
Terror, entre el tedio y el ridículo
El juego del miedo III ( Saw III /Estados Unidos, 2006). Dirección: Darren Lynn Bousman. Guión: Leigh Whannell. Dirección de fotografía: David A. Armstrong. Montaje: Kevin Greutert. Diseño de producción: David Hackl. Música: Charlie Clouser. Coordinador de efectos especiales: Tim Good. Con Tobin Bell, Shawnee Smith, Angus Macfayden, Bahar Soomekh y Dina Meyer. Presentada por Buena Vista International. Duración: 108 minutos. Apta para mayores de 18 años.
Nuestra opinión: regular
Tercera y por cierto no última entrega de las fechorías de Jigsaw, el moribundo asesino serial compuesto por el siempre competente Tobin Bell, El juego del miedo III encuentra a su personaje central postrado en una camilla, acompañado por Amanda (Shawnee Smith), que se ha graduado con el correr de las continuaciones de esta historia de víctima involuntaria a heredera aparente del su legado de terror.
Jigsaw es afecto a probar el apego de sus víctimas a su propia vida haciéndolos elegir entre salvar la suya a costa de la de un desconocido o, más frecuentemente, entre la relativa integridad de su propio cuerpo y la posibilidad de desprenderse (muy dolorosa y gráficamente, vale reiterar) de una o varias partes de él para escapar.
En este caso, El juego del miedo III cuenta con dos víctimas: Jeff (Angus Macfayden), que podrá encontrarse cara a cara con el asesino de su pequeño hijo si logra sortear varias pruebas mortales y, por el otro, la de Lynn (Bahar Soomekh), una neurocirujana cuya supervivencia depende de su habilidad de mantener con vida a su captor, que jugará con ambos una última partida.
La película ocupa buena parte de su extenso metraje en rellenar sin mayor imaginación ni pericia los muchos huecos en la historia de aprendiz y maestro dejados por las entregas anteriores a través de flashbacks y apartes, decisión que termina privando al film de la poca urgencia dramática que retenía de las entregas anteriores, al no poder decidir cuál de las historias contar ni cuándo dejar de hacerlo.
Es que la ausencia casi total de caracterización de los personajes en el film (que existen sólo para poner en funcionamiento los complejísimos instrumentos de tortura, verdaderas estrellas del film) es la primera víctima de la obsesión de sus realizadores por aumentar la apuesta en términos de truculencia y sadismo sin mayor apego a la verosimilitud o lógica de sus innumerables vueltas de tuerca, al parecer la única preocupación del endeble guión de Leigh Whannell. La dirección de Darren Lynn Bousman pretende apuntalar la propuesta con una estética clipera, avalancha de efectos y transiciones llamativas que no hacen más que resaltar la precariedad del planteo. El creciente caudal de sangre y vísceras que ocupan el lugar del suspenso, ingenio o la verdadera sensación de peligro en El juego del miedo III por momentos bordea peligrosamente el ridículo, para terminar asentándose cómodamente en un tedio al que sólo escaparán los más fanáticos del género.
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