
Un provocativo estudio sobre la ambigüedad sexual y el glam- rock
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"Hedwig and the Angry Inch" (Estados Unidos/2001). Guión y dirección: John Cameron Mitchell. Con John Cameron Mitchell, Andrea Martin, Miriam Shor, Michael Pitt, Alberta Watson, Stephen Trask, Rob Campbell, Theodore Liscinski y Maurice Dean Wint. Fotografía: Frank G. DeMarco. Edición: Andrew Marcus. Música y letras: Stephen Trask. Diseño de producción: Thérése DePrez. Animación: Emily Hubley. Producción de Killer Films y New Line, presentada por Distribution Company en video ampliado en los cines Lorca y Malba. Duración: 95 minutos.
Nuestra opinión: muy buena.
Basada en el exitoso musical que deslumbrara en el off-Broadway durante 1998 y 1999, esta exuberante película que en todo el mundo siguió los pasos de producciones como "The Rocky Horror Picture Show" se estrena en la Argentina en mediocres copias de video ampliado que no permiten apreciar en toda su magnitud el fascinante despliegue visual y sonoro concebido por su director, guionista y protagonista casi excluyente: John Cameron Mitchell.
"Hedwig and the Angry Inch" es un provocativo estudio sobre la ambigüedad sexual, un regreso al espíritu del glam-rock de los años 70, con todo su brillo y su decadencia, en el que que resultan evidentes las influencias de The New York Dolls, Lou Reed, David Bowie, Iggy Pop y T. Rex, los homenajes a divas tan diversas como Marlene Dietrich, Farrah Fawcett, Cher, Tina Turner o Patti Smith, y las humoradas respecto de Olivia Newton-John, Whitney Houston, Phil Collins o grupos como Kansas, America y Asia.
Multipremiada en los prestigiosos festivales de Sundance, Deauville, San Francisco y Berlín, esta película bebe también de múltiples fuentes cinematográficas -el último Fellini y el primer Almodóvar- para conseguir un retrato desenfadado, entre la melancolía extrema y un humor negro bastante logrado, de Hedwig (Mitchell), un cantante transexual nacido en Berlín del Este justo cuando se construye el muro, que se realiza una operación para cambiarse el sexo con penosos resultados, que se enamora de un soldado norteamericano que la abandona al llegar a Kansas, y que luego se relaciona artística y afectivamente con Tommy Gnosis (Michael Pitt, de la serie televisiva "Dawson´s Creek"), un joven músico de rock que le termina robando las canciones y el corazón. Así, mientras éste se convierte en una estrella que llena estadios, Hedwig jura venganza y toca con su banda de músicos eslavos The Angry Inch en patéticos restaurantes temáticos ubicados a pocos metros de donde se presenta Gnosis.
Producida por la siempre arriesgada Christin Vachon (que financió la bastante similar "Velvet Goldmine"), esta película ofrece, a pesar de haber contado con apenas seis millones de dólares de presupuesto, varios números musicales, escenas oníricas y secuencias de animación de gran creatividad.
Pese a que la copia que aquí se exhibe no permite distinguir demasiado los detalles y matices de la apuesta estética, resultan muy interesante el trabajo de fotografía y vestuario, así como las músicas (desde baladas edulcoradas hasta composiciones neo-punks) y las letras que van describiendo el derrotero y las penurias más íntimas de la protagonista.
Mitchell no sólo triunfa con la transposición de su obra teatral a la pantalla sino que además se muestra como un inteligente narrador cinematográfico (ésta es su opera prima) y un talentoso intérprete que, además, cantó todos los temas en vivo para conseguir una mayor dosis de credibilidad e inmediatez que en otros musicales donde resulta evidente el playback. También se lucen a gran nivel Miriam Shor, que interpreta a un hombre que quiere ser una drag-queen y termina presentándose a uno de los tantos castings de la obra "Rent", cuyo elenco trabajará... en un crucero, y Andrea Martin, como la hilarante manager de los Angry Inch.
El film ofrece una interesante mirada política a 40 años de la creación del muro de Berlín y, si bien algunos de sus monólogos de corte filosófico pueden abrumar, resulta casi siempre entretenida e inquietante. Este sólido exponente del cine no parece, sin embargo, destinado exclusivamente a un público de gays, lesbianas o transexuales. Su sensibilidad a la hora de describir los sueños y frustraciones de Hedwig la convierten en un retrato humano de gran intensidad amplificado por un esquema de musical irreverente. Una más que grata sorpresa que no merecía un estreno en estas precarias condiciones.
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