
Thorry, artista del amor
Por Carlos Ulanovsky Para LA NACION
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Escrito desde el corazón por su última pareja, la actriz Alma Vélez, el recordado Juan Carlos Thorry ya tiene su biografía. Podría haber sido médico aunque terminó cursando Derecho y trabajando de escribiente en Tribunales. Y fue ahí donde descubrió el teatro, cuando se integró a un grupo de aficionados (todos estudiantes como él, entre los que figuraban quien después sería un celebrado cómico, Augusto Codecá, y quien luego sería director musical, Sánchez Reynoso). Cuando este último armó su orquesta, Thorry grabó un tema que alcanzó cierta repercusión: se llamaba "Bulincito estudiantil". Más adelante, en su rol de chansonnier, animaba las tardes de té con masas y sanguchitos de miga de la confitería Richmond y fue en ese reducto donde lo descubrió Enrique Santos Discépolo, a comienzos de los años 30. Eso fue lo que le permitió, inicialmente, llegar al teatro de revistas y luego, por una casualidad (Gardel no aceptó un papel que Manuel Romero le había propuesto en la película "El caballo del pueblo"), al cine. En ese film es donde, en el cine de Villa Cañás, lo ve por primera vez Mirtha Legrand, que luego sería compañera de cartel en más de media docena de famosas películas y, en este caso, amable prologuista del libro.
Este Thorry, pionero de la radio y de la televisión, aparece en el libro como un ser adorable y perfecto. Sin embargo, hay tramos donde aparece el hombre, con claroscuros y debilidades, como tenemos todos. En uno, se cuenta una historia impresionante. Durante 40 años, Thorry, criado por sus tíos, creyó la historia familiar oficial que decía que su madre había muerto. Pero no: resulta que estaba viva, casi escondida, o sepultada por los prejuicios propios de la época, en Mendoza. Cuando se reencontraron, ella le donó lo que había atesorado: un álbum con el primoroso registro de su carrera artística. Otro momento alto del libro también se refiere al amor. Es el relato de cómo este "talentoso seductor" enamoró a Alma Vélez. Se habían conocido en los años 50, pero por distintas circunstancias (él tuvo seis matrimonios anteriores; ella estuvo casada, hasta que enviudó; los dos habían hecho estupendas carreras artísticas) recién se convirtieron en pareja en 1985, cuando él tenía 75 años y ella, 20 menos.
Juntos, hicieron la gran última obra: un importante teatro escuela en el oeste bonaerense y, lo que no es poco, alcanzaron la felicidad. Hace unos días, el historiador Mario Gallina -autor de la excelente cronología-, junto a la actriz Julia Sandoval, el escritor Juan Carlos Mesa y la autora, Alma Vélez, presentaron el libro, que editó Corregidor, en el café Tortoni.






