Una incómoda visita a un género poco explorado
Malograda incursión local en el género de terror
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Visitante de invierno (Argentina-España/2007). Dirección y guión: Sergio Esquenazi. Fotografía: Matías Lago. Montaje: Marisol Molas, Guillermo Gatti. Música: Jaume Soles, Jaume Badrenas. Con Santiago Pedrero, Sandra Ballesteros, Diego Alonso, Ana Cuerdo, Catalina Artusi, Ariel Saltari, Roly Serrano, Pepe Novoa. Presentada por Primer Plano. Hablada en castellano. Duración: 95 minutos. Calificación: para mayores de 16 años.
Nuestra opinión: regular
Un caso como el de Visitante de invierno no se da con frecuencia. Recuerda el del cocinero que leyó todo acerca de platos exquisitos referidos a un determinado tipo de cocina que ha dado ejemplos memorables y dispone de los mejores ingredientes, pero (siempre aparece un pero) le falta algo fundamental para que el resultado sea maravilloso: una buena receta. En el caso del cine, la receta es el guión. Lo que le falta al debut de Sergio Esquenazi como realizador de largos es un buen guión.
El cine argentino no tiene demasiada experiencia en el género, no obstante, algunos memoriosos saben que aquí se conocieron, incluso en la televisión, algunos muy buenos ejemplos. Quizás influidos por historias que pasaron de generación en generación y por su naturaleza cargada de misterio, España ha dado unos cuantos ejemplos del género, casi siempre de clase B, con figuras como Jesús Franco y el múltiple Chicho Ibáñez Serrador. Seguramente estos recuerdos influyeron a la hora de imaginar esta coproducción que mezcla artistas de un país y del otro, todos -los que aparecen delante de cámara y los que manejan el tejido técnico- de indudable calidad, que sufren las idas y venidas de una historia que en ningún momento se muestra lo suficientemente sólida como para sobresaltar al espectador, no necesariamente conocedor del tema en cuestión.
Ariel (Santiago Pedrero, con su pelito onda flogger), que además de ser asmático sufre un trastorno psicológico por el que recibe medicación, no da pie con bola. Su terapeuta le recomienda a su familia trasladarlo a un lugar tranquilo, lejos de la ciudad, y así, con su madre depresiva (Sandra Ballesteros) y su hermana "en otra" (Catalina Artusi), se instala en una casa de la costa. Con su telescopio descubrirá que muy cerca de allí, en otra casa aparentemente abandonada, hay niños que aparecen y desaparecen. Esas imágenes echan combustible a sus pesadillas.
Desilusión
Es un buen punto de partida. Sin embargo, lo que sigue no ayuda a construir una trama rigurosa ni nada que se le parezca. Todo lo contrario.
Un muy buen trabajo de cámara, acompañado por una eficaz fotografía, algunos pasajes inquietantes (los registrados en los pasillos de un hospital, por ejemplo), la música (en especial los fragmentos de una efectiva partitura de Erik Satie), los bien dosificados efectos especiales e incluso algunas actuaciones tienen lo suyo. Incluso se nota en el pulso de Esquenazi talento para seguir puliendo. Pero el guión, ese guión que no puede superar las primeras páginas, lo echa todo a perder desde el momento en que el protagonista busca en la Web las palabras zapato y asesinato para dar con la clave de eso que lo afecta al respirar y al mirar por la ventana de su casa. Obviamente, después sobrevendrán otros lugares comunes, como un video revelador con alguna ridiculez, una reencarnación, algún rostro monstruoso y hasta una hoja dentada, muy filosa, lista para decapitar sin ser vista.
Una verdadera lástima, porque se trata de un género que en la Argentina, frente a tanto más de lo mismo, sería bueno que empezara a dar mejores frutos.




