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Un western anticonvencional

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2 de febrero de 2006  

"Secreto en la montaña" ("Brokeback Mountain", Estados Unidos/2005). Dirección: Ang Lee. Con Heath Ledger, Jake Gyllenhaal, Randy Quaid, Anne Hathaway, Michelle Williams, Linda Cardellini, Anna Faris. Guión: Diana Ossana y Larry McMurtry, basado en el cuento de Annie Proulx. Fotografía: Rodrigo Prieto. Música: Gustavo Santaolalla. Edición: Geraldine Peroni y Dylan Tichenor. Diseño de producción: Judy Becker. Producción de Focus Features hablada en inglés con subtítulos en castellano y presentada por Distribution Company. Duración: 134 minutos. Apta para mayores de 16 años.

Nuestra opinión: muy bueno

Ganadora del León de Oro en el Festival de Venecia, gran triunfadora en los Globo de Oro y principal favorita para los premios Oscar (tiene ocho nominaciones), "Secreto en la montaña" es una película que parece haber surgido en el momento justo y en el lugar indicado dentro de una comunidad hollywoodense dispuesta a reconocer -corrección política mediante- a las producciones independientes más arriesgadas, a las minorías sexuales, e incluso -como en este caso- a una historia que desafía los códigos fundacionales de un género tan clásico, y a la vez tan rudo y por momentos machista, como el western. Tuvo, en ese sentido, más suerte de la que hace tres años disfrutó otro inquietante melodrama como "Lejos del paraíso", de Todd Haynes.

Basado en un relato corto (30 páginas) de la veterana Annie Proulx publicado en 1997 en la revista New Yorker, "Secreto en la montaña" está bastante lejos de ser una obra maestra, incluso de ser una historia demasiado escandalosa, provocativa o audaz. El camaleónico director taiwanés Ang Lee (el mismo de "El banquete de bodas", "Sensatez y sentimientos", "El tigre y el dragón" y "Hulk") apuesta aquí por un tono medio muy cuidado y austero. Un melodrama contenido -por momentos algo frío y demasiado contemplativo- en el que los climas, su poder de sugestión y sus inteligentes observaciones, adquieren mayor importancia incluso que los vaivenes de una trama que se extiende un poco más de lo aconsejable. El muy logrado remate, de todas formas, permite disimular ciertas reiteraciones y desniveles narrativos.

Subyugante andamiaje visual

Este western decididamente anticonvencional narra la relación tortuosa y pasional entre dos vaqueros (Heath Ledger y Jake Gyllenhaal) durante dos décadas, desde que se conocen en 1963 compartiendo el duro trabajo de vigilar cientos de ovejas en un bello, pero inhóspito paraje aislado del mundo hasta comienzos de los años 80. Ambos llevan una doble vida (se casan y tienen hijos en medio de una sociedad bastante represora y pendiente de las apariencias), pero no dejan de mantener esporádicos, fugaces, tormentosos y apasionados encuentros secretos en los idílicos paisajes de Wyoming a los que alude el título.

Más allá de cierto regodeo innecesario con muchas tomas panorámicas de inmensos paisajes y varios atardeceres dignos de tarjetas postales, Ang Lee construye un subyugante andamiaje visual sustentado en el portentoso trabajo del ascendente fotógrafo mexicano Rodrigo Prieto ("Amores perros", Frida") y en la muy funcional banda sonora compuesta por el argentino Gustavo Santaolalla. Heath Ledger y Jake Gyllenhaal sostienen el relato con bastante convicción (el primero más que el segundo), pero no son lo mejor de un elenco en el que se destacan más algunos secundarios (como el capataz que interpreta Randy Quaid) y en el que los personajes femeninos (como las esposas que construyen Anne Hathaway y la excepcional Michelle Williams) adquieren una intensidad mucho mayor que los masculinos, aun con sus contadas participaciones.

Película que -al igual que "Las mujeres también se ponen tristes", de Gus van Sant- logra subvertir con altura los apuntados códigos clásicos sobre el heroísmo y la masculinidad que definieron desde siempre al western, "Secreto en la montaña" es, de todas formas, una apuesta sin hallazgos de características revolucionarias que vayan a cambiar el curso del cine norteamericano después del aluvión de estatuillas, aunque es cierto que, por otro lado, tampoco deja demasiado margen para objeciones o cuestionamientos importantes. Así, con apuestas por la tolerancia y por un cine cuidado, sin efectismo ni golpes bajos, se consiguen buenas películas. Pero estos atributos no aseguran por sí solos el status de gran cine propio de las verdaderas obras maestras.

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