
Un film policial prescindible
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" Testigos ocultos" (Argentina-España/2000). Presentada por Village. Dirección y guión: Néstor Sánchez Sotelo. Con Carolina Touceda, Martín Loza, Fernando Aguilar, Esther Goris, Fernando Guillén Cuervo, Enrique Sdrech y otros. Fotografía: Esteban Clause. Música: Pablo Sala. Duración: 95 minutos. Calificacón: sólo apta para mayores de 16 años.
Nuestra opinion: mala.
El director Néstor Sánchez Sotelo posee, según su historial artístico, una larga trayectoria como fotógrafo, periodista, documentalista, cortometrajista y docente. Con "Testigos ocultos" hace sus primeras armas en el largometraje. Y para su cometido elaboró un guión sostenido por un elemento que, en los últimos años, aumentó considerablemente el interés del público por los noticiosos de televisión: las cámaras ocultas.
Estas cámaras, y no los jueces, son las que desnudan los delitos de corrupción y sacan a la luz los más sutiles y violentos delitos. Las armas y la tecnología, pues, están al alcance de cualquiera. Cuando Federico y Majo, dos marginales porteños, hallan la manera de hacer dinero serán sin embargo observados minuciosamente por las lentes de esas cámaras que se convertirán en acusadoras.
El dúo halla la manera de satisfacer rápidamente su ambición económica: extorsionan a los hombres que acuden a las prostitutas de Constitución, un "barrio rojo" apto para esta forma de promiscuidad. Sin embargo, un poderoso empresario extranjero les mostrará que las cámaras ocultas son muy precisas en eso de dejar estampadas en las imágenes las miserabilidades cotidianas.
El tema es noticia casi siempre reiterativa en los medios de difusión. Desde este punto de vista, la trama no aporta ninguna novedad. Pero si, además, el guión de Sánchez Sotelo carece de fuerza dramática y de un clima siniestro y cae abruptamente en lo innecesariamente sexual, en la simplicidad de una narración convencional y en una moraleja remanida, "Testigos ocultos" se transforma, finalmente, en un film absolutamente prescindible.
Con un relato que intenta descubrir situaciones policiales en que las mujeres son objeto de compraventa, el film es un compendio de banalidades que, en lugar de atrapar, aburren hasta el hartazgo.
Nada es aquí creíble y ni siquiera aleccionador. El elenco entra, también, en estos despropósitos. Carolina Touceda, Martín Loza y Fernando Aguilar sólo demuestran que necesitan varias clases más para convertirse en actores, en tanto que Esther Goris aporta algo de entusiasmo a un personaje irrescatable; el español Fernando Guillén Cuervo pasa casi inadvertido en el relato, y el periodista Enrique Sdrech debe dedicarse únicamente a su profesión, ya que seguramente la actuación no es su fuerte.
La música y la fotografía parecen haberse unido para jugar en contra de esta producción que necesita, urgentemente, un piadoso manto de olvido.
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