
Un museo con poco arte
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Una noche en el museo ( Night at the Museum , Estados Unidos/2006). Dirección: Shawn Levy. Con Ben Stiller, Carla Gugino, Dick van Dyke, Mickey Rooney, Bill Cobbs, Jake Cherry, Ricky Gervais, Robin Williams, Paul Rudd, Steve Coogan y Owen Wilson. Guión: Robert Ben Garant y Thomas Lennon, basado en el libro de Milan Trenc. Fotografía: Guillermo Navarro. Música: Alan Silvestri. Edición: Don Zimmerman. Diseño de producción: Claude Paré. Presentada por 20th Century Fox de Argentina en versión original con subtítulos o doblada al español. Duración: 108 minutos. Apto para todo público.
Nuestra opinión: regular
Con una idea ingeniosa (personajes famosos y animales de todas las épocas reviven cada noche dentro del Museo de Historia Natural de Nueva York), con un cómico de primera línea como antihéroe (Ben Stiller) y con el más sofisticado despliegue de efectos generados por computadora que pueda imaginarse (el presupuesto superó los 120 millones de dólares), cabía esperar bastante más que esta pálida y torpe comedia de enredos destinada al consumo familiar.
En manos de un mediocre director especializado en el género como Shawn Levy ( Recién casados , Más barato por docena , la remake de La Pantera Rosa ), la auspiciosa premisa inicial no alcanza más que un vuelo bajísimo y queda restringida a un desfile de actores famosos en personajes secundarios sin el más mínimo desarrollo dramático y de animales gigantes (especialmente dinosaurios) concebidos a pura tecnología digital. Así, el resultado de esta acumulación de criaturas exóticas, guerreros ancestrales y héroes de la historia es aún más decepcionante que un intento bastante similar concebido una década atrás como Jumanji .
La trama pensada como excusa para justificar el festival de efectos visuales tiene a Larry Daley (Stiller) como un típico perdedor: divorciado, sin trabajo ni estímulos y a punto de perder tanto su casa como el respeto de su ex esposa y de su hijo.
Desesperado, acepta un empleo mal pago como guardia nocturno en el apuntado museo de Manhattan: allí comenzarán otras desgracias, pero también su posibilidad de redención.
Bastante lejos de sus mejores trabajos, Stiller se las ingenia para sobrellevar a fuerza de profesionalismo un personaje con pocos atractivos y nulos matices que, además, debe "interactuar" con un mundo de fantasía construido casi íntegramente por computadora durante la posproducción.
Si el trabajo de Stiller no es del todo convincente, todavía peor resultan las cosas para Carla Gugino (una guía del museo que se convertirá en contraparte romántica), para tres mitos del cine (Dick van Dyke, Mickey Rooney y Bill Cobbs) que interpretan a los guardias que se jubilan no sin antes aprovecharse del patético protagonista, o para experimentados cómicos, como Robin Williams, Steve Coogan y Owen Wilson, reducidos aquí a penosos roles secundarios sin la más mínima audacia ni sorpresa.
La película, desarticulada, desprolija, termina apostando en su segunda mitad a un vértigo que se parece mucho al desenfreno. Pero ya no hay manera de salvar a una producción que, por más que venga de alcanzar cifras multimillonarias de recaudación en los Estados Unidos, en términos artísticos no tiene demasiado para aportar a la rica historia de las comedias populares.
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