
Trágico retrato con el sello de Schrader
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A los 57 años, Paul Schrader es uno de los principales referentes del movimiento que se conoció como movie brat generation y que en la década del 70 revolucionó el por entonces anquilosado panorama artístico de Hollywood y en el que participaron también talentosos compinches como Martin Scorsese, Steven Spielberg, George Lucas, Francis Ford Coppola y Brian De Palma.
Discípulo de Pauline Kael
De rígida educación calvinista (sus padres le prohibieron ir al cine hasta los 18 años), Schrader se convirtió primero en discípulo de la influyente crítica Pauline Kael hasta que, en 1972, escribió un legendario ensayo sobre las filmografías de Ozu, Bresson y Dreyer para luego destacarse como guionista, especialmente en proyectos dirigidos por su amigo Martin Scorsese, con quien colaboró en "Taxi Driver", "La última tentación de Cristo", "El toro salvaje" y, más recientemente, en "Vidas al límite".
Como realizador filmó desde su debut, en 1978, quince largometrajes, entre los que se destacan "Gigoló americano", "La marca de la pantera", "Mishima", "Patty Hearst", "Traficantes" y la multipremiada "Días de furia". Pese al indudable prestigio de Schrader y a las excelentes críticas recibidas, su más reciente trabajo, "Auto focus", no será estrenado en las salas argentinas y el sello LK-Tel anuncia su lanzamiento en VHS y DVD para el martes.
"Auto focus", que en septiembre del año último debutó en los festivales de Toronto y San Sebastián, es un apasionante retrato de la sórdida existencia de Bob Crane, un actor que alcanzó gran popularidad como protagonista de "Los héroes de Hogan", serie cómica ambientada en un campo de concentración nazi (algunos la vieron como inspiradora del film del italiano Roberto Benigni "La vida es bella") que la cadena CBS emitió entre 1965 y 1971, para luego caer en una pendiente profesional y personal que terminó con su sangriento y aún hoy irresuelto asesinato en un motel de Arizona, en 1978.
La concreción de este proyecto cinematográfico estuvo rodeada de tantas controversias como las que signaron la vida del propio Crane, un hombre de formación religiosa que se convirtió en un adicto al sexo y montó una red pornográfica con filmaciones de las orgías que él mismo organizaba. Basado en el libro "El asesinato de Bob Crane", de Robert Graysmith, el guión, de Michael Gerbosi, estuvo envuelto en una batalla judicial entre los distintos hijos del actor, que quisieron controlar su contenido, mientras que Schrader tuvo también un fuerte conflicto con la censura norteamericana, que lo obligó a cortar varias escenas y hasta a poner una banda negra sobre algunas imágenes del montaje original que él había presentado para evitar que el film terminase en las salas destinadas a material condicionado. Finalmente, el largometraje se estrenó sin demasiado éxito comercial en los Estados Unidos, mientras que la versión completa tuvo una muy buena respuesta en los principales mercados europeos.
Tras una excelente secuencia de créditos iniciales, la historia arranca en 1964, cuando Crane (notable interpretación de Greg Kinnear) era un ascendente conductor y disc jockey de la radio californiana y un padre de familia modelo, casado con Anne (Rita Wilson). Su vida cambió por completo cuando su agente Lenny (Ron Leibman) le consiguió el papel principal de la serie "Los héroes de Hogan". Con el éxito también llegaron las tentaciones y Crane se transformó en un noctámbulo que tocaba la batería en clubes de striptease y casi todas las madrugadas organizaba de manera compulsiva fiestas negras junto con su amigo John Carpenter (Willem Dafoe, actor-fetiche de Schrader), un técnico que vendía entre la farándula los prototipos de las primeras cámaras de video. Tras el divorcio de su primera esposa, Crane contrajo matrimonio con Patricia Olson (Maria Bello), actriz que encarnaba a la bella Sigrid en "Los héroes de Hogan", pero el intérprete quedó marcado por el estigma de su popular personaje televisivo y, si bien llegó a participar en algunas producciones de Walt Disney, entró en una decadencia irrefrenable e irreversible.
El director construye su fábula moral (pero no moralizante) sin juzgar a su criatura y apostando a desentrañar con la mayor profundidad y riqueza posibles las contradicciones de Crane. Con el aporte de un elenco de lujo, la climática música de Angelo Badalamenti y la lograda fotografía de Fred Murphy, Schrader concreta -como Paul Thomas Anderson lo hizo en "Boogie Nights: juegos de placer"- una excelente reconstrucción de los ambientes, los decorados, las canciones, los vestuarios, los autos, los valores, la terminología y hasta el espíritu de aquellos convulsionados años 60 y 70, pese a que contó con un exiguo presupuesto de siete millones de dólares. Toda una proeza para los actuales estándares económicos y artísticos de Hollywood.




