
Tom Cruise: samurái con glamour
El jueves se estrenará en la Argentina su último film, en el que la estrella encarna a un militar norteamericano convertido a la cultura de los guerreros japoneses
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BEVERLY HILLS.- Tom Cruise se estaba volviendo japonés. Al menos eso cree Ed Zwick, y él dirigió a Cruise en la película "El último samurái", que en la Argentina se estrenará el jueves. En ella, Cruise encarna al capitán Nathan Algren, héroe de la Guerra Civil que es invitado a instruir a las tropas del emperador en las artes de la guerra moderna, pero, después de ser capturado por sus enemigos, queda inmerso en la cultura del samurái y el código del guerrero bushido.
"Creo que Tom se ha dedicado en buena medida a tratar de llevar una vida basada en principios muy firmes -dice el director- y pienso que se relacionó con la noción de personas que tratan de crear algo similar a un código moral, y con la idea de que existen ciertos comportamientos que pueden ser celebrados y resultar eficaces en una vida. Además, Tom aborda su trabajo con una disciplina asombrosa, precisa como el láser, y esa es otra característica de los samurái. Para su actuación en esta película se capacitó -dice Zwick-. Empecé a trabajar con él hace un año. El podría haber actuado en cinco filmes más, hacer otras cosas y ganar todo el dinero que hubiera querido, pero optó por dedicarse a este proyecto fílmico. Tom deseaba estar en un muy buen nivel -concluye Zwick-, así que estaba dispuesto a sacrificar lo que hiciera falta para alcanzar esa meta. El sacrificio es otra característica de los samuráis."
Conversión
Cuando se le pregunta a Cruise si tuvo que convertirse en un samurái para interpretar a un samurái, el actor muestra su sonrisa más que radiante, de 20 millones de dólares, y responde: "Existen muchos elementos de esta filosofía con los que me identifiqué, gracias a que tuve que explorar ese terreno con el personaje de Algren. Como actor, fue divertido hacerlo. Tengo que confesarlo: recurro a muchos de los valores del bushido en mi propia vida".
Cruise está fresco después de una rueda de prensa en el salón de un hotel en Beverly Hills, California, donde pasó una hora respondiendo las preguntas de más de cien periodistas ahí presentes. El actor, ex seminarista que ahora tiene 41 años, se muestra abierto y conversador, y claramente le apasiona "El último samurái", película que ya se perfila como firme candidata para los Oscar.
A Cruise le tomó un año de entrenamiento ponerse en forma para el film. Tuvo que aumentar su masa muscular, tomar lecciones de combate con espada y estudiar cómo se desarrollaron las guerras entre los indios y los soldados norteamericanos, dado que Algren mata renuentemente a incontables indios nativos de América del Norte durante sus días como soldado estadounidense. Cruise absorbió todo lo que pudo con respecto a la disciplina del samurái y el bushido, que abarca las virtudes de la compasión, el valor, la cortesía, el deber, la honestidad, el honor, la justicia, la lealtad y la sinceridad.
"Esos valores son importantes para mí", dice el actor. "Veo a los samuráis como si fueran los artistas de su época. Eran personas que recibían una educación para ser líderes, para dirigir y ayudar a la gente. Lo que me llamó la atención cuando leí sobre el bushido fue la importancia que allí tiene la compasión", agrega. "Si no hay nadie que ayude a los demás, hay que encontrar a alguien que lo haga. Eso me impresionó, ya que personalmete trato de llevar mi vida de esa manera, porque creo que es importante. Ayudar a una persona y ver que le está yendo mejor es lo más gratificante que a uno le puede suceder en el mundo. Y de eso trata la película."
Para el público
Cruise espera que los cinéfilos disfruten de "El último samurái", un film largo, violento y profundo, una saga a la antigua, con un elenco de estrellas de Hollywood, que puede no ser tan prometedora en términos comerciales como sí lo fueron las últimas películas que protagonizó el astro: "Misión: Imposible 2" (2000), "Vanilla Sky" (2001) y "Minority Report" (2002).
"Cada persona sale del cine con una experiencia después de ver una película, se trate de un film de aventuras, épico, romántico o de suspenso", dice Cruise. "Esta vez me gustaría que la gente tuviera la sensación de que está por ver un mundo diferente. Cuando voy al cine -dice el actor- soy un gran espectador, porque me encantan las películas. Este film transporta a la gente a una época diferente, a un lugar distinto."
Además del entrenamiento físico antes mencionado, para participar en el film Cruise hizo sus propias investigaciones y estudió cuidadosamente documentos históricos de Japón y de los Estados Unidos del siglo XIX. "No puedes evitar conectarte con ese mundo, no tanto cuando lees la parte histórica, sino los diarios de la gente, ya que los libros de historia a veces son mera ficción agradable", dice. "Cuando uno empieza a leer los diarios de la Guerra Civil, de las guerras contra de los indios nativos de América del Norte o de personas que habían estado en Japón no puede evitar sentirse vinculado con esas historias. En ocasiones, uno siente que está viendo cómo eran las cosas a través de los ojos de aquella gente. Además, deseo que el público sepa sepa que esa posibilidad está a su disposición: van a viajar a una época y, aunque la historia es ficticia, el marco de tiempo en el cual se desarrolla la película y los conflictos humanos que muestra son reales."
Ecuanimidad
Tanto en la pantalla como fuera de ella, Cruise resuma ecuanimidad, calma y control. Es como el ojo de una tormenta, sereno en medio de un remolino de caos. A pesar de todas las locuras que se producen a su alrededor (y que son muchas, dado que es una de las mayores estrellas del mundo, que ha sobrellevado su divorcio, lleno de publicidad, de Nicole Kidman, que sale con la estrella española Penélope Cruz, que sigue demandando a cualquiera que cuestione su sexualidad y que es un devoto seguidor de la cientología) Cruise habla de la paz interna que siente.
Es esa misma paz, afirma, la que prima en su relación con su novia, con su ex esposa y, lo más importante, con sus hijos, Isabella y Connor. "Me ayuda en todas las áreas: como actor, con mis hijos, con Penélope, con Nic", dice. "Cuando estás feliz, es más fácil enfrentar la vida. No es menos interesante la felicidad que la tristeza; en definitiva, es más desafiante y tiene mas emoción. Las relaciones con mis hijos siempre han sido maravillosas -asegura el actor-, pero van creciendo. No sólo es el éxito de un film lo que constituye la base de la felicidad. En verdad, la felicidad es un placer en mi vida, en mi trabajo y en la relación con mis hijos, con Penélope y con las personas que me rodean. Considero que es un estado maravilloso", agrega Cruise. "Y efectivamente ayuda, porque es bueno tener un padre feliz, y puedo percibir que mis hijos sienten eso cuando están conmigo."





