
Simple y conmovedor relato autobiográfico
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Madres con ruedas (Argentina/2006). Dirección: Mario Piazza y Mónica Chirife. Edición: Hernán Bufa, Carmen Guarini y Mario Piazza. Documental producido por Cine Ojo y Mario Piazza presentado en el complejo Tita Merello y en el Malba (sábados y domingos, a las 17). Duración: 70 minutos. Apta para todo público.
Nuestra opinión: buena
Mónica Chirife se enfermó de poliomielitis en 1957, a los seis años, durante una de las tantas epidemias que tuvo la historia argentina. Pero, aunque la dolencia le dejó contundentes huellas físicas, como una importante disminución en la movilidad de brazos y piernas, ella ha podido sacar toda esa fuerza interior que sólo tienen los verdaderos elegidos para sobreponerse y concretar sus sueños. El más importante, sin duda, el de haber podido ser madre -incluso después de la frustración de varios embarazos perdidos y con un cuerpo al límite de su resistencia- de una hermosa niña (hoy adolescente) llamada María Victoria.
Madres con ruedas es un simple y conmovedor relato autobiográfico del matrimonio Piazza-Chirife y, al mismo tiempo, un testimonio de otros cinco casos de mujeres con discapacidades similares (la mayoría de ellas, para colmo, madres solteras) que han enfrentado todo tipo de adversidades y hoy pueden disfrutar de la admiración de sus hijos adolescentes.
Con calor de hogar
La vertiente autobiográfica de la película está construida a partir de home movies en Súper 8 que (en una suerte de Tarnation reposada) va reconstruyendo el derrotero de la pareja: Piazza y Chirife se conocieron a principios de la década de 1980 para un proyecto audiovisual llamado A bordo de un carrito , sobre deportistas discapacitados. Cinco años más tarde, ya estaban casados y en 1990, finalmente, pudieron ser padres. Casi de inmediato, como un impulso vital, Chirife se puso a registrar casos similares para un documental llamado Ser mamá (como las demás) , que ahora quedó integrado dentro de Madres con ruedas . Piazza filma a su mujer nadando en una pileta, pintando, bailando, leyendo en un café o haciendo las compras en su silla de ruedas con motor para terminar concibiendo, como él mismo sostiene, la carta de amor que nunca escribió. Estos picos emotivos del relato contrastan con cierto uso de la voz en off demasiado solemne y estructurado a cargo del propio Piazza que, en vez de dotar al film de un tono más íntimo, lo torna más frío y distante.
De todas formas, la contundencia de las imágenes, lo descarnado de muchos testimonios y la sensibilidad de sus hacedores para concretar lo que ellos mismos definen como "una revancha contra la muerte", lo convierten en un documento entrañable y estremecedor.
Para aquellos que quieran conocer el resto de la obra de este consecuente realizador rosarino, el Malba ofrece -además del nuevo film- una retrospectiva de sus cortos, medios y largometrajes.
Y, a pedido de sus productores, bien vale aclarar que tanto el auditorio del Malba como el Tita Merello cuentan con acceso especial para discapacitados. Teniendo en cuenta la propuesta de Madres con ruedas , no se trata de un dato menor.
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