
Tinto Brass, la última osadía
Ya no se trata de la agitación antiaustríaca de los tiempos del Risorgimento, ni de la decadencia de una sociedad -la aristocracia italiana de mediados del siglo XIX- que se mueve en los márgenes de la historia sin poder participar en ella, ni de la exaltación operística de una pasión. Pero el escenario es el mismo -Venecia-; la protagonista, aunque no es condesa sino esposa de un jerarca fascista, vuelve a llamarse Livia Serpieri, y es otra vez una mujer madura enamorada de un oficial enemigo. Sólo que ahora la febril aventura amorosa se desarrolla en el ámbito de la burguesía fascista, sobre el fondo de una República de Sal˜ casi agonizante, y que el teniente maléfico y seductor objeto de la pasión de la protagonista trae el uniforme de las SS. El origen de la historia es idéntico, el cuento de Camillo Boito "Senso", aquel que Luchino Visconti convirtió en una obra maestra aquí conocida como "Livia, un amor desesperado" y que ahora, en manos de Tinto Brass, dio origen a una suerte de "pornofilm de autor", como se lo ha llamado en uno de los comentarios más compasivos publicados por la crítica en Italia.
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Por si hacía falta una muestra más del atrevimiento y la voluntad escandalizadora del realizador de "Calígula", he aquí ahora este "Senso 45" al cual, según es su costumbre, Brass ha apoyado con abundantes declaraciones periodísticas en las que tanto se esmera por convencer de la aspiración artística de su propuesta como por avivar la curiosidad de un público que celebra sus "transgresiones".
Por un lado, se ocupó de descartar de lleno la idea de una remake. "He sido más fiel a la letra de Boito -ha dicho-; sus personajes no son héroes románticos sino seres superficiales, egoístas, cínicos. El mío es un film erótico y algo más: el retrato del fin de una época, de la disolución que se vivía en el pasaje del fascismo a la democracia y de la decadencia de una mujer presa de la pasión." Más que en Visconti, dice, pensó en "Pacto de sangre", de Billy Wilder, y en el oscuro personaje que allí hacía Barbara Stanwyck. De paso, pudo retomar -adaptación mediante- sus obsesiones de siempre: las mujeres, los años cuarenta, Venecia.
Por otro lado, Brass no cesó de aludir a la larga escena (12 minutos) en que recrea "una de esas orgías que en los palacios venecianos daban la espalda a una realidad de privaciones y racionamientos". Tanto habló del asunto, que el film terminó siendo prohibido para menores de 18 años, con el consiguiente reguero de protestas públicas a cargo del controvertido cineasta, que -vale recordarlo- fue asistente de Rossellini y se hizo conocido tanto por su inconformismo como por su pericia formal y la audacia de sus montajes.
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El incorregible Tinto no tuvo mucho éxito en su actual propósito de volver a la línea más elaborada que le valió algún elogio -"Salón Kitty", "La llave"-, y dejar a un lado las peliculitas de sexo que lo ocuparon en los últimos tiempos. En "Senso 45", dicen, Brass se copia a sí mismo (incluso contó aquí con la desinhibición de una actriz de prestigio como Anna Galiena, la de "El marido de la peluquera", como lo había hecho antes en "La llave" con Stefania Sandrelli) y, peor que eso, abunda en desprolijidades y vulgaridad. Lo que resultó imperdonable y lo cubrió de improperios fue una cita de la escena de la muerte de Anna Magnani en "Roma ciudad abierta", que en este caso termina con una cámara fisgoneando bajo la falda de la mujer yacente.
Brass sólo consiguió, otra vez, hacer ruido. En cuanto a la referencia a "Senso", casi toda la crítica prefirió obviarla. Parece justo: dejemos a Visconti y a Wilder en paz; cada uno hace el cine que puede.







