
Una película con lenguaje universal
El film fue visto por un público básicamente local y joven Para el director, más allá de localismos, es entendido como una sátira a la globalización
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A pesar del intenso frío y lo inusual del horario para Alemania (anunciado a las 23, pero proyectado con media hora de retraso), un público básicamente local y joven colmó la sala en la premiere de "Mercano, el marciano" y se interesó por el trabajo del director durante el debate que se ofreció tras la proyección de la sección Forum.
El largometraje animado (dirigido por Juan Antín y Ayar Blasco) llega a Berlín tras haber hecho un interesante camino en otros festivales europeos. En el de cine fantástico de Sitges, Barcelona, obtuvo el premio del público; participó en el de San Sebastián, como primera película de animación, y en el encuentro de cine animado de "Annecy", en Francia, compitió con cinco largos y obtuvo la mención del jurado.
"A Peter Schumann (responsable de seleccionar los films argentinos para Forum) le gustó "Mercano..." y se la llevó, aunque no estaba seguro de si a los colegas del comité les iba a gustar, porque siempre hay prejuicios con la animación", explicó Antín a LA NACION en un diálogo posterior al estreno berlinés.
Entre los temas del debate se plantearon la cuestión de las películas políticas como género no rentable y el hecho de que la crítica de Mercano fuera entendida más como una sátira a la globalización que como una mirada sobre la crisis nacional, no obstante el carácter local del film en materia de humor y alusiones a la realidad argentina. "Quisimos burlarnos de los efectos de la globalidad y por eso terminamos de una manera ridícula, a lo Disney, con un final feliz, aunque sólo para Mercano."
Sobre si la solución que ofrece el film es destruir todo y comenzar de nuevo, Antín respondió a la pregunta del público señalando que, tal como acota uno de sus personajes, "por ahora, para muchos, la salida argentina parece ser Barcelona o Madrid. Los que en cambio optamos por quedarnos, ya que no tenemos dinero, al menos hacemos lo que nos gusta, y a diferencia de Europa y Estados Unidos, donde hay tanta industria, allá tenemos la libertad de hacer cosas como ésta."
-En relación con los otros públicos en que se exhibió, Alemania es el país más distante por una cuestión idiomática y cultural, ¿cómo fue la reacción alemana?
-Esperaba algo más lejano. Ya leer subtítulos es algo que te aleja. Esperaba que la película gustara, pero no de manera tan cercana; creí que la recibirían desde el punto de vista formal o intelectual. Me sorprendió ver cómo, más allá de los diálogos, seguían el humor y se reían. Sólo en un par de lugares no se rieron porque, o bien no estaba completa la traducción o porque, por ejemplo, un alemán no entiende cosas demasiado locales como cuando dicen "vámonos a Barcelona". Otras cosas las captaron incluso mejor que en Francia.
-En el debate, ¿hubo algo que te llamara la atención?
-El haberme entendido tan bien con la gente. La globalización tiene ese efecto: todo lo que se entiende como un problema local de la Argentina, en realidad, se repite en otros países y eso nos iguala. Ya lo noté en otras proyecciones. La visión crítica e irónica sobre la realidad es lo que hace reír. Este público joven, igual que nosotros, critica y quiere cambiar las cosas.
-¿Qué posibilidades le ves al film en Europa?
-Espero que se venda, porque ya es seguro que tiene un público en Europa. Lo que me da miedo es que es difícil de vender porque rompe el molde, está fuera de lo normal. No es un film para niños, sino más bien para adolescentes y jóvenes. Los distribuidores, en general, prefieren las fórmulas conocidas.
-¿Qué viene después de la experiencia del marciano?
-Hace poco terminé un video clip de animación que dirigí junto a Diego Kaplan, para Cerati, con muñecos de animación. Tengo proyectos diversos. En animación estoy preparando un piloto para una serie con muñecos de plastilina, como un reality show animado. Es un proyecto novedoso porque es lo contrario del concepto de la animación, algo diagramado y pensado previamente. En ese sentido, estoy muy en favor de la improvisación y de mayor espontaneidad. Se trata de personajes, bichos o seres fallidos de un estudio genético que se relacionan entre ellos. También estoy escribiendo guiones para trabajar con actores y técnicas digitales. Un tema que me interesa mucho es la experimentación en la imagen digital y el pasaje de formatos.
-¿Te interesaría contar con un marco más seguro, previsible y planificado, como el alemán, por ejemplo?
-No, para nada. Estoy contento de trabajar allá, con la gente con la que estoy, con el entusiasmo y con la manera en que en la Argentina se encaran los proyectos. La gente pone todo. En cambio, por lo que veo en otros países, si bien el medio es mucho más profesional y tienen más dinero, les falta el compromiso personal. En la Argentina faltan muchas cosas, dinero sobre todo, pero hay un empuje increíble. Y las limitaciones muchas veces se pueden usar a favor si uno las sabe pilotear. Es lo que permite que con cinco personas y un presupuesto mínimo puedas hacer algo que aquí sólo lo hacés si tenés un equipo de cuarenta o cincuenta personas y muchos millones de euros.
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