Sean Penn, el primer favorito al Oscar

El actor suena para un nuevo premio por su papel en Milk, el film de Gus van Sant sobre un político gay asesinado
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25 de noviembre de 2008  

Apenas está asomando, pero el consenso del público ya lo candidatea al Oscar. Ocurre con el film y, especialmente, con su inefable actor protagónico. Se trata de Milk , el más reciente desafío de Gus van Sant (Louisville, 1953, quien, luego de Elephant , insiste en una veta a medio camino entre el documento y la ficción), sobre un personaje a quien una muerte violenta lo convirtió en antorcha: Harvey Milk, el primer homosexual estadounidense que llegó a un cargo público (consejero comunal), a raíz de lo cual, a los 48 años, fue asesinado junto al alcalde de la ciudad californiana de San Francisco el 27 de noviembre de 1978. Pasado mañana, día en que se cumplen 30 años de su muerte, la película se estrenará en los Estados Unidos, precedida de enorme expectativa.

Como es habitual con los personajes extraídos del acontecer histórico reciente, una aureola especial acaba por rodear al intérprete que lo corporiza (ocurrió con Truman Capote, admirablemente asumido por el laureado Philip Seymour Hoffman). El actor que, al parecer, ha hecho una formidable creación con la figura de Harvey Milk es Sean Penn, de quien, después de una avant-première en la mismísima San Francisco y otra en Los Angeles, coronada por diez minutos de aplausos, la crítica ya anticipa que el 22 de febrero próximo se llevará sin esfuerzo una nueva estatuilla de la Academia de Hollywood. (Ya tiene una por Río M ístico.) Hay un antecedente: el documental The times of Harvey Milk (Rob Epstein) se alzó con el Oscar de su categoría en 1984.

La irrupción de Milk, con su tema polémico, se produce en un momento clave. Los ánimos se exaltan en coincidencia con la reciente votación por la llamada 8» Propuesta en California, cuya aprobación restringe los derechos civiles y matrimoniales para los homosexuales. Y la película de Van Sant, que en tonos sepia salpica con flashes operísticos de época (la Tosca que cantaron entonces la Callas y Giuseppe Di Stefano, ídolos del fanático pucciniano Milk), actualiza enfrentamientos políticos callejeros de entonces, no muy distintos de los alegatos religiosos en torno a la familia tradicional que se destaparon en los últimos días.

Coyuntura política

"No quise que el film se estrenara antes del voto con el que esta América eligió un presidente afroamericano pero que, en los mismos días, niega la ciudadanía a muchos seres humanos", señaló Van Sant, en clara alusión al nuevamente demorado reconocimiento a los homosexuales.

Por lo que se puede apreciar en los trailers que circulan por la Web, Penn despliega con soltura una dinámica física particularmente vivaz, en los hábitos de ese ícono de aquella contracultura de los años 60; proveniente de una familia tradicional judía de Long Island, Milk se estableció en San Francisco en la Castro Street, un sector por entonces favorito de gays y lesbianas. En 1977 se impuso en las elecciones comunales e inició reformas irritantes para los conservadores, especialmente para su adversario político Dan White, ex policía. A fines de noviembre de 1978, el consejero White renunció y el 27 de ese mismo mes, alterado, se deslizó en el municipio con un fusil; primero mató al alcalde, George Moscone, y después le disparó cinco balazos a Milk en su despacho.

El cine resucita a Milk en coincidencia nada casual con circunstancias políticas; su talentoso "reanimador", ante las cámaras, se agita en la calle Castro y grita: "¡Mi nombre es Harvey Milk y estoy aquí para reclutarte!". Pero su nombre es Sean Penn y apuesta a ganar. El, también.

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