Sórdido fresco de la adolescencia
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"A los trece" ("Thirteen", Estados Unidos-Gran Bretaña/2003). Dirección: Catherine Hardwicke. Con Evan Rachel Wood, Nikki Reed, Holly Hunter, Jeremy Sisto, Brady Corbet y Deborah Kara Unger. Guión: Catherine Hardwicke y Nikki Reed. Fotografía: Elliot Davis. Música: Mark Mothersbaugh. Edición: Nancy Richardson. Diseño de producción: Carol Strober. Presentada por 20th Century Fox de Argentina. Duración: 100 minutos. Para mayores de 16 años con reservas.
Nuestra opinión: buena
Esta opera prima de la realizadora Catherine Hardwicke es uno de los acercamientos más sórdidos, implacables, explícitos y desgarradores a la crisis de la adolescencia en una sociedad hiperestimulada y competitiva como la estadounidense desde que Larry Clark estremeció al mundo con "Kids".
Rodada en Los Angeles en apenas 26 días y con sólo dos millones de dólares de presupuesto, "A los trece" es de esas películas que de manera inevitable promueven debates respecto del grado de desamparo de los jóvenes, de la responsabilidad que les cabe a los padres muchas veces abrumados por sus propios conflictos y de los discursos imperantes en los medios y en la publicidad sobre el status, el éxito y la independencia que supuestamente deberían alcanzar de forma veloz los chicos modernos.
Al mismo tiempo, una película de estas características genera también una discusión en el terreno estético y moral a partir de las decisiones artísticas que adopta su directora a la hora de mostrar el descenso a los infiernos (léase desventuras sexuales, incursión en el consumo y venta de drogas, pequeños robos, autoflagelaciones varias y cualquier otro tipo de exceso que el espectador quiera imaginar) de una chica de 13 años.
Basada en recuerdos autobiográficos de la directora en su relación con su hijastra Nikki Reed (que coescribió con ella el guión e interpreta el segundo papel en importancia del film), "A los trece" arranca como una inocente película de estudiantes de escuela secundaria de esas que abundan en Hollywood para concentrarse luego en la intimidad de Tracy (notable trabajo de Evan Rachel Wood), una chica que salta de forma repentina y sin red de una niñez con muñecas a una adolescencia sometida por las presiones sociales, los ritos de iniciación, la necesidad de generarse emociones fuertes y de rebelarse contra toda forma de autoridad.
Conflictiva situación
Tracy es una de esas tantas jóvenes impulsivas a las que el contexto no las ayuda: hija de una madre divorciada (Holly Hunter), esforzada peluquera que está en pareja con un drogadicto en etapa de rehabilitación (Jeremy Sisto), y de un padre ausente, tampoco establece demasiada conexión con su torpe hermano. Así, el único modelo que tiene a la vista es el de Evie Zamora (Reed), la chica más fashion y popular de la escuela, que esconde una conflictiva situación familiar y que la inicia en los avatares de una adultez para la que todavía no están preparadas.
Tracy, que al principio del film aparece como una alumna inocente, talentosa y sensible, pasa a despreciar a la escuela y a su madre, mientras se dedica a hacerse piercing en la lengua y en el ombligo, a vestirse como lolita fatal, a seducir muchachos mayores y a probar todo tipo de sustancias prohibidas. En esta transformación, en este viaje a los extremos que por momentos resulta demasiado angustiante y revulsivo, Hardwicke consigue situaciones de enorme intensidad ayudada por la credibilidad y el compromiso de sus jóvenes actrices, aunque también es muy apreciable el trabajo de los intérpretes más veteranos y conocidos, como Hunter, Sisto y Deborah Kara Unger.
En otros pasajes, en cambio, la directora cae en picos de innecesaria crueldad, en regodeos esteticistas o en montajes lindantes con el videoclip con canciones de fondo que desvirtúan la armonía y la potencia del relato. Pero aun con sus desniveles o con las diferencias que el espectador pueda tener frente a las herramientas utilizadas por su creadora, "A los trece" no deja de ser una película audaz, inteligente y honesta que recorre en todas sus facetas (desde el pudor hasta la agresividad, pasando por los celos, la envidia, los sueños y las ansias de experimentación) esa etapa tan contradictoria, compleja y cada vez más precoz de la evolución humana que es la adolescencia.


