Tropa de elite llevó la polémica a Berlín
También se vieron la entretenida comedia de suspenso Sparrow , de Johnnie To, y lo nuevo de Doris Dörrie
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BERLIN.- Un prejuicio bastante extendido entre cierto sector del público de cine asegura que en los festivales sólo se ven películas "raras", categoría vaga e imprecisa en la que entrarían historias demasiado extremas o, por el contrario, demasiado austeras, interminables devaneos intelectuales y estéticas experimentales pensadas para el deleite de un minúsculo, pero exigente e influyente grupo de iniciados. Pero, aunque es verdad que algunos títulos todavía pueden justificar ese encasillamiento, lo cierto es que en los últimos años las grandes muestras han diversificado mucho su mirada y buscan destacar también lo que consideran más valioso dentro de la producción ligada a los géneros populares.
Un ejemplo contundente de esta tendencia son los tres largometrajes presentados ayer en la quinta jornada de la competencia oficial de la Berlinale: Tropa de elite , thriller del brasileño José Padilha sobre la lucha contra el narcotráfico en Río de Janeiro; Sparrow , combinación entre la comedia y el cine de suspenso con una historia sobre carteristas profesionales del hongkonés Johnnie To; y Cherry Blossoms-Hanami , melodrama familiar de la alemana Doris Dörrie.
En el caso de Tropa de elite -producción que tuvo la participación del empresario argentino Eduardo Costantini (hijo), presente ayer en la conferencia de prensa-, se trata de la película brasileña más vista de 2007 en su país, con casi tres millones de espectadores en cines y 10,5 millones que la vieron en copias ilegales que ya se vendían en la calle dos meses antes de su estreno. Tras semejante éxito y las fuertes polémicas que generó, se eligió a Berlín como la plataforma para su lanzamiento internacional.
Basada en los testimonios de una docena de ex integrantes de Bope, un grupo comando tipo Swat, de la policía militar, que contó con total autonomía para combatir -muchas veces sin respetar las leyes y los derechos humanos- a las poderosas bandas de narcotraficantes de las favelas cariocas, Tropa de elite es un producto impecable desde el punto de vista técnico y narrativo, pero decididamente controvertido desde lo sociopolítico y lo ético. (Aquí, como en Brasil, tuvo tantos defensores como detractores.)
Padilha, que acababa de dirigir el aclamado documental Omnibus 174 , se basó en las memorias de Rodrigo Pimentel (protagonista de algunos de los hechos), y por eso la película transmite mucha verosimilitud en las impactantes secuencias de acción y en los pequeños detalles con que se va describiendo la sangrienta, implacable guerra (como se la define) contra el crimen organizado, pero también es bastante cuestionable su mirada despectiva hacia los intelectuales (jóvenes que realizan tareas comunitarias en las villas miseria) y demonizadora hacia la clase baja; así como sus crudas imágenes de torturas, matanzas que incluyen a gente que es quemada viva y venganzas sustentadas en el ojo por ojo.
Construida a partir de cuatro episodios con diferentes puntos de vista, este film -que remite en parte a la exitosa Ciudad de Dios , de Fernando Meirelles, pero también a El bonaerense , del argentino Pablo Trapero, en su descripción del entrenamiento de los novatos y en las vivencias íntimas y las crisis familiares de los policías sometidos a semejante nivel de estrés-, Tropa de elite tuvo un arranque complicado en la Berlinale, ya que la función de prensa comenzó con mucha demora y sólo se pudo exhibir la copia con subtítulos en alemán.
En diálogo con los periodistas, el director se adelantó a los posibles cuestionamientos y aseguró: "La película no es maniquea; no exalta el heroísmo ni ofrece una visión tranquilizadora. La policía de Río es corrupta y violenta [30.000 de los 40.000 agentes están vinculados con actividades delictivas]. Y los traficantes manejan la ley en las villas a sangre y fuego, tienen armas de guerra, matan a niños, queman gente. Podemos discutir las condiciones sociales, pero no se puede ser benévolo en el retrato de los narcos porque sean de extracción pobre".
Sobre las presiones que sufrió en Brasil, Padilha -que admitió que la producción tuvo que arreglar condiciones para filmar en las zonas más calientes tanto con la policía como con los líderes de las favelas- indicó: "Me amenazaron; trataron de arrestarme en mi casa; nos hicieron juicios para impedir el estreno y luego me atacaron desde lo ideológico. Cuando hice Omnibus 174 me dijeron que era un extremista de izquierda; ahora me acusan de mercenario de la derecha. Es un tema demasiado complejo para fanatismos y generalizaciones".
Gorriones y padres de familia
Bastante más ligera resultó, por cierto, Sparrow (´Gorrión ), del prolífico director hongkonés Johnnie To. Luego de estrenar sus más recientes trabajos en las secciones oficiales de Cannes ( Breaking News , Election , Election 2 y Triangle) y de Venecia ( Exiled y Mad Detective ), To se dio el gusto de presentar su nuevo film en la competencia de la Berlinale.
Entretenida, ágil y divertida, Sparrow es una comedia con suspenso, acción y romance, que se ubica en la línea de otros títulos de To, como Ayer otra vez (estrenada el año último en Buenos Aires) sobre un grupo de cuatro "gorriones" (término con el que se conoce en la jerga popular de Hong Kong a los carteristas profesionales) que son manipulados por una hermosa mujer que, a su vez, es dominada por un poderoso gánster.
Con el clásico hitchcockiano Para atrapar al ladrón como principal referencia, Sparrow ofrece varios momentos de humor físico muy logrados y un par de secuencias extraordinarias: la primera muestra todo el "arte" de estos maestros del pickpocket ; y la segunda, en la que se enfrentan dos grupos expertos en el oficio, es una embriagadora coreografía en cámara lenta, digna del mejor musical con paraguas en medio de un diluvio nocturno.
Pero lo más novedoso que ofrece Sparrow es la forma en que To, con una fuerte veta documentalista, decidió filmar la ciudad de Hong Kong, con sus rascacielos y los personajes de la calles, sus luces de neón y sus tranvías. "Hong Kong es un lugar en constante cambio, donde se encuentran el Este y el Oeste, lo moderno y lo tradicional; la cámara se mueve como un gorrión para captar toda la energía y la vibración de la ciudad", explicó el realizador.
Lejos del thriller, la directora local Doris Dörrie ( Nadie me quiere, ¿Soy linda? ) ofrece en Cherry Blossoms-Hanami un emotivo aunque desparejo y demasiado extendido retrato sobre los últimos meses de vida de un matrimonio veterano con tres hijos ya independizados.
Con gran sensibilidad, enorme capacidad de observación y una infrecuente capacidad para hacer aflorar el humor en medio de las situaciones más melodramáticas, Dörrie consigue una profunda exploración sobre el amor incondicional, sobre la relación entre Europa y la cultura japonesa (una obsesión permanente en los últimos films de la realizadora) y sobre la profunda brecha generacional. Exhibida en una impecable proyección en HD, la película tiene valores y hallazgos que le permiten sobreponerse a sus recaídas y excesos.
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