
Una tercera edición con balance positivo
Primó la calidad en la oferta de films
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"Me pasé los últimos cuatro días pensando en todo lo que podemos agregar y mejorar para la próxima edición", confesó a La Nación el crítico Eduardo Antín (Quintín), que debutó en la dirección del Buenos Aires Festival Internacional de Cine Independiente (Bafici) en esta tercera edición, tras el injusto y poco elegante desplazamiento que había sufrido su antecesor en el cargo durante los dos primeros años, Andrés Di Tella. La aspiración de continuidad y superación que denota la frase de Quintín tiene que ver con su gran apuesta al crecimiento de la oferta y a la consolidación del prestigio ganado por la muestra porteña en el contexto internacional.
Programación equilibrada
En ambos sentidos, el balance de esta edición es sumamente positivo. La cantidad y calidad de la programación superó las muy buenas ofertas de las ediciones previas, y la presencia masiva de artistas, productores, programadores de importantes festivales y críticos extranjeros de medios como Variety, Village Voice, Chicago Reader, Positif o Trafic, le dio brillo y sentido al encuentro. Además, como la gran mayoría de ellos tuvo comentarios elogiosos respecto del Bafici, el futuro aparece todavía más venturoso que el sólido presente que ya disfruta.
Este año, con un presupuesto que se duplicó hasta alcanzar los igualmente modestos 900.000 pesos, se pasó de 130 a 210 largometrajes y llegaron prestigiosos realizadores como el estadounidense Jim Jarmusch, el alemán Volker Schlöndorff, el francés Olivier Assayas (acompañado por su esposa, la actriz honkonesa Maggie Cheung), el húngaro Béla Tarr, los españoles Fernando Trueba y José Luis Guerin y una enorme cantidad de talentosos directores jóvenes.
Si bien se evidenciaron errores varios en la producción, un sistema de venta de entradas que no termina de conformar, constantes cambios en las actividades paralelas que además no fueron bien publicitadas, funciones suspendidas y algunas copias quemadas, todo el festival transcurrió en medio de un clima de entusiasmo y cordialidad que permitió ir subsanando los problemas gracias a la buena voluntad y a la eficacia de la mayoría de los organizadores.
El público, que volvió a llenar la mayoría de las funciones, tuvo una participación activa, no sólo frente a las películas sino interiorizándose de los debates, charlas y seminarios, o simplemente discutiendo apasionadamente en los bares y pasillos sobre cualquier película llegada desde lugares tan remotos como Islandia, Túnez o Japón. En este sentido, también fue importante la función del muy bien catálogo y de Sin aliento, la publicación diaria con noticias, críticas y entrevistas.
Entre algunas pequeñas decepciones (la interesante selección de once títulos coreanos no estuvo a la altura de su quizás algo sobrevalorado status vanguardista) y unas cuantas confirmaciones, como el notable presente de la producción francesa, el balance estrictamente cinematográfico también dejó un gran margen para el entusiasmo. A continuación algunos hechos destacados:
Béla Tarr. La monumental "Sátántangó" y en menor medida "Werckmeister harmonies" permitieron descubrir a un director único y cautivante como este "húngaro maldito".
Joyas francesas. Desde los homenajes a François Truffaut y Chris Marker hasta la selección de cortos experimentales de jóvenes directores, pasando por el talento de François Ozon, Olivier Assayas o Claire Denis y el notable presente de veteranos como Agnés Varda ("Les glaneur et la glaneuse") o Alain Cavalier ("Vies"), el cine galo ofreció muy buen nivel con nada menos que 50 títulos entre cortos y largometrajes.
Michael Haneke. Aunque incompleta, la retrospectiva de este director alemán radicado en Austria conmovió por la potencia e inteligencia de su cine provocativo y por momentos revulsivo en su exploración de la violencia irracional de estos tiempos.
Cine asiático . Con propuestas tan diversas como las de Nagisa Oshima, Takashi Miike, Naomi Kawase o Shinji Aoyama, el cine japonés resultó en cierto sentido más interesante que el coreano, aunque de este origen se vieron interesantes films como "Chungyang", "La isla" y "Peppermint candy", entre otros. Hong Kong no se quedó atrás ya que estuvo bien representado por Johnny To y el gran Wong Kar-wai.
Grandes autores. "Los motivos de Berta", bella y austera opera prima que el español José Luis Guerin filmó cuando tenía apenas 22 años, "As I was moving ahead occasionally I saw brief glimpses of beauty", íntimo documental del veterano Jonas Mekas, y "Hogar, dulce hogar", divertido y desenfadado relato coral del georgiano Otar Ioselliani, fueron algunas de las sorpresas de la muestra. Pero un simple repaso por los apellidos ilustres que tuvo la programación marcan la calidad de la muestra: Ang Lee, Silvio Caiozzi, Arturo Ripstein, Emir Kusturica, los hermanos Coen, Werner Herzog, Jafar Panahi, Raoul Ruiz, Alexander Sojurov, Fernando Trueba, John Waters, Wong Kar-wai y Edward Yang, entre otros, "convivieron" en este festival.
Radicalidad. Desde cine queer (sobre gays, lesbianas, travestis y transexuales) hasta propuestas de extrema violencia y sexo explícito, el Bafici no le escapó al escándalo y la polémica. Hubo decepciones (como la japonesa "I.K.U."), algunas propuestas interesantes (como la francesa "Baise moi") y ciclos sobre Bruce LaBruce y Jack Smith.
Cine argentino. Aunque quizá se esperaba algo más de los representantes independientes, películas como "La libertad", "Sólo por hoy", "El descanso", "Sábado" y "Taxi, un encuentro" ratificaron la calidad y diversidad de esta producción. Uno de los hechos más destacados fue el muy buen nivel de los nuevos documentales ("Bonanza", "Evita capitana", "Rerum Novarum"), mientras que también hubo espacio para la nostalgia en el homenaje al Grupo de los 5 y las proyecciones del clásico mudo "Nobleza Gaucha" (al aire libre) y de "La hora de los hornos".
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