Una clase de militancia y política

El estudiante, de Santiago Mitre, es, hasta ahora, el mejor film argentino del año
Claudio Minghetti
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2 de septiembre de 2011  

Roque llega del interior para intentar por tercera vez avanzar más allá del tercer año en la carrera de sociología en la Universidad de Buenos Aires. En medio de aulas y pasillos, descubre, finalmente, un mundo en el que los armados políticos corren en paralelo y a veces superan la posibilidad de alcanzar un conocimiento académico que debería estar en primer plano. Se discute mucho; hay mucha "saraza".

Paula, docente adjunta, le dará una mano –y algo más– en este nuevo camino, pero será Alberto Acevedo, un viejo lobo político, empeñado en armar cuadros y punteros, quien se convierta en su coach . Con él descubrirá, por fin, a la política como un complejo entretejido que tiene como meta final concentrar poder, no importa de qué manera.

La universidad se convierte en laboratorio; en una probeta donde experimentar qué ocurre cuando dos o más personas se ponen de acuerdo para llegar, no importan los medios, las verdades o las mentiras, valiéndose de guiños o muecas como en el truco, de lealtades y traiciones. Roque les siente el gustito a las tácticas y las estrategias para llegar bien arriba y descubre cómo es la cosa, la "gran cosa" al desnudo, y también hasta dónde está dispuesto a conceder y hasta ser usado para llegar y recibir su parte. El alumno, seguramente, podrá hacerle jaque al maestro. Ocurre.

Santiago Mitre (tiene 30 años) sabe cómo llegar al espectador. Lo sabía hace algunos años cuando sorprendió con El amor (primera parte) , y repitió la experiencia cuando escribió, con Pablo Trapero, los guiones de Leonera y Carancho . Ahora le tocó el turno de salir a la arena solo, pero con el respaldo de un equipo sólido delante y detrás de las cámaras, para lograr una de las más desafiantes y sorprendentes propuestas de la oferta local en largo rato, quizá desde esa joya genuinamente independiente que es Historias extraordinarias , de Mariano Llinás (responsable, junto con Mitre, de la idea original).

El estudiante podrá demostrar, en una semana en la que volvió la polémica acerca de las dificultades que el cine nacional tiene a la hora de llegar al circuito comercial, que incluso fuera de toda estructura convencional e industrial se puede hacer cine con mayúsculas, crear un espejo bien pulido capaz de inquietar y proponer diferentes alternativas de análisis, aunque sólo pueda verse –por ahora– en dos pantallas.

La ópera prima de Mitre (que se proyecta en la sala Lugones del San Martín, hasta el lunes, a las 14.30, 17, 19.30 y 22, y en el Malba, los jueves, a las 22) no sólo hace pie en un cine apartado de fórmulas y géneros precisos, sino que también alcanza tensiones que son propias de los que saben trabajar un guión en el que no hay ni un tramo de más ni uno de menos: todo parece un continuo. Y como si todo esto fuera poco, cuenta con memorables actuaciones de Esteban Lamothe, Romina Paula, Ricardo Félix y Valeria Correa.

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