
Subtítulos: una batalla ganada

La primera batalla se ganó. Pero los ecos iniciales de este silencioso éxito pasarán seguramente inadvertidos. Todos están atentos, con razón, al sugestivo dato de que dos de cada tres entradas vendidas en el comienzo del fin de semana largo corresponden a películas argentinas. Sin embargo, no es menor la significación de que sigan en cartel desde el jueves último, por segunda semana consecutiva, las funciones regulares de la película argentina El fútbol o yo, con subtítulos para espectadores con problemas auditivos.
Todo lo que se insinuaba ayer desde estas mismas páginas tiende a confirmarse. En la 4, con el título de "Darín, Suar y Peretti, juntos, lograron dominar la taquilla", se dejaba constancia de la primera señal de la temporada alta que el cine argentino suele exhibir para esta época del año. Salvo un milagro, el martes corroboraremos que en este fin de semana XL habrá un 1-2 triunfal para la producción local con La cordillera (63.732 entradas vendidas hasta anteanoche, según Ultracine) y El fútbol o yo (45.829) como los dos títulos más vistos del momento. En el quinto lugar se incorpora a la tendencia Mamá se fue de viaje, agregando entre jueves y anteanoche 7460 tickets al asombroso millón y medio cosechado desde su estreno.
El otro elemento clave de este fin de semana aparecía ayer en la página 6 del suplemento de Espectáculos de LA NACION con el título "Poner la magia del cine al alcance de todos los públicos". En este caso, de un público específico (el de las personas con dificultades de audición) que por esa razón jamás podría disfrutar de una película hablada en nuestro idioma sin la ayuda del subtitulado. Ese inconveniente quedó mitigado, al menos en parte, con la aparición de copias subtituladas de El fútbol o yo disponibles desde el mismo momento de su estreno.
Al menos hasta el próximo jueves, esa posibilidad se mantiene. El fútbol o yo se puede ver subtitulada en la función diaria de las 18 en los complejos Abasto y Patio Olmos (Córdoba) de la cadena Hoyts, y en el Cinemark Palermo. Lo mismo ocurre a esa hora en todos los Village. Y la cadena Showcase mantiene la oferta en las primeras funciones del día: 12.30 y 14.50 en los complejos Norte y Haedo; 14.50 en Belgrano y Rosario, y 15.20, en Córdoba.
Una vez alcanzado este objetivo tan plausible habría que salir a la búsqueda de otro: lograr que el cine subtitulado se extienda y vuelva a ser lo que era. Los hipoacúsicos no sólo encuentran casi totalmente vedada la posibilidad de ver cine nacional. En realidad, nos acercamos a la idea de un veto casi total al cine subtitulado. Si la intención fuese pasar un rato en algún cine del Gran Buenos Aires (especialmente en los complejos ubicados en el llamado segundo cordón) la alternativa del idioma original está ausente casi por completo incluso para el cine extranjero. A excepción de Dunkerque, que tiene todavía la suerte de ser exhibida en la mayor parte de los casos con subtítulos, el resto de los estrenos foráneos llega a los complejos del conurbano casi inevitablemente en la versión doblada al castellano neutro. Incomprensible.
En este último caso aparecen consecuencias todavía más preocupantes y peligrosas. De mantenerse esta anómala tendencia que además parece imponerse con mucha fuerza a escala regional, las víctimas ya dejan de ser solamente las personas con dificultades auditivas que resultan injustamente segregadas de este espacio de entretenimiento tan popular. Por otras razones, el resto de los espectadores también sufre las consecuencias de la ausencia del cine en versión original y, por ende, de la experiencia intransferible de ver una película del modo en que fue concebida por sus creadores. Como hemos señalado varias veces desde esta columna, ver películas en versión original es el mejor aporte posible al valioso objetivo de promover desde el cine la diversidad cultural.
Antes de convertirse en el vicepresidente del Instituto Nacional de Cine y Artes Audiovisuales (Incaa), el abogado y crítico Fernando Juan Lima levantó durante mucho tiempo a través de campañas muy abiertas y extendidas la bandera de defensa del cine en versión original con subtítulos, así como el freno a la hoy casi única opción que se nos presenta de ver películas dobladas, incluso aquellas destinadas con exclusividad para el público adulto.
"Por un lado, el 10 por ciento de la población tiene problemas auditivos, y el tema de los subtítulos en las películas nacionales es un tema que se ensayó muy poco", dijo Juan Lima a la nacion antes de que se lanzara la iniciativa de la variante subtitulada de El fútbol o yo. "Por el otro -agregó- cuando un ve que hay películas extranjeras que se estrenan con 600 copias y las subtituladas son apenas dos, que ni siquiera llegan a buena parte del país y en muy pocos horarios, me parece que deberíamos pararnos un momento y pensar lo que pasa."
Para el flamante funcionario, que llegó a liderar desde el llano una campaña en contra del doblaje indiscriminado desde la plataforma change.org, el Incaa no debería ser ajeno a estas cuestiones, sobre todo porque la ley habilita esa competencia. "La Ley de Cine, entre las funciones que le competen a la presidencia del Incaa, incluye la posibilidad de regular todas las cuestiones relacionadas con el subtitulado y el doblaje de las películas. Lo recordaba hace poco, en una de mis primeras recorridas por el edificio del Incaa, al toparme en uno de los pasillos con el afiche de la hermosa película de Ada Frontini Escuela de sordos", señala.
Estrenada hace exactamente tres años (el jueves 14 de agosto de 2014) y calificada por el crítico de la nacion Diego Batlle como uno de los mejores lanzamientos argentinos de ese año, la ópera prima de la cordobesa Frontini propone el registro documental del trabajo que lleva adelante la educadora Alejandra Agüero en Bell Ville con niños, adolescentes y jóvenes que sufren serias dificultades auditivas.
"Hay que pensar este tema con el cine extranjero y también con el cine nacional -subraya Juan Lima-. Y estaría muy bueno que de a poco podamos ir recuperando esa costumbre argentina de respetar a los actores y a sus voces, que son tan importantes, viendo sus películas en versión original subtituladas. Y ya que estamos, eso nos hace disfrutar más del cine, nos acostumbra a escuchar otro idioma y a leer de corrido, algo que en otras épocas era un valor que nadie discutía."
Los hipoacúsicos encontraron en estos días una primera y enorme respuesta a sus reivindicaciones. Parece mentira, pero ahora esperan que además de ver con subtítulos una película argentina puedan hacer lo mismo con el cine extranjero. Algo que sería deseable para todos.
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