
Una historia de amor con el cine
¡Me robaron el papel picado!, que llega a las salas el jueves próximo, es el nuevo film de este realizador de 85 años
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A los 85 años, y con una vitalidad juvenil y un inocultable entusiasmo, el director Aníbal Di Salvo se apresta a estrenar su film ¡Me robaron el papel picado! , que estará en las salas porteñas y del interior del país desde el próximo jueves. Su trayectoria en la pantalla argentina data de 1940, cuando apareció como extra en la película Petróleo , de Arturo S. Mom, y, desde ese momento, fue escalando posiciones hasta lograr su sueño: dirigir un film, lo que pudo concretar en 1981 con El caso Matías , que realizó para el video y que tres años después fue trasladado a 35 milímetros con un notable éxito de público y de crítica.
-¿Cómo surgió el proyecto de realizar ¡Me robaron el papel picado! ?
-Yo tenía el sueño de hacer una película que fuera, a la vez, un homenaje a la cinematografía nacional y aunase los recuerdos de mi juventud, entre los que figuraban la visita del Grand Zeppelín a Buenos Aires y la muerte de Carlos Gardel, entre otros hechos significativos de la historia argentina. Quería, también, rememorar mi niñez en mi Bella Vista natal, mis actuaciones como cantante de tango en bares, salones y teatros y reflejar escenas de las producciones más importantes de un período en el que la cinematografía nacional transitaba su época de gloria.
-¿Puede decir que su película se inscribe entre la ficción y la realidad?
-Yo diría que es un testimonio de mi vida. Como te dije, nací en Bella Vista y por aquellos años se estaban construyendo los estudios San Miguel, los más importantes de la época. El cine me atrajo desde siempre como un imán y en las salas de mi pueblo no me perdía ninguna función. Un día me presenté a esos estudios y me ofrecí para trabajar en ellos. Recuerdo que don Miguel Machinandiarena y Lina, su esposa, propietarios de los estudios, me miraron sorprendidos por mi audacia y consintieron en darme una oportunidad. Comencé como «che, pibe» en ese lugar inmenso en el que casi siempre se rodaban dos o tres películas simultáneamente. Yo me encargaba de servir el café a los actores y a los técnicos, llevaba de un set a otro toda la utilería, barría y limpiaba y, mientras tanto, me fui empapando de los secretos de hacer una película.
Di Salvo hace un alto en sus recuerdos. Su prodigiosa memoria se ancla en el momento en que pudo lograr ser extra para luego convertirse en utilero, asistente de cámara, fotógrafo de filmación, foquista y operador de cámara, hasta llegar a ser director de fotografía. "Aquellos eran tiempos de enorme trabajo -rememora-, y yo tuve la suerte de estar junto con los mejores directores de la época. Hacíamos un cine popular aceptado sin reservas por el público y comenzaron a nacer las figuras más importantes de nuestra pantalla."
-¿Cuándo le llegó la hora de transformarse en director?
-Luego de una tarea tan larga como la vivida en todos los rubros de una producción, me dije que ya estaba en condiciones de ser director y así nació, en 1960, Trayectoria , un cortometraje que tuvo muy buena repercusión. Casi de inmediato, rodé en video Matías y los otros , que fue trasladada a 35 milímetros. Ya estaba en carrera como director, pues luego rodé Atrapadas , que se constituyó en un verdadero suceso de espectadores, a la que siguieron Seguridad personal , Las lobas , Enfermero de día, camarero de noche , El Che y Chúmbale .
-¿Todos estos aspectos de su trayectoria están reflejados en ¡Me robaron el papel picado! ?
-La mayor parte de ellos están en esa película, pero lo que más me importaba era mostrar una época en la que el cine argentino se había convertido en el mayor entretenimiento del público y recordar a sus principales figuras, sin olvidar mis sueños de cineasta, que felizmente se convirtieron en realidad. Para ¡Me robaron el papel picado! convoqué a Guillermo Fernández, un cantor de primera línea que me representa en la película; a Mimí Ardú; a Miguel Habud, y a una serie de intérpretes que me ayudaron a reconstruir una etapa de mi ya extensa vida.
-¿Cuál es su opinión acerca de la actual cinematografía nacional?
-Creo que está naciendo una camada de nuevos e interesantes realizadores, aunque muchos de ellos filman una temática que está muy alejada del público. ¿De qué vale hacer una película para que la vean el director, su familia y sus amigos, ya que los espectadores huyen espantados de la sala. Hay que recordar que una buena película es la que logra convocar en las salas a mucho público, ya que de otra manera la cinematografía argentina perderá a quienes se interesan por verla surgir. Temas populares son la fórmula para reconquistar al público, ya que de otra manera la pantalla nacional entrará en terapia intensiva.
-Finalmente, ¿tiene algún proyecto en mente?
-Siempre tengo proyectos. Yo voy a dejar el cine cuando me muera, y todavía no tengo ganas de morir.



