
Una historia que vuelve para que no se repita
Se trata de 4 de julio, la masacre de San Patricio
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En la Argentina, poco antes de la última dictadura militar, cuando la Triple A, impulsada por el entonces ministro de Bienestar Social José López Rega, comenzó a operar en oposición al "enemigo subversivo", miembros de la Iglesia Católica comenzaron a ser víctimas del horror, algo que continuó a lo largo de su accionar fuera de las leyes con la colaboración de grupos de tareas de las mismas fuerzas armadas, que finalmente tomaron por la fuerza el poder. Los más recordados crímenes fueron los del jesuita Carlos Mugica, asesinado en Villa Luro el 11 de mayo de 1974 y el del obispo de La Rioja, Eugenio Angelelli, ultimado el 14 de agosto de 1976. Pero no son los únicos: entre ambos crímenes, en la madrugada del 4 de julio de 1976, en la iglesia de San Patricio del barrio de Belgrano, tres sacerdotes y dos seminaristas palotinos fueron fusilados. Como ya había ocurrido con Mugica, los crímenes fueron atribuidos a grupos guerrilleros. Pero la realidad era otra.
4 de julio, la masacre de San Patricio , el documental de Juan Pablo Young y Pablo Zubizarreta, que El Acorazado 2007 estrenará este jueves en los cines porteños, intenta encontrar la verdad de lo ocurrido a través de diversos informes y testimonios de, por ejemplo, Horacio Verbitsky, Robert Cox y Roberto Killmeate, entre otros. La película logró el premio de la Asociación Católica Mundial para la Comunicación (Signis) en San Sebastián (2006) para la posproducción de la obra.
Cuando ocurrieron los hechos, Zubizarreta y Young eran niños y vecinos de aquella iglesia, pero no se conocían. Los dos, que son católicos, tienen muchas cosas en común, entre ellas, el recuerdo de la figura de aquellos sacerdotes y las expresiones de los vecinos a consecuencia de las ejecuciones.
"Nos conocimos veintipico de años después en la Enerc, la escuela del Instituto de Cine -recuerda Zubizarreta- y ahí nos fuimos enterando de que los dos vivimos aquella historia muy de cerca, en mi caso lo posterior, es decir, el silencio, el ocultamiento, esa frase que insistía en aquello de «algo habrán hecho». Uno de los seminaristas asesinados -Salvador Barbeito- estuvo cenando en mi casa unas pocas horas antes de que lo asesinaran."
Panorama complejo
"Mi papá -explica Zubizarreta- participó mucho en los actos de reconocimiento para que saliera la verdad a la luz y se hiciera justicia, actos pequeños en la calle, porque en la iglesia preferían que no los hiciéramos. Mi motor personal fue la indignación que me generó la reacción de la sociedad y, en particular, la del barrio de Belgrano. No se trata de una acusación fácil hacia la Iglesia Católica argentina respecto de su complicidad durante la dictadura, sino de tratar la complejidad de los hechos sin necesidad de bajar línea. Los hechos hablan por sí solos. Nos interesaba el debate que se generó en la iglesia de la década del 70, los movimientos de renovación que eran muy fuertes y cómo este crimen fue intimidante para esos mismos grupos, que estaban generando cambios en la propia Iglesia", concluye.
"Queríamos mostrar la magnitud de la represión dentro de la Iglesia: hubo más de un centenar de laicos comprometidos que desaparecieron", interviene Young. "Se trató de confundir acerca de los victimarios y en el caso de los palotinos es de una perversidad muy grande: no sólo hubo un comunicado del Ejército firmado por Suárez Mason que dijo que había sido un atentado subversivo, sino que él mismo, y representantes de las tres fuerzas fueron a las exequias para dar sus condolencias, cuando todos sabían que se trató de un grupo de tareas", asegura. "Lo que nos interesaba mostrar era que quienes cometieron el crimen estaban convencidos de que lo que estaban haciendo era defender la fe, y que era precisamente la fe la que los impulsaba a cometer esos crímenes. No hay discurso de Videla que no haya apelado al Evangelio", dice.
"Los que dicen que hay que mirar hacia delante y no seguir revolviendo en el pasado para que no haya revancha ni odio, lo que en verdad están diciendo es que los que murieron están «bien muertos», esconden una ideología detrás de esas palabras", interviene Zubizarreta. "¿Cómo se puede perdonar sin verdad, justicia, ni arrepentimiento? Pensamos que la película es, de alguna manera, un pequeño acto de justicia: la que podemos hacer nosotros, con los que luchaban por un cambio, con los muertos y los perseguidos."




