
Triste, solitario y final
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Ballast (Estados Unidos, 2008), de Lance Hammer. Competencia oficial internacional. Hoy, a las 16.30, en el Hoyts Abasto; mañana, a las 18.15, en el Atlas Santa Fe.
El silencioso suicidio de un hombre y el malogrado intento de quitarse la vida de su hermano gemelo al descubrirlo dan comienzo a una tragedia que, sin embargo, esboza cierta remota posibilidad de redención en la reconexión del sobreviviente con su desesperada cuñada y su pequeño hijo, cuya lucha intermitente por mantenerse a flote y no hundirse en la miseria y la violencia parece haber llegado a un umbral decisivo.
La mínima historia de estos personajes perdidos en la inclemencia de un Sur norteamericano castigado por el viento, la lluvia, el invierno y el desamparo le alcanzan a Lance Ballast para construir una lacónica y tristísima joya acerca de las múltiples encarnaciones del figurado lastre al que hace referencia el título de éste, su logrado debut cinematográfico, doblemente premiado en el último festival de Sundance: por su delicada dirección de actores no profesionales y por la irreemplazable fotografía de Lol Crowley, cuyo retrato del (sólo aparentemente) domesticado delta del Mississippi es un cuarto personaje en la historia.



