
Terrence Malick, figura clave
Presentó "El Nuevo Mundo", su relectura de Pocahontas y el explorador John Smith
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BERLIN.- Cuatro películas en casi 30 años le alcanzaron a Terrence Malick para convertirse en uno de los grandes directores norteamericanos de todos los tiempos. Figura clave de la corrosiva generación que conmovió los estamentos de Hollywood durante los años 70 (en aquella época rodó dos influyentes clásicos como "Malas tierras" y "Días de gloria"), este realizador tan misterioso y maldito como talentoso e inclasificable terminó con dos décadas de ostracismo en 1998, cuando estrenó la épica bélica "La delgada línea roja".
Esta vez, por suerte, no hubo que esperar tanto para conocer su cuarto largometraje: "El Nuevo Mundo", una relectura de la historia del explorador John Smith y Pocahontas, llenó de cine a una sección oficial en la que aún no habían aparecido grandes películas.
Presentada fuera de competencia, "El Nuevo Mundo" es un viejo proyecto que Malick escribió a fines de la década del 70, pero que recién pudo concretar ahora, con un presupuesto de 30 millones de dólares. El film, ambientado a principios del siglo XVII, muestra el choque de culturas que se produce cuando una expedición británica arriba a Virginia y se encuentra con los nativos de la zona.
Basado muy libremente en los siete libros que Smith (aquí interpretado por el galán irlandés Colin Farell) escribió sobre sus viajes, el film es un relato excesivo hasta lo operístico y de una belleza embriagadora. Rodada casi íntegramente en exteriores y con luz natural, la película encontró en el fotógrafo mexicano Emmanuel Lubezki ("Y tu mamá también") un aliado de lujo para la siempre cautivante imaginería visual del director texano de 62 años.
Lírica y contemplativa, erótica y ensoñadora, esta historia de amor imposible consigue algunos climas prodigiosos, aunque apela a una mirada algo idealizada al contraponer la codicia de los colonos con la pureza de los indígenas.
Casi sin diálogos, pero con un ampuloso relato en off de fondo, con música de Wagner y Mozart en primer plano, "El Nuevo Mundo" es un film que, en la comparación, deja a "Fitzcarraldo" o "Aguirre, la ira de Dios", de Werner Herzog, como trabajos dignos de la austeridad de Robert Bresson.
Definitivamente no para todos los públicos (elude casi todas las convenciones de la narración tradicional), "El Nuevo Mundo" sí merece el respeto y la admiración que despertó aquí en la mayoría del público. Afortunadamente, su estreno comercial en la Argentina está asegurado.
Una de las revelaciones de esta película en la que actúan también Christian Bale, Christopher Plummer y Wes Study, fue la joven Q´Orianka Kilcher. Casi sin experiencia previa, esta alemana hija de padre peruano y madre suiza que justo ayer festejó sus 16 años (le cantaron el feliz cumpleaños durante la conferencia de prensa) consigue eclipsar a los veteranos intérpretes masculinos del film.
"La búsqueda de la protagonista duró ocho meses y estuvo a cargo de 13 directores de casting que trabajaron en las reservas de aborígenes de todas partes del mundo", explicó la productora Sara Green (Malick, fiel a su estilo huraño, no vino a Berlín). Por su parte, la novel estrella aseguró que "la versión animada de Walt Disney está bien para el entretenimiento de los chicos, pero no muestra el sacrificio, el padecimiento de los nativos que sufrieron la masacre".
"Es una historia que adquiere una gran resignificación en esta época en el que las culturas se mezclan y la intolerancia se incrementa muchas veces a causa de malentendidos", añadió Green, habitual productora de directores como David Mamet e incluso del film argentino "Hermanas", de Julia Solomonoff.
Del gran cine de Malick se pasó sin anestesia a la penosa transposición alemana de "Las partículas elementales", la incendiaria novela del francés Michel Houellebecq.
Más allá de lo que pueda pensarse del controvertido best-seller, lo cierto es que este film de Oskar Roehler barre con cualquier atisbo inquietante o revulsivo que pueda tener el libro original. Las miserias y desventuras de dos traumados y patéticos hermanastros (un experto en investigaciones biotecnológicas y un profesor de literatura) están trabajadas con un humor tan elemental y chabacano, mientras que los excesos y perversiones de sus protagonistas se describen con una superficialidad tan mediocre que el balance de esta esperada versión cinematográfica resulta atroz.



