
Tres jóvenes idealistas de Berlín
Mañana llegará el film del austríaco Hans Weingartner
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Después de una semana repleta de películas alemanas por el ciclo de cine del Village Recoleta, mañana llegará el estreno comercial de otra película de ese país, "Los edukadores", del austríaco Hans Weingartner, que compitió el año pasado en el Festival de Cannes y abrió nuevas discusiones sobre revolución y rebeldía hoy.
"Los edukadores" del título son, en principio, dos amigos jóvenes e idealistas del Berlín actual que buscan sacudir conciencias y encuentran una forma de poética resistencia ante el sistema. Participan, como es obvio hoy, en marchas antiglobalización que a veces terminan enfrentadas con la policía y son capaces de panfletear hasta dentro de una casa de deportes advirtiendo al comprador de una zapatilla de 100 euros que en realidad al pobre indonesio que la hizo el explotador le pagó con monedas.
Pero eso no es lo curioso. El modus operandi de esta pequeña organización contempla salidas nocturnas con un objetivo muy claro: las casas de la clase alta. Estos educadores entran en las casas de los poderosos cuando están deshabitadas. No llevan armas, no lastiman a nadie y tampoco roban nada. Sí les dejan una lección, acompañada de una nota firmada "The edukators". Pero cuando por curiosidad se suma la novia de uno de ellos, el aparentemente inofensivo plan se frustra. Así, el trío de activistas tendrá que poner en remojo sus propias ideas y repensar la acción para que el plan no se les vaya de las manos.
Quien interpreta a uno de los rebeldes educadores es Daniel Brühl, el mismo actor que en "Good Bye Lenin!" tenía que armar una ficción para que su madre enferma no notara que el comunismo ya había caído. Y junto con el croata en ascenso Stipe Erceg se suma la actriz alemana del momento, Julia Jentsch, que por estos días está en Buenos Aires acompañando "Sophie Scholl", una película sobre la primera alemana antinazi ejecutada. Para su director, Hans Weingartner, de 35 años, neurólogo, este segundo film refleja los últimos diez años de su vida en los que intentó ser parte de un movimiento político. "Pero nunca encontré uno que funcione -dijo en la conferencia de prensa del Festival de Cannes-. Creo que vivimos en un tiempo en el que los jóvenes mueren por un cambio político, pero verdaderamente no saben por dónde empezar. Tal vez, nuestras sociedades hayan crecido de una forma tan individualista que la dinámica colectiva ya no es más posible."
El austríaco también se propuso hacer pensar a los espectadores más jóvenes en la generación de sus mayores, la del 68. "Ellos liberaron a la sociedad e introdujeron un amplio número de reformas. Pero aquellos rebeldes se convirtieron en los conservadores de hoy. El personaje de Hardenberg, el empresario de la película que vive prisionero de sus posesiones, es uno de esos ejemplos. El se convirtió en la gente contra la que él peleaba."
Sin someterse a las estrictas leyes de aquel Dogma 95 que ya está en desuso como tal, esta película trabajó con algunos de sus lineamientos. Un equipo técnico reducido, luz natural, una pequeña cámara digital que explora el espacio y les da a los actores licencia para moverse por donde quieran. "Traté de diseñar este rodaje igual que en mi primera película: bajando las complejidades técnicas al mínimo para poder concentrarme en los actores. También el presupuesto se mantuvo deliberadamente bajo porque más dinero significaría más presión."
Weingartner no busca enfrentar a ricos con pobres ni a revolucionarios con conservadores. Piensa especialmente en la gente joven "que es de donde proviene la energía para el cambio. Las sociedades necesitan de esa energía para desarrollarse y renovarse a sí mismas. Alguien tiene que preguntarse todo lo que tenga que ser cuestionado de modo tal que lo bueno sobreviva y lo menos bueno cambie. Entonces, ¿dónde está toda esa energía ahora?".



