Una mujer independiente
Maggie Gyllenhaal protagoniza Histeria, y como su personaje en esta comedia feminista, hace gala de su compromiso político
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No llama la atención que a Maggie Gyllenhaal se le ofrezca tan a menudo ponerse en la piel de mujeres independientes, de fuerte personalidad y seguras de sí mismas: ella también lo es. Demócrata declarada y activa militante, comprometida con la defensa de los derechos humanos, las libertades civiles y la lucha contra la desigualdad, fue una de las estrellas que más alto hizo oír su voz contra la invasión de Irak, una cuestión de "petróleo e imperialismo", como la definió en pleno acto de entrega de los Spirit Awards.
Y tiene a quién salir: una abuela pediatra y una tía abuela abogada y jueza "que seguramente tuvieron la fortaleza necesaria para abrirse camino en esas profesiones y soportar la presión que en su época habrán recibido por ser mujeres e hijas de inmigrantes". Maggie, que nació en 1977 en Nueva York, desciende por un lado de suecos e ingleses y por otro, de judíos rusos.
De sus padres (él, Stephen, director; ella, Naomi Foner, guionista), heredó la vocación artística, lo mismo que su hermano menor, el bien conocido Jake.
Y una avidez cultural que la llevó a estudiar en Columbia literatura y religiones orientales.
Por personalidad y por imagen, era casi inevitable que pensaran en ella para el principal personaje femenino de Histeria, la historia del deseo, el film de Tanya Wexler sobre la invención del vibrador que Distribution Company estrenará el jueves. "Es pura dinamita", lo define ella. Charlotte Dalrymple, que así se llama, es una inglesa independiente y liberal, sufragista convencida, infatigable luchadora por los derechos de la mujer y ardiente defensora de los pobres, a quienes consagra todo su tiempo y sus esfuerzos. Por supuesto, tiene frecuentes choques con su aristocrático padre (Jonathan Pryce), un médico prestigioso que en plena era victoriana cura los males femeninos entonces genéricamente denominados histeria, una variedad que incluye desde melancolía, frigidez, ninfomanía e insomnio hasta espasmos musculares, irritabilidad y pérdida del apetito sexual. La presunta causa es un desorden del útero, y el tratamiento aconsejado –que el doctor aplica personalmente a sus adineradas pacientes–, el masaje pélvico que conduce al paroxismo, el eufemismo que prefería la sociedad victoriana para referirse al orgasmo.
Las cosas empiezan a cambiar cuando entra en escena el único personaje real de la película, el doctor Joseph Mortimer Granville, a quien la historia reconoce como el inventor del vibrador eléctrico, uno de los primeros electrodomésticos que se comercializaron. Y no sólo porque el joven profesional, encarnado por Hugh Dancy, se incorpora al muy exitoso consultorio, sino porque se enamora a primera vista de la hija menor del doctor Dalrymple, la dulce Emily (Felicity Jones), empieza a noviar con ella y, casi al mismo tiempo, a chocar con las ideas poco convencionales de su (presunta) futura cuñada.
A Gyllenhaal, que se hizo famosa como protagonista de La secretaria, aquella celebrada comedia negra sobre la relación sadomasoquista en que se embarcan un abogado y su joven y sensual asistente, le ha llamado la atención descubrir risitas nerviosas en las entrevistas colectivas que mantuvo durante la promoción de la película.
"Es curioso: el tema parece perturbar todavía hoy –ha dicho–, pero lo que más me asombró es que tampoco yo me sentía muy cómoda hablando del asunto. No diría que soy mojigata; me interesa el sexo, soy muy curiosa al respecto y me considero bastante abierta, pero debo confesar que me sorprendió mi propia respuesta ante la respuesta de los demás cada vez que abordamos el tema. Todavía parece tener algo de tabú."
Contrastes
En Histeria, como otras veces, le toca representar un personaje transgresor, pero como el film no se propone contar una historia realista no se interesó mucho por estudiar la época –el siglo XIX al que ya está habituada después de haberlo frecuentado en el teatro y junto a su marido, el actor Peter Sarsgaard–, sino indagar en las motivaciones de Charlotte, en su rebeldía, que es un personaje de fantasía, concebido como para una joven Katharine Hepburn: al fin, no se trata de un film sobre sufragistas ni pretende que se lo tome demasiado en serio en lo que tiene que ver con la liberación femenina.
"He hecho personajes más lanzados que éste, sobre todo en los comienzos de mi carrera; lo que me convenció aquí fue el humor y la delicadeza del guión –ha confesado la actriz de 40 días y 40 noches, La sonrisa de Mona Lisa, Batman, el caballero de la noche y Loco corazón. "Sobre todo –añadió– me divertía la yuxtaposición del «de eso no se habla» de la sociedad victoriana y las ruidosas manifestaciones de señoras llevadas al orgasmo en los consultorios de sus muy formales doctores. El film, en realidad, no es tanto acerca de si las mujeres tienen o no vibradores sino acerca de si tienen o no orgasmos. Y también acerca de si se puede hablar del tema o no."
Y suele recordar que de toda esa experiencia de la promoción internacional del film le quedó en la memoria un diálogo que señala como favorito:
"Una periodista me preguntó cuál invento consideraba yo que había hecho más por los derechos de la mujer, ¿el vibrador o el lavaplatos? Y yo le respondí: «Creo que votaría por el lavaplatos»."






