
Un Brian de Palma en estado puro
1 minuto de lectura'
"Mujer fatal" ("Femme fatale", Francia/2002). Guión y dirección: Brian De Palma. Con Rebecca Romijn-Stamos, Antonio Banderas, Peter Coyote, Eriq Ebouaney, Edouard Montoute, Rie Rasmussen y Thierry Frémont. Fotografía: Thierry Arbogast. Música: Ryuichi Sakamoto. Edición: Bill Pankow. Diseño de producción: Anne Pritchard. Presentada por Lider Films. Duración: 110 minutos. Apta para mayores de 13 años.
Nuestra opinión: bueno
Vulgar y sofisticada. Ridícula y atrapante. Mal actuada y brillantemente filmada. Así de contrastante es "Mujer fatal", el más reciente delirio de ese genio (para cierto sector de la cinefilia) o de ese farsante (para sus detractores) que es Brian De Palma, un "autor" que divide aguas y ha llevado su exaltación de las convenciones del policial negro y su erotismo desbordante a extremos pocas veces vistos.
Ya en la secuencia inicial, De Palma acumula y ofrece de manera explícita todo su imaginario estético y referencial con un homenaje a "Pacto de sangre", de Billy Wilder, la presentación de su heroína (la despampanante y gélida Rebecca Romijn-Stamos), un robo de diamantes valuados en 10 millones de dólares con torpe escena de lesbianismo incluida en el baño del Palais durante la apertura del mismísimo Festival de Cannes y la posterior traición de la protagonista a sus sádicos socios.
Exiliado en Francia (único país donde hoy puede conseguir 35 millones de dólares para filmar luego de sus múltiples fracasos hollywoodenses), De Palma traslada luego la acción a París y hace convivir en "Mujer fatal" el glamour de los famosos diseñadores que lo asistieron (desde Valentino hasta Jean-Paul Gaultier, pasando por Dolce & Gabbana, Prada, Yves Saint-Laurent y Chanel), una exquisita banda sonora del músico experimental japonés Ryuichi Sakamoto y una elaborada iluminación del fotógrafo Thierry Arbogast, con escenas soft-porno dignas de un sórdido peep-show de Las Vegas o actuaciones penosas como la del paparazzi que interpreta Antonio Banderas.
Exaltación del artificio, de la manipulación, del placer de jugar al cine con la pantalla dividida, la utilización de la cámara lenta o la construcción de varios suntuosos planos-secuencia (marca de fábrica de De Palma) y con pocos diálogos (en su mayoría ampulosos y ridículos), "Mujer fatal" funciona a modo de síntesis de las obsesiones de su guionista y director: el voyeurismo, las fantasías masculinas, el destino signado por el azar, los celos, la paranoia y la escisión de la personalidad que lo consagraron en películas como "Obsesión", "Blow Out, el sonido de la muerte", "Vestida para matar", "Doble de cuerpo" o "Demente".
La trama, plagada de fabulaciones y confabulaciones, traiciones cruzadas y un tono pesadillesco, devuelve a De Palma a su status de gran satirista con algunos toques de humor absurdo. En la película más delirante que haya dado un director norteamericano desde "El camino de los sueños", de David Lynch, con su arquetípica descripción de la femme fatale que a todos seduce y destruye y con su permanente diálogo con Alfred Hitchcock (Romijn-Stamos tiene mucho de la Kim Novak de "Vértigo"), De Palma es capaz de fascinar e irritar con la misma facilidad.
Para aquellos que ante todo busquen en un film coherencia, hilación y evolución dramática, "Mujer fatal" puede resultar una gran decepción porque aquí no se cumple casi ninguna expectativa creada. En cambio, para aquellos que no le tengan miedo a ciertos códigos del cine barato y de explotación, y que se dejen transportar por todas las posibilidades sensuales y lúdicas del cine encontrarán en la energía visceral y la elegancia formal de De Palma suficientes motivos de regocijo. "Mujer fatal" es una gran broma: una de esas películas que se pueden entender y gozar como se disfruta de un placer culpable.






