
Sensible retrato de familia
"El día más bello de nuestras vidas" ("Il più bel giorno della mia vita", Italia/2002, color). Dirección: Cristina Comencini. Guión: Cristina Comencini, Lucilla Schiaffino y Giulia Calenda. Fotografía: Fabio Cianchetti. Música: Franco Piersanti. Escenografía: Paola Comencini. Edición: Cecilia Zanuso. Con Virna Lisi, Margherita Buy, Sandra Ceccarelli, Luigi Lo Cascio, Jean-Hughes Anglade, Ricky Tognazzi, Maria Luisa De Crescenzo, Francesco Scianna, Marco Baliani, Marco Quaglia, Francesca Perini. Presentada por CDI Films. Hablada en italiano. Duración: 102 minutos. Sólo apta para mayores de 13 años.
La pequeña Chiara, que a punto está de vivir el día más bello de su vida, el de la primera Comunión, puede tener la candidez y la inexperiencia de un chico, pero no se le escapa que hay cosas que no andan del todo bien entre los suyos. Quizás opina que está haciendo falta un poco más de sinceridad, según ha podido deducir de las palabras del sacerdote con quien aprende el Catecismo, aunque también le ha oído decir que la verdad es una espada que divide a la gente.
Por de pronto, lo que puede apreciarse es que sólo en la repetición de los rituales se hace visible el lazo familiar. Se mantienen las formas, como se mantiene la vieja villa en la que la abuela Irene sobrevive al lento deterioro entregándose al recuerdo y no viendo -o no queriendo ver- los conflictos que enfrentan sus tres hijos. La mayor vive tras la muerte del marido en una soledad afectiva que quizá trata de compensar con el cuidado extremo de su hijo adolescente.
La menor de las mujeres, que es la madre de Chiara y de Silvia, otra adolescente, debería ser feliz, ya que ha formado una familia y disfruta de una sólida posición económica, pero la presunción es errónea. El único varón, Claudio, está apartándose cada vez más del grupo para no tener que seguir ocultando su condición homosexual, que por otro lado no se atreve a revelar.
Hay, puede percibirse, mucha insatisfacción en todos estos personajes tenuemente unidos por el afecto; por eso, por debajo de los gestos, bulle el malestar nacido de los secretos, los silencios, los sobreentendidos, los engaños.
El retrato de familia no busca sólo describir la crisis en que se precipita el grupo cuando las tensiones acumuladas conducen al derrumbe de las mentiras y los disimulos y cuando cada uno se atreve a enfrentar el trance de ser franco consigo mismo y con los demás; el film también se propone revisar las evidentes diferencias en la idea de familia que concibe cada uno.
Cristina Comencini no pierde de vista la dimensión casi intimista del cuadro que pinta. Su film no aspira al examen sociológico ni al diagnóstico sobre el estado de la institución familiar. Es sólo el retrato de un grupo de personajes enfrentados a sus conflictos emotivos y sexuales y puestos a aprender -si no a resolverlos-, a reconocer su existencia y convivir con ellos.
Cine de sentimientos
Es un film de sentimientos, terreno en el que la realizadora parece conducirse con singular sensibilidad y notable sutileza, sin caer en la apelación lacrimógena ni en la acentuación melodramática.
Una leve atmósfera de sincera ternura -y quizá también esa ligera nostalgia que tiñe los recuerdos personales- emana del film, que encuentra en su elenco, encabezado por la madura y siempre bella Virna Lisi y la invariablemente encantadora Margherita Buy, colaboración decisiva.
Por cierto hay en el guión algunas concesiones manifiestas: la sospechosa simultaneidad con que todos los personajes atraviesan momentos conflictivos, ciertas líneas de diálogo puestas en boca de la pequeña Chiara, alguna coincidencia bastante forzada para que todos terminen conectándose con la trama central. Pero esos artificios quedan bastante velados gracias a la habilidad con que Comencini superpone y ensambla las historias individuales, a la sincera emoción que vuelca en las imágenes, a la naturalidad con que afronta el tema del sexo y a la firmeza con que asegura el tibio medio tono elegido para el relato.
La ambientación, obra de Paola Comencini, hermana de la realizadora -ambas son hijas del recordado Luigi, director de "Pan, amor y fantasía"-, es uno de los grandes aciertos del film.




