
Stiller, entre errores difíciles de enmendar
La mujer de mis pesadillas ( The Heartbreak Kid , EE.UU./2007, color; hablada en inglés). Dirección: Peter y Bobby Farrelly. Con Ben Stiller, Michelle Monaghan, Malin Akerman, Jerry Stiller, Rob Coddry, Carlos Mencia. Guión: Scott Armstrong, Leslie Dixon, Bobby Farrelly, Peter Farrelly y Kevin Barnett, basado sobre el libreto de Neil Simon y el cuento de Bruce Jay Friedman. Fotografía: Matthew F. Leonetti. Música: Brendan y Bill Ryan. Edición: Alan Baumgerten y Sam Seig. Presentada por UIP. 114 minutos. Para mayores de 16 años.
Nuestra opinión: regular
Las películas de los hermanos Farrelly ( Tonto y retonto , Loco por Mary e Irene, yo y mi otro yo , entre las más populares) han sido celebradas por su presunta "incorrección política" y su desfachatez para examinar los hábitos sociales con humor "transgresor", pero también han contado con el franco apoyo de un público que, sin hilar tan fino, disfrutó de su humor de trazo grueso, bastante primario y, en cierto sentido, un poquito ingenuo.
Para los Farrelly, llevar las cosas al límite con el fin de hacer reír equivale a acumular gags muy directos y casi siempre elementales en los que no hay secreción corporal ni función fisiológica a la que no se aluda: todo lo relativo a la genitalidad y la escatología les resulta de irresistible comicidad, más o menos como a los chicos en la edad del pavo. Se comprenderá por qué sus films han sido también frecuentemente repudiados por su vulgaridad y su chabacanería.
Sin embargo, esta vez, aunque no falta la habitual dosis de chistes groseros, el principal reparo es de otro orden, si se quiere más básico: La mujer de mis pesadillas carece del ritmo y la chispa que exige cualquier comedia, se alarga mucho más de lo necesario, trata infructuosamente de amalgamar la observación incisiva con el chiste burdo y ni siquiera la natural desenvoltura de Ben Stiller (bastante pobremente secundado) logra rescatarla de su chatura. O la inventiva de los cineastas se ha debilitado o su desparpajo de otros tiempos ya ha perdido sorpresa ante la sobreabundancia de "transgresión" que se nos ofrece diariamente por toda clase de pantallas.
Un ejército de libretistas adaptó, sin demasiada fidelidad al original, Cambio de planes (Elaine May, 1972). Aquella historia del soltero que se casa a los apurones y en plena luna de miel descubre el amor en una mujer que no es la que comparte su cama ha perdido casi toda su causticidad, ha ganado en misoginia y anda en busca de un humor negro que rara vez atrapa. Y encima se ha colmado de añadidos: algunos tan postizos como un apunte sobre la inmigración clandestina; otros, meros pretextos para dar pie a algún toque de humor del más puro "estilo" Farrelly.
La falta de brío se advierte desde el comienzo, cuando el relato parece apuntar a la comedia cómico-sentimental y aún no ha iniciado su dispersa sucesión de gags. Sensible a la influencia de un amigo y de su padre (Jerry Stiller, el mismo de la vida real), el protagonista se casa con un remedo de Cameron Diaz sin conocerla. Cuando se da cuenta del error, ya es tarde. Desde ese momento, se mete en mil enredos para deshacer el compromiso y, sobre todo, para conquistar a la que, ahora, cree la mujer de sus sueños. Aunque en el fondo se note que para él, como para todos los varones del cuento, el casamiento es una obligación y las mujeres, todas, una pesadilla. Los errores, pues, se sucederán.
Los de los Farrelly, el primero de los cuales parece haber sido la elección de la remake equivocada, también.
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