos tiempos.
La más precisa aproximación a nuestra realidad surge (con una alusión directa a la pieza original de Beckett) en la pareja que vive dentro de un contenedor de basura en la Plaza Lavalle. Pero el cuadro se hace más amplio, más poético y también más lúdico (esta última cualidad está presente todo el tiempo) en los diferentes planos, intercambios y segmentos del relato.

Vemos, por ejemplo, a un hombre ciego compartiendo el tiempo junto a su joven asistente a la vera de un lago suizo. La tensa relación entre ambos parece por momentos aliviarse o mostrar su costado más cómico. Y también aparecen otras parejas: dos actores que ensayan una obra de teatro en un antiguo departamento mientras se tratan como amantes y un hijo (el propio Moguillansky) que comparte los momentos finales de la vida de su anciana madre (Margarita Fernández), una pianista ciega que solo puede ejecutar el Claro de Luna porque es la única pieza que perdura en su memoria. Cleo Moguillansky (hija del realizador), Santiago Gobernori, Laura Paredes, Marcos Ferrante, Luciana Acuña, Laura López Moyano y Fernando Tur completan el elenco.
Todo este ciclo en permanente movimiento se completa con un registro de grabaciones e imágenes (lunas, trenes) que otros dos personajes se empeñan en preservar. Queda en manos del espectador el trabajo de imaginar cómo terminarán engarzándose todas esas piezas, que también incluyen temas musicales de Maxi Prietto. Y preguntarse si en definitiva la nueva película de Moguillansky es más triste o más alegre, si puede cambiar las cosas o dejarlas como están.

Y si cuesta arribar a una conclusión, quedará siempre un valioso consuelo: una película como Pin de Fartie siempre nos dejará lleno de preguntas. El cine de Moguillansky tiene la rara virtud de trasladar a cada espectador su propia e inagotable curiosidad, como ocurre con cada nueva película de El Pampero Cine.
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