Un norteamericano en Italia
En El ocaso de un asesino , que estrenará el jueves, George Clooney renueva, a través de este film, el fuerte lazo que desde hace años une a Hollywood con el país europeo
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En los años 60, Italia fue una suerte de tierra de promisión para unos cuantos protagonistas del cine norteamericano. Hoy, en otro plano y con otra dimensión, se está escribiendo un nuevo capítulo de la historia de los vínculos entre la península y Hollywood.
El máximo referente de esta nueva tendencia es el carismático George Clooney, arraigado en ambas cabeceras de esta línea de conexión. Hoy es uno de los preferidos de Hollywood y también vecino ilustre durante cada verano europeo de una de las zonas más exclusivas de Italia, cercana al lago de Como.
El ocaso de un asesino , cuyo estreno anuncia UIP para el próximo jueves, aparece como la muestra casi perfecta de ese vínculo cada vez más intenso, pero a la vez (como se verá) de ribetes complejos y no siempre gratos. En la ficción, Clooney es un sicario obligado a refugiarse en un pequeño y pacífico pueblo de montaña, enclavado en el corazón de los Abruzos, mientras cumple su última misión. En la realidad, la película responde también al deseo de Clooney de solidarizarse y ayudar económicamente a una región golpeada hace un año y medio por un terremoto devastador.
Como dijimos, la presencia de Clooney y de otras grandes figuras del Hollywood actual es un nuevo capítulo de una historia que se escribe desde hace por lo menos medio siglo en términos precisos. En la década del 60, la vocación italiana por reciclar y actualizar el género cinematográfico norteamericano por excelencia (el western) según los particulares contornos concebidos por Sergio Leone, provocó una serie de notables consecuencias.
Algunos protagonistas del viejo Hollywood que buscaban reverdecer glorias perdidas buscaron en Italia una segunda oportunidad, la fórmula para escapar del ocaso. La mayoría no pudo evitar ese destino casi inexorable, participando en olvidables producciones internacionales. Pero otros lograron sacar provecho de la situación y regresaron con el prestigio renovado, como Lee Van Cleef. A la vez, ese movimiento potenció a figuras secundarias que desde allí cobraron un vuelo inesperado y regresaron a Hollywood como grandes protagonistas. Clint Eastwood es el máximo ejemplo de esta tendencia.
Pasó el tiempo y el spaghetti western también pasó rápidamente al olvido, pero las coproducciones internacionales con producción italiana y figuras de Hollywood al frente del elenco se mantuvieron, esta vez orientadas hacia otros géneros: el thriller, el film de suspenso ( giallo , en la terminología peninsular), el relato de terror y el erotismo.
Poco y nada pareció ocurrir a gran escala en las últimas dos décadas; sólo sazonadas por las clásicas coproducciones ligadas a la mafia y al crimen organizado, a las andanzas de Roberto Benigni, a conspiraciones religiosas en la línea de El Código Da Vinci y al renacimiento de Cinecittà, los míticos estudios donde últimamente se rodaron algunas producciones hollywoodenses. Hasta que el 30 de septiembre último, en la portada del Corriere della Sera , el prestigioso periodista Beppe Severgnini abrió una formidable polémica con un artículo titulado "Italia, un lugar común en los (nuevos) films americanos".
Allí, el fino y agudo editorialista del Corriere... carga con dureza e ironía contra Comer, beber, amar : "No es un film. Son las Naciones Unidas de la banalidad". Dice que en la Italia reflejada por esa película "las viejitas son excéntricas, los hombres viven excitados, los transeúntes son todos vulgares y la gente no habla de otra cosa de lo que están comiendo, de lo que comieron y de lo que van a comer", antes de liberar de toda culpa a Julia Roberts, que recorre en ese film algunos de los lugares más característicos de Roma y Nápoles.
Similar lectura podría hacerse de Nine , una vida de pasión, el pastiche musical creado a partir del 8 y medio de Fellini y que Fernando López definió en estas páginas como un desfile "de brochazos de italianidad tomados de un manual del estereotipo". Películas recientes como Bajo el cielo de Toscana se encolumnan en esa dirección.
El debate en Italia fue inmediato, tras publicarse el texto de Severgnini, y quien primero y más certeramente respondió fue su compañero de redacción en el Corriere..., Massimo Nava, para quien "los extranjeros que sonríen en el cine y, de esa manera, nos ven en la realidad también atraparon la mágica atmósfera popular de las callejuelas de Roma y Nápoles, la historia de un país escrito entre las ruinas del Coliseo, el sentido de la amistad, de la familia, de un desorden genial".
Clooney no intervino en la discusión, pero en silencio pudo haber contestado la queja de Severgnini con la película que veremos aquí a partir del jueves. Dirigida por el holandés Anton Corbijn (autor de Control , la aplaudida biografía de Ian Curtis, el cantante de Joy Division, y reconocido director de videoclips), la película se detiene en la bellísima geografía de Castel del Monte, una pequeña localidad enclavada en la zona montañosa de los Abruzos y que por milagro no sufrió daños durante el sismo de 2009 en el que murieron más de 300 personas. Allí, no obstante, se instaló el primer campamento de refugiados, y quienes se quedaron sin techo recibieron, pocos días después, la sorpresiva visita de Clooney, quien se presentó como un italiano más para acompañarlos en ese momento tan ingrato.
El resultado, casi inmediato, es El ocaso de un asesino , cuyo rodaje en Castel del Monte y las cercanas Castelvecchio Calvisio y Sulmona apunta, además de ambientar allí la adaptación de un libro de Martin Booth, apunta a devolverle relevancia e interés a esos puntos de genuina atracción, ya que se encuentran en todas las guías de turismo disponibles definidos como algunas de las localidades más bellas de toda la península. Casi una manera de decir, en otras palabras, que detrás de un relato cinematográfico también se pueden apreciar las bellezas de un país sin caer en el pintoresquismo.
Por otro lado, Clooney se rodea aquí de figuras muy conocidas del cine peninsular, pero no tanto fuera de Italia. La bellísima Violante Placido es Clara, una prostituta que atrapa el corazón del sicario; el veterano Paolo Bonacelli interpreta a un sacerdote que se vuelve confidente del protagonista, y en un breve y significativo papel reaparece Filippo Timi, el gran intérprete de Benito Mussolini en Vincere , de Marco Bellocchio.
Después de El ocaso de un asesino , la próxima película rodada en Italia con grandes estrellas de Hollywood al frente del elenco es The Tourist . En este thriller, remake de un film francés de los años 90, aparecen Angelina Jolie y Johnny Depp, cuyas imágenes durante el rodaje en los canales venecianos ya recorrió el mundo. Todavía no sabemos cuándo se estrenará en la Argentina este film de Florian Henckel von Donnersmarck (el realizador alemán de la celebrada La vida de los otros ), pero seguramente su lanzamiento no tardará en plantear nuevas instancias de esta eterna discusión.
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