Siguen los claroscuros frente al mar

Gran trabajo del británico Tom Hiddleston en la película The Deep Blue Sea, de Terence Davies
Claudio Minghetti
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20 de septiembre de 2011  

SAN SEBASTIAN.- Otras dos películas de la competencia oficial del festival donostiarra generaron polémica. Una por su bella concepción formal, aliada a un rictus teatral conservador, la otra por su estructura desafiante fuera de género y, a la vez, por las dificultades que ofrece para su lectura al menos a simple vista.

Terence Rattigan vuelve al cine. El dramaturgo inglés, pero de origen irlandés, Rattigan (de quien este año se cumplen 100 años de su nacimiento) fue un gran observador de la clase media de su país. Cultor de los diálogos elegantes y de una prolija construcción narrativa, fue varias veces llevado al cine (como ocurrió con su clásico Mesas separadas ), y él mismo escribió los guiones. The Deep Blue Sea , que estrenó en 1952, es una pieza teatral corta, igual que la película que ahora dirigió su compatriota, ese brillante cineasta llamado Terence (como él) Davies, autor de películas como Voces distantes y La casa de la alegría . No obstante ello es poco conocido en la Argentina, como muchos otros buenos cineastas independientes de las últimas décadas. La historia refiere al dilema escondido en el título ("entre la espada y la pared") y tiene que ver con Hester, una mujer culta y de clase media que deja a su esposo, juez de la Corte Suprema, por un ex piloto de la RAF en decadencia. A principios de la década del 50, en una Londres todavía devastada por la guerra en lo físico, social y -en consecuencia- moral, esta mujer se muestra empeñada en que su nueva relación siga adelante. Pero nada es posible en cuanto su amante no puede superar los estigmas de haber peleado por su país y no obtener mayor reconocimiento por ello. Así, distanciada del abogado protector que todavía la ama (y al que ella aprecia) y del amante resentido que decide aventurarse en un nuevo trabajo allá lejos, Hester siente que lo pierde todo, y tanto Rattigan como Davies dan al desenlace el tono sombrío suficiente como para quede en claro que el destino de la protagonista será al menos triste. Davies es cuidadoso de la puesta en escena, con canciones de la época memorables cantadas o escuchadas, que compensan los diálogos teatrales y silencios que preceden a tempestades. Igual que el trabajo de Rachel Weisz (su papel fue interpretado entre otras por Peggy Ashcroft en cine, Vivien Leigh y Greta Sacchi en teatro), que supera muchas de sus anteriores elogiadas performances, se destaca en particular el de Tom Hiddleston.

La película que resultó realmente polémica fue Los pasos dobles , de Isaki Lacuesta, cruza de documental con ficción, con referencias a las artes plásticas y a leyendas localizados en el norte africano. Esta vez Lacuesta sale al ruedo con un desafío para mentes ágiles, que quizás algún espectador afortunado pueda entender. Como la propuesta no viene acompañada por un manual de instrucciones, muchos -quizás la mayoría- se quedaron de a pié. Quizás si se tiene la posibilidad de verla una docena de veces se le pueda encontrar alguna explicación seria que justifique el alambique aunque, por lo visto, en el camino podría ser más sencillo resolver el cubo de Rubik y, porqué no, dada la perturbación que produce, los más difíciles desafíos de la mecánica cuántica.

En la sección Horizontes Latinos, y en el papel de país coproductor, Argentina ya participó con Bonsai , del chileno Cristián Giménez, Porfirio , del multinacional Alejandro Landes e Historias que nacen al ser recordadas , de la brasileña Julia Murat, las tres muy bien recibidas por el público. En esta sección también sobresalieron Todos tus muertos , del colombiano Carlos Moreno y Asalto al cine , de la mexicana Iria Gómez Concheiro.

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